AUTOPÍAS, METÁFORAS, REFLEXIONES

Disposición al equilibrio

Zen

Pese a sus evidentes beneficios, no siempre es fácil conectar con las técnicas de meditación y relajación que distintas corrientes y enfoques, a lo largo de la historia, han puesto a nuestro alcance. Lo fundamental para que cualquiera de estas técnicas arraigue en nosotros es crear un hábito que nos permita integrarlas poco a poco –día a día– en nuestra vida cotidiana. Pero no es nada fácil crear este hábito: con frecuencia, nos distraemos, nos salimos de la práctica… e incluso acabamos más frustrados e inquietos de lo que estábamos antes de iniciar el ejercicio de meditación o relajación que hayamos elegido.

También puede ocurrir que, estando ya iniciados en este tipo de prácticas, nos veamos afectados o golpeados por situaciones sobrevenidas que, de pronto, parecen llevarnos de nuevo a la casilla de salida, como si nunca antes hubiéramos tratado de meditar o relajarnos con las técnicas que considerábamos integradas. Algo nos deja noqueados y, de repente, se desvanece –o, al menos, así lo sentimos– lo aprendido.

Parece, pues, que el equilibrio al que aspiramos es precario, y se rompe a la mínima.

En un alarde de poca originalidad, ilustro estas líneas con la fotografía de unas piedras apiladas, un símbolo de la filosofía Zen que transmite la idea de equilibrio y armonía. Y, mirando esta imagen, me pregunto: ¿no estaremos poniendo nuestra atención en el resultado final de nuestros intentos de meditación y relajación en vez de fijarnos en el proceso de construcción de ese equilibrio? Apilar piedras, al fin y al cabo, es un arte: hay que escoger las piedras adecuadas y disponerlas en el orden apropiado (respetando las leyes de la física).

¿Hacemos eso en nuestra vida?

Hoy te invito a detenerte en cada una de las piedras que configuran tu existencia: la piedra de tu identidad, la piedra de tus relaciones afectivas, la piedra de tu trabajo o de tus proyectos profesionales, la piedra de tus momentos de ocio, la piedra de tus valores… ¿Cómo son esas piedras? Tal vez sea bueno, antes de jugar a los equilibrios, conocer las características de cada una de estas piedras, identificando su forma y tamaño, reconociendo sus aristas e imperfecciones, apreciando la rugosidad o suavidad de sus cantos… y, en su momento, buscando las formas de encajar unas con otras.

Observar cada piedra por separado es ya en sí mismo un ejercicio de meditación y relajación que, sin prisa pero sin pausa, nos llevará al deseado equilibrio.


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AUTOPÍAS, RECOPILACIONES

Inspira(n)do

Se define la inspiración como el estímulo o la lucidez repentina que siente una persona y que favorece la creatividad, la búsqueda de soluciones a un problema o la concepción de ideas que permiten emprender un nuevo proyecto. Dicho de otro modo, es la chispa que pone en marcha cualquier proceso creativo. Este destello puede brotar espontáneamente, surgido de la nada, o bien puede aparecer como resultado de una serie de influencias que, conectadas, nos llevan a hacer interpretaciones personales, siempre genuinas, sobre la realidad en la que vivimos. En la entrada de hoy voy a repasar algunas de las influencias que me han servido de inspiración para escribir artículos en los que –¡ojalá!– hayas podido encontrar inspiración para ese proceso creativo que también es tu vida.

Mi principal influencia, sin duda, son los libros sobre crecimiento personal, psicología, educación o neurociencia con los que sigo complementando y ampliando mi formación en coaching. El mercado está lleno de títulos y, en ocasiones, los contenidos se repiten. Pero, a veces, encuentro aportaciones que considero novedosas o que me estimulan de forma especial. Es el caso de El elemento, de Ken Robinson, sobre el que versaba la entrada ¿Cuál es tu elemento?, o de Mindset. La actitud del éxito, de Carol Dweck, texto sobre el que hablaba en la entrada Mentalidades contrapuestas. Robinson nos invita a encontrar y a ampliar ese lugar donde podemos desarrollar al máximo todo nuestro potencial. Por su parte, Dweck nos anima a dejar de lado la mentalidad determinista con la que muchas veces afrontamos lo que nos pasa en la vida para actuar con una mentalidad abierta al aprendizaje y al cambio interior.

