AUTOPÍAS, COACHING

Aplicaciones del coaching personal

Cuando, en este contexto de popularización –y a veces, indefinición– del coaching, me preguntan en qué consiste mi trabajo como coach, suelo responder que mi misión es acompañar a personas, empresas, organizaciones y colectivos interesados en impulsar procesos de planificación de objetivos, toma de decisiones, mejora de habilidades de comunicación interna y externa, gestión de tiempo o cualquier otro proceso de cambio y transformación que crean necesitar. Pero… ¿de qué objetivos, decisiones, habilidades o procesos estamos hablando? En este artículo me gustaría hacer un repaso de algunas de las situaciones o circunstancias que se pueden trabajar, específicamente, desde el coaching personal.

Veamos, por ejemplo, algunas de las situaciones problemáticas –y a la vez desafiantes– que nos podemos encontrar en el ámbito laboral: falta de entendimiento con nuestro jefe, relaciones tóxicas o envenenadas con nuestros compañeros de trabajo, protocolos o procedimientos que consideramos absurdos o ineficaces, ausencia de directrices precisas sobre lo que se espera de nosotros… Puede que, de tanto repetir las mismas tareas, hayamos perdido la confianza en el resto de competencias profesionales de las que disponemos para optar a nuevas oportunidades de empleo dentro o fuera de la empresa. Incluso podemos sentir la necesidad de reinventarnos profesionalmente y no saber cómo hacerlo. ¿Qué hacer con todo esto? Podemos adoptar una posición victimista o, por el contrario, tratar de ser proactivos en la búsqueda de cambios que nos permitan construir una nueva realidad en la que estar, al menos, algo más cómodos y confiados.

En el ámbito de la educación también hay situaciones que pueden ser abordadas desde el coaching. Pienso, por ejemplo, en los problemas que suelen encontrar los estudiantes en la planificación y organización del tiempo de preparación y estudio que van a dedicar a cada asignatura o en la selección de las materias o titulaciones con las que complementar su formación académica. Pienso, a la vez, en las dificultades que afrontan universitarios y doctorandos en la preparación de sus trabajos finales de grado o máster o de sus tesis doctorales: si bien cuentan con una dirección que les da soporte en cuanto a contenidos, tal vez necesiten asistencia para la coordinación de los esfuerzos de documentación, redacción e investigación que requieren este tipo de trabajos, así como para su lectura o presentación pública. Esto vale también para profesores estancados en la preparación de sus clases o en la publicación de artículos académicos con los que reforzar su posición.

Repasemos, además, las aplicaciones del coaching en el ámbito del ocio, el tiempo libre y las relaciones. ¿Quién no ha encontrado resistencias al tratar de implantar en su vida nuevos hábitos y rutinas con los que alcanzar loables propósitos saludables o relacionales? Tal vez tengamos dificultades para encontrar propuestas de ocio que no sean una huída o evasión de la realidad, sino una auténtica forma de autorrealización y conexión con nosotros mismos que nos permita, a la vez, explorar nuevos talentos y habilidades hasta ahora ocultos o ignorados. O puede que queramos explorar alternativas con las que mejorar la comunicación y el entendimiento –fomentando el autocontrol, poniendo los límites que sean necesarios– con nuestra pareja, familia, amigos o, en general, grupos de personas con los que interactuamos habitualmente.

Estos son solo algunos ejemplos de situaciones que se pueden afrontar con el coaching, pero hay muchas más: hay tantas circunstancias como personas. El coaching, en cualquier caso, es una invitación a un proceso de autoconocimiento que, mediante preguntas y herramientas, promueve –en un clima de confianza y colaboración mutua– la apertura de nuevas perspectivas y la creación de escenarios de cambio en los que cada persona, en función de sus posibilidades, pueda identificar sus necesidades, encontrar sus propias respuestas y desarrollar al máximo su potencial. ¿Necesitas coaching?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS

¿Qué opciones tienes?

