AUTOPÍAS, CONCEPTOS, MINDFULNESS

Confiar y esperar

La sociedad en la que vivimos nos demanda resultados inmediatos. Todo es urgente. Nada puede esperar. En el trabajo, se nos exige celeridad en la realización de las tareas que nos corresponde ejecutar. En nuestras relaciones sociales, gracias a la implantación de nuevas tecnologías que nos permiten estar permanentemente conectados y localizables, se espera que respondamos de forma inmediata. Así nosotros, contagiados por esa exigencia, acabamos impacientándonos cuando no obtenemos una respuesta o cuando no se cumplen nuestros mandatos o nuestras solicitudes en el tiempo que esperábamos. Incluso nos volvemos impacientes cuando nuestras decisiones y aspiraciones vitales (un cambio de trabajo, una reorientación de la carrera profesional o una relación) no dan frutos inmediatos.

Vivir conlleva hacer apuestas en todos los niveles de nuestra existencia, pero los resultados no son siempre visibles en un corto plazo. Debemos ser pacientes y esperar, aunque –urgidos por el deseo, la autoexigencia o la presión social– no resulte fácil hacerlo. En estos tiempos de espera me gusta recordar un cuento zen sobre el cultivo y el crecimiento del bambú japonés. El cuento dice que, una vez plantada la semilla, la planta tarda siete años en brotar del suelo. Esos siete años son el tiempo que la planta necesita para generar el complejo sistema de raíces que soportará –una vez transcurrido ese período– semanas de rápido crecimiento y consolidación. ¡Todo un desafío para impacientes!

¿Cómo aguardar los resultados de las grandes decisiones o apuestas de nuestra vida? Por un lado, con la confianza que dan el esfuerzo, la dedicación y la entrega con los que afrontamos nuestras metas (sobre todo aquellas que surgen de la reflexión sobre uno mismo) y, por otro lado, con la espera paciente, pero no inactiva, de los ansiados frutos (debemos estar vigilantes para garantizar que el terreno donde hemos plantado nuestra semilla mantiene las condiciones adecuadas para que pueda germinar). Como se indica en la novela “El Conde de Montecristo”, de Alexandre Dumas, toda la sabiduría humana se encierra en estas dos palabras: confiar y esperar. Si la apuesta es firme, crecerás.

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