Otros títulos que me han servido de inspiración para dar discurso a este blog han sido Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida, de Marshall B. Rosenberg (véase la entrada Otra respuesta es posible), El extraño orden de las cosas, de Antonio Damasio (Dos caras de una misma moneda) y Fluir, una psicología de la felicidad, de Mihaly Csikszentmihalyi (Imponerse o fluir). Estas obras nos hablan, respectivamente, de un modelo de respuesta alternativo con el que poner límites y manifestar nuestro enfado, del placer y del dolor como sentimientos motores de la evolución humana y de la importancia de fluir, en todo lo que hacemos, como paso previo para alcanzar la felicidad.

En ocasiones, la inspiración llega en forma de crítica. Es lo que me ocurrió tras leer la obra La burbuja terapéutica. Como caí en las trampas del crecimiento personal y las terapias, de Josep Darnés. En la entrada Yo, coach respondo a los argumentos con los que Darnés cuestiona los conceptos sobre los que se fundamenta el coaching y las características de quienes ejercemos esta profesión y defiendo los principios de responsabilidad y honestidad que deben regir un proceso de coaching. Otras veces, son personajes de ficción literaria quienes, en el proceso de inspiración, toman una entrada, como sucedió en Reflexión: el efecto de reflejarse, en la que aparecían –juntos, pero no revueltos– Narciso, Blancanieves o Alicia.

No voy a discutir el axioma de que todo está en los libros, pero la inspiración surge de cualquier tipo de influencias. ¿De la música? Sí, la composición Variations on the Kanon by Pachelbel, de George Winston, me sirvió de inspiración para la entrada Diciembre, dedicada a las sensaciones que me evoca el último mes del año. ¿Del cine o la televisión? Sí, la película El show de Truman y la serie de televisión Friends fueron el punto de partida para las entradas Dentro o fuera de la burbuja, sobre el concepto de zona de confort, y Toma 2: reencuadre, sobre la capacidad que tenemos de reformular lo que pensamos de nuestra vida. ¿Del arte? También, como ocurrió en la entrada Impresión: flujo continuo, en la que reflexionaba sobre la necesidad de dotar de un contexto a lo que nos pasa…

Es tú turno: déjate permear por las cosas que te gustan, fíjate en cualquier cosa que llame tu atención… e inspírate para alcanzar tu autopía.


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AUTOPÍAS, REFLEXIONES

El autor en su laberinto

Me vais a perdonar, improbables lectores (como dice Manuel Rodríguez Rivero en algunas de sus columnas), pero esta semana no estoy inspirado. O, al menos, eso creo. El diccionario define la inspiración como el estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia. Como la vida está llena de estímulos, advierto que mi problema no es exactamente la falta de inspiración, sino la incapacidad –ahora mismo– para verlos y seleccionar uno o varios de ellos con los que trabajar en este espacio semanal llamado Autopías. Podría decir que estoy en blanco, pero tampoco sería cierto: el blanco, como el negro, es un color muy nítido y yo, en el momento de escribir estas líneas, no tengo nada claro. Soy grises, niebla, ruido, interferencias: la imagen de un televisor, de madrugada, cuando las emisiones han finalizado.

Nada más terminar el párrafo anterior se han agolpado en mi cabeza varias voces, conocidas y desconocidas, instándome a sumergirme en el embrollo vital en el que me encuentro (es momento de tomar decisiones) para sacar de allí mi creatividad aparentemente perdida. Dicen que no me falta contenido del que hablar o reflexionar y, efectivamente, creo que aún tengo mucho por decir y contar. Incluso me atrevería a decir, aunque suene pretencioso, que las mejores entradas están por venir. Pero, para ello, debo aclarar previamente mis ideas e identificar –ahí es nada– quién soy, cómo quiero mostrarme y qué quiero revelar de mí. Elaborar una estrategia puede ser –permitidme– una forma de luchar contra el miedo.