¿Cuántas veces has pensado, a lo largo de tu vida, que no tenías otra opción? Vivir, efectivamente, conlleva una serie de obligaciones, y a veces parece que no tenemos otra alternativa a lo que toca o a lo que se espera de nosotros en cada momento: no hay otras posibilidades y, por tanto, no tenemos capacidad de elegir. En general, esto ocurre cuando adoptamos un papel victimista ante la vida: preferimos pensar que todo nos viene impuesto desde fuera antes que asumir nuestra responsabilidad sobre la forma de responder ante lo que nos ocurre. Así, nos acomodamos a la obligación porque nos permite vivir instalados en el reproche. Puede ser también que la obligación, como única opción posible, sea una respuesta al miedo.

Otras veces, la vida –aparentemente– nos fuerza a escoger entre dos alternativas. En este caso, nos encontramos un dilema. El dilema, según el diccionario, se define como una situación en la que es necesario elegir entre dos opciones igualmente buenas o malas. ¿Qué prefieres, el hambre o la sed? No sabría decirte… ¿Y a quién quieres más, a papá o a mamá? Difícil respuesta, sobre todo si te has sentido querido por tus dos progenitores. Ante un dilema, se aconseja hacer una lista de pros y contras –ventajas e inconvenientes– de cada una de las opciones. Tal vez así seamos capaces de elegir una solución, pero la decisión quedará desdibujada por la pérdida que supone renunciar a una de las opciones (cuando las dos premisas en conflicto son igualmente buenas) o por la angustia que suscita escoger entre dos alternativas igualmente malas.

El dilema, por tanto, es una trampa. Por eso, te recomiendo que cuando tengas que elegir entre dos opciones, elijas la tercera. Siempre es posible crear nuevas opciones, ya sean soluciones intermedias a las premisas en juego en cada dilema o alternativas que rompen la disyuntiva para plantear situaciones nuevas. Cuantas más opciones tengamos, más podremos desarrollar nuestro sentido de libertad y responsabilidad. Y, de esta manera, seremos auténticos protagonistas en los procesos de toma de decisiones que nos vayamos encontrando en los distintos ámbitos de nuestra vida. En un abanico amplio de opciones, siempre es más fácil encontrar la que más nos conviene en un momento determinado.

¿Y esto, cómo se hace? Para convertir el dilema en trilema (tres opciones) o polinema (más de tres opciones) tenemos que romper los discursos internos preestablecidos, ampliar perspectivas e identificar nuevos escenarios que nos permitan acceder a opciones distintas. ¿Qué hay de nuevo u original en cada coyuntura? A veces, no es sencillo encontrar la respuesta a esta pregunta: vivimos atrapados en una serie de justificaciones limitantes que nos impiden ver otras alternativas. Si estás en esta situación, te invito a pensar en el Coaching como opción para generar nuevas opciones y posibilidades.

–¿Qué opciones tengo?
–Tienes tantas opciones como te permitas tener.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, COACHING, HERRAMIENTAS DE COACHING

Tres de tres

En este blog he escrito muchas veces sobre la necesidad de planificar objetivos y diseñar acciones que nos permitan cambiar una situación que no nos satisface, nos resulta incómoda o nos mantiene estancados por otra en la que, desplegando nuestro potencial, podamos sentirnos conectados y realizados. Este tránsito entre la situación actual y la situación deseada no se produce de la noche a la mañana, sino que requiere de un proceso. El coaching es, precisamente, ese proceso de entrenamiento personalizado y confidencial, mediante un gran conjunto de herramientas, que ayudan a cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde se desea estar (definición de la Asociación Española de Coaching, ASESCO). Pero, ¿qué elementos entran en juego en cada proceso de coaching?

El primer elemento para que se dé un proceso de coaching, y para que este pueda funcionar, es la motivación al cambio. Si no tienes ilusión y no estás convencido –aunque sea mínimamente– de tus posibilidades, ¿cómo vas a arriesgarte a afrontar nuevos retos? La motivación, por tanto, tiene que ser superior al miedo. ¡Ojo! Esto no quiere decir que, inicialmente, no sigamos teniendo temores: se trata de alzarnos contra el conformismo y el victimismo para explorar nuevas opciones. En este sentido, la motivación se alimenta de la autocreencia o capacidad de creer en uno mismo, una capacidad que se desarrolla confiando en lo que hacemos y dando valor a lo que somos (es decir, cultivando nuestra autoestima).

