AUTOPÍAS, REFLEXIONES

El autor en su laberinto

Me vais a perdonar, improbables lectores (como dice Manuel Rodríguez Rivero en algunas de sus columnas), pero esta semana no estoy inspirado. O, al menos, eso creo. El diccionario define la inspiración como el estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia. Como la vida está llena de estímulos, advierto que mi problema no es exactamente la falta de inspiración, sino la incapacidad –ahora mismo– para verlos y seleccionar uno o varios de ellos con los que trabajar en este espacio semanal llamado Autopías. Podría decir que estoy en blanco, pero tampoco sería cierto: el blanco, como el negro, es un color muy nítido y yo, en el momento de escribir estas líneas, no tengo nada claro. Soy grises, niebla, ruido, interferencias: la imagen de un televisor, de madrugada, cuando las emisiones han finalizado.

Nada más terminar el párrafo anterior se han agolpado en mi cabeza varias voces, conocidas y desconocidas, instándome a sumergirme en el embrollo vital en el que me encuentro (es momento de tomar decisiones) para sacar de allí mi creatividad aparentemente perdida. Dicen que no me falta contenido del que hablar o reflexionar y, efectivamente, creo que aún tengo mucho por decir y contar. Incluso me atrevería a decir, aunque suene pretencioso, que las mejores entradas están por venir. Pero, para ello, debo aclarar previamente mis ideas e identificar –ahí es nada– quién soy, cómo quiero mostrarme y qué quiero revelar de mí. Elaborar una estrategia puede ser –permitidme– una forma de luchar contra el miedo.

De momento, voy a sustituir esa niebla televisada de la que hablaba al principio por una carta de ajuste que me permita sintonizar, de nuevo, con esa creatividad oculta y, a la vez, con los intereses de mis potenciales lectores. La cuadrícula de fondo, las barras de distintos tamaños y los colores me permiten redimensionar las preocupaciones, jerarquizar los pasos que debo dar y clarificar así el espacio en el que me desenvuelvo. De fondo, el molesto pitido en kilohercios se va transformando en una melodía inspirada en mi propia banda sonora. En cada esquina, la fecha y la hora actual. En mi cabeza, las posibles fechas de lanzamiento. Comienza la cuenta atrás: permanezcan atentos a sus pantallas.


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