De momento, voy a sustituir esa niebla televisada de la que hablaba al principio por una carta de ajuste que me permita sintonizar, de nuevo, con esa creatividad oculta y, a la vez, con los intereses de mis potenciales lectores. La cuadrícula de fondo, las barras de distintos tamaños y los colores me permiten redimensionar las preocupaciones, jerarquizar los pasos que debo dar y clarificar así el espacio en el que me desenvuelvo. De fondo, el molesto pitido en kilohercios se va transformando en una melodía inspirada en mi propia banda sonora. En cada esquina, la fecha y la hora actual. En mi cabeza, las posibles fechas de lanzamiento. Comienza la cuenta atrás: permanezcan atentos a sus pantallas.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Impresión: flujo continuo

París, abril de 1874. Artistas encuadrados en la denominada Sociedad anónima de pintores, escultores y grabadores abren al público la primera exposición impresionista. La muestra, organizada al margen del Salón Oficial de la Academia de Bellas Artes, reunía más de 150 obras de una treintena de artistas. Los participantes, entre ellos Cézanne, Degas, Monet, Pissarro y Renoir, compartían el deseo de encontrar vías alternativas de exponer sus obras fuera de los cauces oficiales. En aquella época, intentar exponer en el Salón Oficial implicaba someterse al veredicto de un jurado que solía rechazar cualquier propuesta artística no academicista. Entre las obras expuestas se encontraba Impresión: sol naciente, de Claude Monet.

Fue el periodista Louis Leroy quien, al calificar despectivamente la obra de Monet en uno de sus artículos, acuñó el término Impresionismo para referirse al grupo de pintores participantes en la exposición. Se puede decir que su primera y definitiva impresión sobre el nuevo movimiento artístico no fue satisfactoria. Además de ser crítico de arte, Leroy también fue pintor y grabador. Quizá sus convicciones estéticas y artísticas –tal vez también las sociopolíticas– eran demasiado rígidas y no quiso, o no pudo, entender los postulados de los pintores impresionistas. Yo mismo me lo decía: puesto que estoy impresionado, debe de haber impresión ahí dentro…

Entre las principales características de la pintura impresionista destacan la subordinación de la forma a la iluminación del momento concreto que se pretende captar (prevalece el aquí y el ahora de la creación artística sobre el objeto de la representación) y el uso de lo que se ha dado en llamar la pincelada gestáltica: el artista crea su obra a partir de pinceladas breves, a partir de colores puros, vibrantes y saturados, sin preocuparse de que su forma y color no coincidan exactamente con el modelo o paisaje a representar. Perceptivamente, dichas pinceladas adquieren la unidad necesaria para ser interpretadas como un todo definido. Las pinceladas sugieren una figura y nuestro cerebro, gracias a las leyes de la percepción, la completa.

Ahora bien, cuando no hablamos de pintura, sino de situaciones o comportamientos, ¿podemos jugar la baza de nuestra opinión a partir de un único instante? Determinadas actuaciones o conductas provocan en nosotros una primera impresión construida a base de prejuicios y estereotipos fruto de experiencias personales o tomadas de otros. Rematamos las pinceladas con los brochazos de nuestros juicios, creencias y conocimientos. Incluso, si estamos a la defensiva, completamos la figura antes de que esta se haya configurado. Al fin y al cabo, parece que una de las cualidades más valoradas en este mundo en que vivimos es ir siempre un paso por delante.

La vida es una sucesión de instantes en un flujo continuo y cambiante. En cada instante, como en los cuadros impresionistas, podemos recuperar, descubrir y experimentar nuevas sensaciones. Podemos dejar sorprendernos por el detalle (o la falta de detalle) de cada nueva pincelada. Pero no conviene olvidar que cada instante, con la impresión que nos suscita, está enmarcado en dos contextos: el contexto de nuestra experiencia y el contexto que envuelve a la persona, situación o actuación que enjuiciamos con nuestras valoraciones, aseveraciones u opiniones. Abriendo la mirada hacia esos contextos, una impresión será solo una hipótesis por verificar, contrastar y confirmar.


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