Un segundo elemento fundamental es la toma de conciencia. Hay que poner conciencia sobre lo que no está funcionando, realmente, en la situación actual; sobre lo que queremos conseguir al alcanzar la situación deseada; y, especialmente, sobre las opciones y alternativas que están a nuestro alcance para pasar de una situación a otra. Se trata de descubrir nuevas perspectivas, abrirse a nuevas posibilidades. Pero… ¡cuidado! Esto no va de que alguien –el coach– te diga lo que tienes que hacer, sino de averiguarlo por ti mismo a través de una serie de herramientas –generalmente, preguntas– que te ayudarán a emprender acciones alineadas con tus capacidades, tus competencias y tus valores.

Así llegamos al tercer elemento clave en todo proceso de coaching: la responsabilidad. Me gusta mucho la definición de este concepto que surge de su división en respons-(h)abilidad: la responsabilidad como habilidad de responder, como capacidad de dar respuesta –libremente, desde lo que somos y lo que necesitamos en cada momento– a los desafíos que nos presenta la vida. Responsabilizarse implica convertirnos en protagonistas de nuestro proceso de cambio decidiendo, de forma activa, las estrategias y las acciones que vamos a poner en marcha para alcanzar nuestras metas. Y la única manifestación real de la responsabilidad es el compromiso.

Todos estamos dotados, de una manera u otra, de la capacidad de motivación, toma de conciencia y responsabilidad. No obstante, esta capacidad se diluye, a veces, en el diálogo con nosotros mismos: la motivación flaquea (la sombra del miedo es alargada), la toma de conciencia se topa contra un muro o se tapa con una venda (somos hábiles para escaparnos de aquello que no queremos ver o de aquello a lo que nos resistimos) y la responsabilidad se escabulle o se diluye (es más fácil colocarla fuera de nosotros mismos que asumirla con todas sus consecuencias). En estos casos, el coaching se presenta como el acompañamiento perfecto para poner rumbo al cambio. ¿Te vienes?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS

Beneficios invisibles

¿Cuántas veces has intentado cambiar algo de ti o de tu vida? ¿Cuántas veces lo has conseguido? No siempre es fácil hacerlo. Desde una perspectiva racional, todo parece más sencillo: intuimos qué es lo que no funciona, sabemos qué es lo que no nos conviene, conocemos alternativas a partir de los ejemplos que vemos a nuestro alrededor… Sin embargo, cuando nos ponemos manos a la obra –diseñando gestos y acciones orientados al cambio– surgen resistencias que nos impiden avanzar en nuestro desarrollo personal, profesional o social. Nos resistimos a abandonar determinados hábitos, comportamientos, creencias… ¿Qué hay en ellos para que nos quedemos atascados ahí?

En general, cuando nos proponemos un propósito concreto (la misión, el objetivo que queremos conseguir), tenemos muy claro qué beneficio o beneficios queremos lograr. Lo que no identificamos con tanta facilidad es el beneficio secundario que podemos perder al modificar comportamientos, hábitos o creencias que no nos sirven para alcanzar nuestras metas. Si encontramos resistencias al cambio es porque hay un valor oculto en ellos. De hecho, la importancia del beneficio secundario es tal que preferimos mantener el statu quo –incluso siendo conscientes de que estamos estancados– antes que explorar o luchar por otras opciones.

Encontrar resistencias nos genera frustración, y la frustración nos lleva a buscar explicaciones. Así, nos preguntamos por qué mantenemos comportamientos desacompasados, hábitos anacrónicos, creencias limitantes… Y las respuestas que encontramos no son más que autojustificaciones victimistas que no hacen más que alimentar esa frustración. Mario Benedetti hizo popular la frase cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas. Y eso es lo que propongo para vencer las resistencias: cambiar la pregunta por qué por para qué. ¿Para qué nos sirve este comportamiento, ese hábito, aquella creencia? ¿Qué ganamos con ellos? ¿Qué tienen para que decidamos mantenerlos incluso en situaciones difíciles, problemáticas o insatisfactorias de nuestra vida?

