AUTOPÍAS, CONCEPTOS, MINDFULNESS

¿Dónde pones tu atención?

Vivimos en un mundo en el que se nos exige prestar atención constantemente. Debemos estar concentrados en cada una de las tareas que hacemos, especialmente en el ámbito laboral. Tenemos que estar atentos –también– a las responsabilidades que asumimos en la esfera familiar, social o relacional. Y los avances que la tecnología ha ido introduciendo en nuestro día a día, invitándonos a estar permanentemente conectados, obligan a redoblar nuestros esfuerzos de atención. Intentamos focalizar nuestra atención a partir de estímulos diversos y simultáneos. Pero… ¿crees que realmente prestas atención a lo que haces? Si crees que sí es que aún no conoces la filosofía de atención plena o atención consciente que promueve el mindfulness.

Se define la atención como un proceso cognitivo que favorece la concentración en una cuestión determinada sin tener en cuenta el resto. Se trata, pues, de una actividad mental. Sin embargo, en mi trayectoria vital he descubierto que no es posible disociar la cabeza del resto del cuerpo. Solo una auténtica conciencia corporal, resultado de una mirada sobre uno mismo, favorece la atención plena sobre lo que sucede a nuestro alrededor. Mediante el contacto con lo que cada uno es podemos llegar  a la aceptación. Y la aceptación ensancha y colorea nuestro mundo con una explosión de matices que alimenta nuestra atención y que nos facilita distinguir lo importante de lo superfluo.

Te invito, por tanto, a volver la mirada sobre ti mismo. ¿Cómo hacerlo? La mejor forma de contacto interno, según mi experiencia, pasa por la respiración. Observa el ritmo de inspiración y espiración. ¿Notas tu respiración agitada? ¿Usas todo el potencial de tus pulmones? Intenta hacer respiraciones más pausadas, prolongadas y profundas. Siente como el aire hincha tu abdomen, se expande por la caja torácica y alcanza tu clavícula. Aprovecha este contacto con tu respiración para escanear tu cuerpo y descargar aquellas zonas que puedan estar tensionadas (cuello, hombros, espalda…). Después de este ejercicio, mira a tu alrededor. ¿Se han producido cambios, aunque sean sutiles, en tu entorno? ¿Cómo funciona ahora tu atención?

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