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El dilema del caballero

Recuerdo el interés con el que, en visitas a museos o castillos, me acercaba a las figuras que exhibían armaduras de combate. Quizá me atraía el brillo que emanaba, por efecto de la luz, del metal con el que estaban confeccionadas. Tal vez me llamaba la oscuridad que presentía en su interior al tratar de asomarme por los orificios del yelmo. O quizá me sorprendía el precario equilibrio que parecía sostener, en el vacío, cada una de sus piezas. Pensaba, al ver aquellas figuras, en la fuerza que sería necesaria para manejarse, en movimiento, vestido con esta protección. En el porte rígido que confería a quienes la llevaban. Y en el esfuerzo que conllevaría mantenerla limpia, cuidada y reluciente tras sobrevivir a la batalla.

Me costó mucho darme cuenta de que yo también llevaba armadura, entendiendo este concepto en sentido figurado. Fueron unos amigos quienes me pusieron frente a este símil al regalarme el libro “El caballero de la armadura oxidada”, de Robert Fisher, considerado un clásico del desarrollo personal. Mi primera reacción fue negarme a sentirme identificado con el personaje. Pero luego aparecieron otras señales que me hicieron comprender que, efectivamente, había algo de mí en la historia allí relatada. Había tejido una armadura a base de miedo, prejuicios, distancia, recelos y cinismo que disimulaba, escondía e incluso falseaba mi realidad interior y que dificultaba mi interacción con el entorno.

Del mismo modo que yo sentía atracción por las figuras con armadura que veía en los museos, hubo personas que se empeñaron en conocer qué había debajo de mi armadura figurada. Persuadido, bajé mis defensas y, con la seguridad que da el contacto con la autenticidad de uno mismo, me fui desprendiendo de cada uno de sus elementos. Cayó el yelmo, y se me abrió la mirada. Después, me quité el peto, y descubrí que no había razón alguna para temer posibles heridas. A continuación me desprendí de hombreras, codales y rodilleras ganando una mayor flexibilidad. Y así construí –tal vez recuperé– otra forma de estar en el mundo. Pleno, libre, fluido, conectado. ¿Crees estar escondido, agazapado, recluido u oculto en algún aspecto de tu vida? Quizá también tengas que plantearte, como hice yo, si llevas armadura.

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