Recibir atención, ser merecedor de reconocimiento o afecto, ser útil a los demás, llenar nuestro vacío interior… Estos son algunos de los beneficios ocultos por los que nos empeñamos en mantener comportamientos, hábitos y creencias que ya no nos satisfacen o que no encajan con lo que realmente somos. Una vez detectados, conviene centrar la atención en los beneficios que queremos lograr con nuestro objetivo de cambio. ¿Merece la pena renunciar al beneficio oculto? ¿Cómo podemos hacer que el beneficio secundario quede integrado –si no lo está aún– en la meta que queremos alcanzar? Ante las resistencias solo hay dos opciones: aferrarse o avanzar.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING, MINDFULNESS

Autocoaching vacacional

La toalla extendida sobre la arena de la playa, la tumbona junto a la piscina, el confortable sillón del salón del hotel, la terraza de la casa rural, la peña con forma de asiento que aparece al borde del camino durante la excursión, el césped del parque urbano más próximo a nuestro lugar de residencia… El verano, con sus días de vacaciones y de descanso, nos ofrece multitud de espacios en los que descansar, relajarnos y holgazanear. Nos lo merecemos, sin duda: el curso ha sido largo y ha consumido buena parte de nuestra energía. Es el momento de parar, no hacer nada, dejarse simplemente estar. Tomar el sol, buscar refugio en la sombra, esperar la caricia de la brisa sobre la piel…

Quizá nos resulte difícil afrontar ese no hacer nada. Al fin y al cabo, nuestra vida es una sucesión de rutinas y tareas que ocupan prácticamente todo nuestro tiempo. Por eso, llevaremos algún libro que nos apetezca leer, seleccionaremos series, películas o música para ver y escuchar o recurriremos a pasatiempos (analógicos o digitales) con los que dar sentido a ese esperado vacío en nuestra cotidianeidad. Puede ocurrir que estas ocupaciones, repetidas durante varios días, acaben convertidas también en una rutina vacacional. Por eso, te propongo dejar algún espacio para profundizar en tu desarrollo personal con la siguiente propuesta de autocoaching vacacional.

En uno de esos ratos de no hacer nada, observa lo que ocurre a tu alrededor. Si estás en un lugar concurrido, mira y escucha a la gente a tu alrededor. Si estás en un lugar más apartado, detente en el paisaje y en los sonidos de la naturaleza. A continuación, cierra los ojos y concéntrate en las sensaciones que estás experimentando. Simplemente obsérvalas, descubre cómo se manifiesta tu cuerpo ante los estímulos externos. Poco a poco, ve desligándote de lo que ocurre fuera para centrar toda tu atención en la respiración. Siente su ritmo natural, sin modificarlo: no tengas prisa por llegar a ningún estado. Cuando te apetezca, amplía tu respiración para hacerla más profunda. Nota el paso del aire por la clavícula, por el tórax, por el abdomen… Imagina cómo se expande el aire por la cabeza y las extremidades. Y, finalmente, déjate mecer, todo el tiempo que quieras, por el flujo inspiración-espiración.

Aprovechando el estado de serenidad y armonía al que habrás llegado a través de la respiración, y dejando a un lado cualquier tipo de juicio (es bueno que también la autoexigencia coja vacaciones), repasa brevemente cómo es tu vida ahora, en cada uno de sus ámbitos (personal, familiar, social, laboral…). ¿Cómo te sientes? ¿Qué imagen tienes de ti mismo? ¿Cómo son tus relaciones? ¿Qué cosas son las que realmente te importan? ¿Cuáles son tus fortalezas y tus debilidades? ¿Qué hay de tus miedos? ¿Qué logros has alcanzado? ¿Hay algo de lo que te sientas especialmente orgulloso? ¿En qué ocasiones te has sentido frustrado? ¿Cómo has reaccionado ante las dificultades?

