AUTOPÍAS, RECOPILACIONES

Control de equipaje

¿Has hecho la maleta? ¿Qué has metido? A veces no es tarea fácil decidir qué nos llevamos y qué dejamos en casa. Por un lado, hay que tener en cuenta las necesidades que tendremos en nuestro lugar de destino según el clima y las actividades que tengamos previsto realizar. Por otro lado, debemos ajustarnos a un número concreto de bultos en función de la capacidad del maletero del coche o de las restricciones de las compañías aéreas. En nuestra vida diaria, sin embargo, no somos tan selectivos y cargamos nuestra mochila vital con cosas que no son nuestras o no necesitamos. ¿Qué hacer con las cargas que soportamos en el día a día? Quizá en estos días de agosto te apetezca releer la entrada Soltando lastre, publicada en febrero, en la que propongo una reflexión al respecto.

¿Con quién te vas de vacaciones? Podemos viajar acompañados de familiares y amigos o hacerlo en solitario, pero en cualquier momento puede aparecer nuestro crítico interior. Para evitarlo, conviene dejar en casa el perfeccionismo y la autoexigencia. Las vacaciones son un momento perfecto para improvisar, experimentar, aflojar el control, dejarse fluir… ¿Qué pasa si, aunque sea por un momento, nos olvidamos de la mirada de los demás y somos más permisivos con nosotros mismos? En la entrada Diálogo interior: críticos contra aliados, también publicada en febrero, incluyo un ejemplo de cómo vencer al crítico, usándolo como aliado, en una situación concreta.

Y si viajas acompañado, ¿cómo va a ser la convivencia? Es posible que, durante las vacaciones, se den nuevas formas de relación distintas a las del resto del año. Quizá pasemos más tiempo junto a personas con las que apenas coincidimos en otros períodos. Este hecho puede crear una sensación de excepcionalidad en la que relajar nuestros límites en el trato con los otros. En la entrada Revisando límites, publicada en abril, planteaba una diferenciación entre límites de bienestar y límites de tolerancia. La convivencia puntual con otras personas obliga a ensanchar nuestro límite de tolerancia. Eso sí, no olvides que estamos en vacaciones: ¡cuidado con perder el límite de bienestar!

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