AUTOPÍAS, COACHING, HERRAMIENTAS DE COACHING

Descubre tu autopía

Se cumple un mes desde la entrada en vigor del estado de alarma decretado por el Gobierno de España para hacer frente a la pandemia del coronavirus COVID19. Durante este tiempo, nuestros esfuerzos se han dedicado, principalmente, a gestionar los cambios que se han producido en nuestro día a día a causa de las medidas de confinamiento, entre ellos la reconversión de nuestros hogares en oficinas de trabajo y aulas para nuestros hijos o el rápido aprendizaje y adaptación a nuevas tecnologías con las que acceder a propuestas culturales, deportivas, de formación o de entretenimiento y mantener, de manera virtual, nuestra vida social. A la vez, hemos salido a aplaudir –como seguimos haciendo– a los profesionales que siguen trabajando por la salud, la seguridad, los servicios sociales, el abastecimiento y tantos otros servicios públicos que hasta ahora nos pasaban desapercibidos. Y, por supuesto, hemos seguido con preocupación, incluso con dolor, las terribles estadísticas que el coronavirus está dejando a su paso. Preocupación y dolor que, por supuesto, mantenemos.

Disciplinadamente, nos hemos acostumbrado, con mayor o menor esfuerzo, a una vida totalmente hogareña. Nos hemos habituado también, aunque lo hagamos compungidos, a guardar la distancia social en las colas de los supermercados. Incluso, en algunos momentos, empezamos a advertir rutinas en el silencio que nos llega de las calles. Tal vez sea el momento, una vez adaptados a una provisionalidad por ahora indefinida, de volver la mirada hacia dentro para ver cómo estamos, qué cambios internos –aunque sean sutiles– se han producido en cada uno de nosotros, cuáles son nuestros anhelos para el futuro… Esta nueva prórroga del estado de alarma que ahora comienza puede ser una oportunidad única para buscar, desde la introspección, nuestra propia autopía, es decir, ese espacio propio, ideal y alcanzable, en el que desarrollar una nueva forma de ser y estar en el mundo una vez que, paulatinamente, vayamos recuperando una nueva normalidad indudablemente distinta a la que dejamos semanas atrás.

¿Sientes que es el momento de avanzar hacia allí? Si la respuesta es afirmativa, quizá te interese utilizar la guía “Descubre tu autopía: abriendo caminos en un momento único” en la que he estado trabajando intensamente, y con mucho cariño, en los últimos días. La guía, que puedes descargar gratuitamente, incluye propuestas que, a partir de preguntas y herramientas de coaching, te ayudarán a reflexionar sobre tu contexto vital y sobre los propósitos, los valores y las acciones que necesitas para expresar todo tu potencial. Además de trabajar con la guía, te invito a compartir tus experiencias o tus dudas sobre las propuestas en ella incluidas en la sesión grupal online que celebraré el domingo 26 de abril a las 18:00 horas (hora de Madrid-España). Del mismo modo, mantengo la oferta de tres sesiones individuales de coaching gratuitas, sin compromiso de continuidad, que vengo realizando desde el inicio del estado de alarma (sesiones de 45 minutos, oferta válida hasta el 26 de abril). Puedes apuntarte a la sesión grupal o a las sesiones individuales, así como recabar información adicional, escribiendo al correo electrónico info@autopiascoaching.com o rellenando este formulario indicando nombre y teléfono y el formato de coaching (individual o grupal) de tu interés. ¡Descubre tu autopía!

¿No llegaste a la fecha anterior? ¡No te preocupes! He programado una nueva sesión grupal online para el miércoles 6 de mayo a las 19:30 horas (hora de Madrid-España). Además, la oferta de tres sesiones individuales de coaching gratuitas se amplía hasta el 10 de mayo.

Descarga aquí la guía “Descubre tu autopía: abriendo caminos en un momento único”.


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AUTOPÍAS, METÁFORAS

El río

Érase una vez un río asfixiado. La maleza había tomado sus márgenes estrechando e incluso ocultando su cauce en el curso medio de su recorrido. Los vertidos incontrolados habían contaminado sus aguas. Además, la degradación del entorno había convertido ese punto del río en un vertedero lleno de residuos plásticos. El cercano dique de hormigón que pretendía dar al río un mayor esplendor, embalsando sus aguas para falsear el caudal, no facilitaba su regeneración. El olor y la viscosidad del agua estancada confirmaban un deterioro del que no dudaban en aprovecharse, y al que también contribuían, todo tipo de especies invasoras.

Su nacimiento, aguas arriba, era toda una promesa. La cascada entre las rocas de la que tomaba su primer caudal hacía presagiar su fuerza. Los pequeños arroyos que, al juntarse, le daban el nombre de río auguraban, con su emergencia inicial, un futuro firme hacia su desembocadura final. No contaba entonces con que la acción de la naturaleza, de la que se sentía parte y representante, también condicionaría su desarrollo. La erosión de las orillas fue llevando a su lecho sedimentos cada vez más espesos. Una tormenta inesperada llenó su cauce de lodo y cieno anegando y paralizando sus aguas.

Los fenómenos naturales, sumados a una negligente acción humana, comprometían el avance del río hacia su desembocadura. Dicen que todos los ríos sueñan con llegar al mar. Este río, en sus circunstancias actuales, se conformaría con llegar a otro río mayor al que ceder sus aguas. En cualquier caso, no perdía la esperanza: quizá un afluente acudiera en su ayuda alimentándolo de aguas frescas, puras y sanas con las que recuperar la vida perdida y empezar un nuevo ciclo. Pero los sueños del río se extinguían según aumentaban el estancamiento y la degradación.

Nuestro cauce vital puede deteriorarse como el cauce de un río. Si no ponemos límites, la maleza reducirá nuestros márgenes y los vertidos tóxicos contaminarán nuestras aguas. Los diques que construimos a nuestro alrededor con la intención de protegernos o encauzar nuestro camino pueden ser una ayuda, pero también un freno para nuestro potencial. El pesado sedimento de errores, fracasos y frustraciones que nos empeñamos en arrastrar estrecha nuestra perspectiva a la hora de buscar nuevas experiencias o ambiciones. Necesitamos un caudal saneado capaz de hacer frente a las crecidas derivadas de las fuertes lluvias que tengamos que afrontar.

Pero, como le ocurre al río anegado que sueña con su desembocadura, también nosotros podemos perdernos en la fantasía sin comprender que las soluciones no están aguas abajo, sino en ese mismo punto en el que nos sentimos atascados. Cualquier ayuda será bien recibida. No obstante, el cambio no será verdadero cambio si no parte de nosotros mismos. Asumamos la responsabilidad de nuestros actos, seamos protagonistas y, como sabe hacer el agua, busquemos nuevos caminos. Tal vez nos lleve tiempo erosionar la piedra que bloquea nuestro paso, corroer esa tubería vieja y oxidada que contamina nuestras aguas o abrir un canal a través del limo, pero no olvidemos que el cauce solo es cauce recorriéndolo.

A Pedro Ferreras, in memoriam.


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