Vuelve por un momento a la respiración para integrar las respuestas que te hayan ido surgiendo. Tal vez el ritmo se haya alterado: espera a que la respiración se haga, de nuevo, pausada y profunda para visualizar, a continuación, cómo quieres que sea tu vida en el futuro. Imagina, permítete soñar. ¿Cómo podrías ser más feliz? ¿Qué es lo que realmente te gustaría conseguir? ¿Qué cosas tendrías que cambiar? ¿Qué metas de las que querías alcanzar has ido abandonando o relegando por el camino? ¿Dónde y cómo quieres estar dentro de un año? ¿Y dentro de cinco, o de diez? ¿…? Regresa de nuevo a tu respiración y, lentamente, vuelve a conectar con el mundo exterior que te rodea.

Solo queda, ahora, comparar tu vida actual con la vida que realmente quieres tener. Puede que solo haya sutiles diferencias, o bien un abismo entre ambas. En cualquier caso, siempre es posible dar un primer paso hacia el cambio, grande o pequeño, que queremos lograr. ¿Qué puedes hacer para ponerte en camino hacia donde realmente quieres estar? ¿Qué alternativas tienes? En algunos ámbitos, las respuestas aparecerán con claridad. En otros, tal vez necesites iniciar un proceso de coaching profesional. Aprovecha ese no hacer nada del verano para buscar tu misión vital. Esa será tu motivación para afrontar la vuelta al día a día tras las vacaciones.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING

El tiempo que se escapa

Este fin de semana se ha producido, un año más, el cambio oficial de hora. La medida, que se aplica en España –al igual que en otros países– desde hace décadas, tiene como objetivo ahorrar energía, fundamentalmente la que se emplea para iluminación. No obstante, este criterio parece estar en discusión y, de hecho, se han publicado datos contradictorios al respecto. Por otro lado, son muchas las voces –aunque tampoco hay estudios concluyentes– que alertan de las alteraciones que el cambio horario puede suponer para la salud: trastornos del sueño, mayor cansancio y fatiga, cambios de humor, problemas de concentración… El debate está abierto. Pero, al margen de la hora adelantada (en marzo) o retrasada (en octubre), quizá sea bueno reflexionar sobre el uso que damos a nuestro tiempo.

Es probable que, inmersos en la rutina, no tengamos una idea clara (o peor aún, tengamos una idea equivocada) sobre la forma en la que distribuimos las 24 horas del día. Unos más, unos menos, todos tenemos horarios hechos de obligaciones y compromisos. Pero… ¿cuánto tiempo dedicamos a aquello que nos gusta y satisface? ¿Por dónde se escapa el tiempo que nos falta para hacer otras actividades o invertir en nuestro mejor descanso? Te propongo llevar un registro, durante una semana, del tiempo que dedicas a cada una de las acciones que vas completando en tu día a día (aseo, desayuno, desplazamiento al trabajo, horas de trabajo, comida, horas de clase, actividades complementarias, tiempo de ocio, ejercicio físico, cena, horas de sueño…).

Una vez que hayas completado el registro, dibuja en un papel el horario de un día-tipo. Puedes usar colores para diferenciar actividades (sueño, alimentación, trabajo, ocio) y obtener así una mejor representación gráfica de la distribución de tu tiempo. A continuación, coge un papel en blanco para dibujar el horario que realmente te gustaría tener. Comienza visualizando cómo te gustaría distribuir la jornada, qué actividades querrías hacer, cuánto tiempo dedicarías a cada una de ellas… Advierte, también, las sensaciones que se están produciendo en tu cuerpo al visualizar este horario. Con todo ello, y con distintos colores, confecciona tu horario ideal.

Ahora, compara el horario real con el horario ideal. ¿Hay muchas diferencias entre ambos? Si no las hay, todo parece indicar que estás haciendo el uso del tiempo que realmente quieres. Si las hay, te invito a pensar en alternativas que te permitan ir aproximando el horario real al horario ideal. Evidentemente, hay horarios que no se pueden cambiar de la noche a la mañana (el horario de trabajo, el horario escolar…). No obstante, es posible encontrar fórmulas que, inspiradas en nuestro horario ideal, puedan hacer más práctico nuestro horario real. ¿Qué cosas de las que te gustaría hacer podrías ir introduciendo, en pequeñas píldoras, en tu rutina? Quizá puedas dar una utilidad a los atascos cotidianos, a la larga pausa para la comida que dejan las jornadas partidas o a esos minutos vacíos, al final de la tarde, que ahora se te escapan sin hacer nada.

Te invito a corregir, también, las disfuncionalidades que pueda haber ahora mismo en tu horario real: quizá no estés aprovechando las mejores horas para las actividades que realizas. Busca el momento de mayor concentración para afrontar las actividades que requieren un mayor nivel de atención, distribuye las tareas –en la medida de lo posible– para diversificar la jornada, agrupa las tareas que pueden acometerse de una vez… Y, sobre todo, mantente alerta frente a las distracciones recurrentes (por ejemplo, el teléfono móvil). Este domingo, el cambio oficial nos ha robado una hora. Pero… ¿cuánto tiempo perdemos cada día?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

Un cruce, distintos caminos

“Próxima parada: Encrucijada”. Así se denomina una de las paradas del autobús de línea que comunica la ciudad en la que vivo con la localidad a la que considero –pese a no haber nacido en ella– mi pueblo. La parada se encuentra, efectivamente, en una de las sucesivas intersecciones que la carretera va encontrando en su recorrido. Pero la palabra encrucijada evoca más que un cruce de caminos de distinta dirección: el vocablo alude también a esas situaciones difíciles o comprometidas en las que, ante distintas posibilidades de actuación, no sabemos cuál escoger. Si esa encrucijada no fuera un cruce en la carretera, sino un punto de inflexión en nuestra trayectoria vital, ¿cuáles serían esas posibilidades o caminos a escoger?

Imagina que esa encrucijada tiene forma de rotonda con seis salidas. La primera de ellas nos lleva a El camino que hace señas, ese lugar en el que nos permitiríamos probar aquello que siempre hemos querido intentar pero que, por una u otra razón, nunca nos hemos atrevido a experimentar. La segunda salida nos conduce a El camino de los sueños, ese espacio en el que podríamos aplicar las alternativas aparentemente inverosímiles que nos ofrece nuestra imaginación y que descartamos habitualmente por parecer irrealizables. La tercera salida nos introduce en El camino que parece más sensato, ese que nos recomendarían las personas cuya opinión valoramos.

La cuarta salida de esa rotonda imaginaria nos invita a explorar El camino no recorrido, una vía en la que podríamos poner en práctica alguna otra alternativa (a priori más sensata que las de El camino de los sueños) que no habíamos considerado con anterioridad. En la quinta salida encontramos El camino ya recorrido, que nos lleva a ese espacio familiar por el que hemos transitado en ocasiones anteriores más o menos similares a nuestra coyuntura actual. Finalmente, la sexta salida de la rotonda nos permite regresar a El camino de vuelta, ese lugar en el que nos sentimos seguros y del que nos resistimos a salir. Optar por esta última salida supone evitar el cambio para permanecer en la zona de confort.

Los seis caminos enumerados anteriormente forman el llamado Modelo de la Encrucijada, una guía basada en la herramienta The Personal Compass de la consultora The Grove, con sede en San Francisco (EE.UU.). Esta herramienta propone cinco esferas de reflexión, a partir de una serie de preguntas, para facilitar la toma de decisiones sobre el camino a seguir. Así, se nos invita a localizar los elementos y factores que nos han permitido convertirnos en quienes somos, a enunciar los valores, las creencias y los principios que guían nuestra forma de estar en el mundo, a identificar a las personas cuyo criterio respetamos, a enumerar los problemas o dificultades que nos impiden desarrollar o alcanzar nuestros objetivos y a pensar en situaciones o circunstancias que nos generan incertidumbre o miedo.

En la encrucijada, nuestro anhelo es una respuesta, pero no hay respuesta posible sin plantearse preguntas. ¿De dónde procedes? ¿Qué te parece realmente importante? ¿Qué personas son importantes para ti? ¿Qué te molesta? ¿De qué tienes miedo? Hay una diversidad de caminos, audaces o conservadores, ante nosotros. Es nuestra responsabilidad tomar uno de ellos, haciéndolo propio, o quedarnos dando vueltas, como un hámster en la noria de su jaula, en esa rotonda imaginaria. No hay potencial futuro sin cambio y crecimiento.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar