AUTOPÍAS, COACHING, REFLEXIONES

A vueltas con el Coaching

El comienzo de un nuevo curso es, junto al inicio de un nuevo año, uno de los momentos que consideramos más adecuados para proponernos nuevos objetivos y metas vitales. Todos tenemos, en mayor o menor medida, recursos suficientes para afrontar cambios y desafíos. No obstante, no siempre nos resulta fácil emprender nuevos propósitos o aventuras. ¿Quién no se ha sentido alguna vez atascado, desorientado o desmotivado? ¿Quién no ha tenido, ante situaciones concretas, dudas sobre el alcance de su propio potencial? Por eso existe, entre muchas otras, la figura del coach, ese profesional que te acompaña, apoyado en tu responsabilidad y en tu compromiso, desde donde estás ahora hasta donde realmente quieres estar (según la definición de coaching de la Asociación Española de Coaching, ASESCO).

El coaching, lamentablemente, sigue siendo una disciplina cuestionada, especialmente por parte de algunos profesionales (afortunadamente, no todos) de la psicología, la psiquiatría o la medicina. Se nos acusa de ser vendehúmos o vendedores de milagros; se nos critica por ser una formación no reglada, dependiente de asociaciones o escuelas privadas (como ocurre en muchos otros sectores profesionales), olvidando que los másteres de coaching más reconocidos y valorados se ofertan, precisamente, en universidades públicas; y nos denuncian, también, por nuestra supuesta intervención o injerencia, como pseudociencia, en el ámbito sanitario. No niego que haya casos de mala praxis, pero para mí la frontera está clara: el coaching no es, ni pretende ser, una psicoterapia (de hecho, son disciplinas que, en un momento dado, pueden ser complementarias).

Efectivamente, hay situaciones, respuestas y comportamientos diagnosticados como patologías que requieren una intervención desde el ámbito clínico con profesionales específicamente formados para ello. Pero hay también muchos otros problemas, vitales o sociales, que se manifiestan de forma puntual y que distan mucho de ser problemas psicológicos. Aquí entran, en el día a día, las dificultades para conciliar nuestras necesidades o expectativas con las obligaciones y compromisos que arrastramos en nuestra vida cotidiana, el malestar que nos produce la falta de eficacia en la gestión de nuestro tiempo, las dudas ante eventuales procesos de toma de decisiones, las resistencias que nos impiden planificar correctamente nuestros objetivos, la incertidumbre ante un cambio de hábitos…

En mi opinión, hay espacio para todos los profesionales que creemos y apostamos por el crecimiento y el desarrollo personal… siempre que lo hagamos con honestidad y aportando al cliente la información necesaria sobre nuestra manera de trabajar. En coaching lo hacemos, según el Libro Blanco que regula nuestra profesión, acompañando a nuestros clientes en la definición de objetivos, a través de un proceso estructurado en el que se irán generando nuevas posibilidades, habilidades y escenarios de aprendizaje, con el fin de producir cambios estables y duraderos alineados con su entorno, sus valores y sus creencias. Si quieres avanzar, acompañado, en tu autoconocimiento, busca el profesional que mejor se adapte a ti, infórmate sobre su acreditación y metodología de trabajo y adéntrate, sin miedo, en el camino.


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AUTOPÍAS, RECOPILACIONES

Inspira(n)do

Se define la inspiración como el estímulo o la lucidez repentina que siente una persona y que favorece la creatividad, la búsqueda de soluciones a un problema o la concepción de ideas que permiten emprender un nuevo proyecto. Dicho de otro modo, es la chispa que pone en marcha cualquier proceso creativo. Este destello puede brotar espontáneamente, surgido de la nada, o bien puede aparecer como resultado de una serie de influencias que, conectadas, nos llevan a hacer interpretaciones personales, siempre genuinas, sobre la realidad en la que vivimos. En la entrada de hoy voy a repasar algunas de las influencias que me han servido de inspiración para escribir artículos en los que –¡ojalá!– hayas podido encontrar inspiración para ese proceso creativo que también es tu vida.

Mi principal influencia, sin duda, son los libros sobre crecimiento personal, psicología, educación o neurociencia con los que sigo complementando y ampliando mi formación en coaching. El mercado está lleno de títulos y, en ocasiones, los contenidos se repiten. Pero, a veces, encuentro aportaciones que considero novedosas o que me estimulan de forma especial. Es el caso de El elemento, de Ken Robinson, sobre el que versaba la entrada ¿Cuál es tu elemento?, o de Mindset. La actitud del éxito, de Carol Dweck, texto sobre el que hablaba en la entrada Mentalidades contrapuestas. Robinson nos invita a encontrar y a ampliar ese lugar donde podemos desarrollar al máximo todo nuestro potencial. Por su parte, Dweck nos anima a dejar de lado la mentalidad determinista con la que muchas veces afrontamos lo que nos pasa en la vida para actuar con una mentalidad abierta al aprendizaje y al cambio interior.

Otros títulos que me han servido de inspiración para dar discurso a este blog han sido Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida, de Marshall B. Rosenberg (véase la entrada Otra respuesta es posible), El extraño orden de las cosas, de Antonio Damasio (Dos caras de una misma moneda) y Fluir, una psicología de la felicidad, de Mihaly Csikszentmihalyi (Imponerse o fluir). Estas obras nos hablan, respectivamente, de un modelo de respuesta alternativo con el que poner límites y manifestar nuestro enfado, del placer y del dolor como sentimientos motores de la evolución humana y de la importancia de fluir, en todo lo que hacemos, como paso previo para alcanzar la felicidad.

En ocasiones, la inspiración llega en forma de crítica. Es lo que me ocurrió tras leer la obra La burbuja terapéutica. Como caí en las trampas del crecimiento personal y las terapias, de Josep Darnés. En la entrada Yo, coach respondo a los argumentos con los que Darnés cuestiona los conceptos sobre los que se fundamenta el coaching y las características de quienes ejercemos esta profesión y defiendo los principios de responsabilidad y honestidad que deben regir un proceso de coaching. Otras veces, son personajes de ficción literaria quienes, en el proceso de inspiración, toman una entrada, como sucedió en Reflexión: el efecto de reflejarse, en la que aparecían –juntos, pero no revueltos– Narciso, Blancanieves o Alicia.

No voy a discutir el axioma de que todo está en los libros, pero la inspiración surge de cualquier tipo de influencias. ¿De la música? Sí, la composición Variations on the Kanon by Pachelbel, de George Winston, me sirvió de inspiración para la entrada Diciembre, dedicada a las sensaciones que me evoca el último mes del año. ¿Del cine o la televisión? Sí, la película El show de Truman y la serie de televisión Friends fueron el punto de partida para las entradas Dentro o fuera de la burbuja, sobre el concepto de zona de confort, y Toma 2: reencuadre, sobre la capacidad que tenemos de reformular lo que pensamos de nuestra vida. ¿Del arte? También, como ocurrió en la entrada Impresión: flujo continuo, en la que reflexionaba sobre la necesidad de dotar de un contexto a lo que nos pasa…

Es tú turno: déjate permear por las cosas que te gustan, fíjate en cualquier cosa que llame tu atención… e inspírate para alcanzar tu autopía.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT, HERRAMIENTAS DE COACHING

Una de autos

De nuevo, lunes. La semana se pone en marcha. ¿Cuáles son tus perspectivas? El fin de semana quizá te haya servido para descansar, cambiar de aires, centrarte en otras actividades… Pero ahora toca enfrentarse, una vez más, a los grandes y pequeños retos de la cotidianidad, ya sea en casa, en el trabajo, en los estudios o en nuestras relaciones sociales. ¿Cómo vas de energía? ¿Te sientes fuerte para hacer frente a los automatismos que marcan tu día a día? Hoy te propongo un autochequeo a partir de una serie de conceptos básicos del Coaching.

¿Cuál es tu nivel de autoconfianza? La autoconfianza, o confianza en uno mismo, es la seguridad, fuerza y convicción que sentimos para lograr determinados objetivos y para superar los obstáculos que nos vamos encontrando a lo largo de nuestra vida. Se trata de un concepto ligado a nuestros talentos, capacidades, habilidades y conocimientos: solo es posible cultivar la autoconfianza mediante la puesta en práctica de nuestras cualidades, sean estas constatadas, latentes, potenciales o inciertas. Su mayor enemigo es el miedo, que limita nuestra capacidad para enfrentarnos a nuevas experiencias. ¿Confías en los recursos propios e inherentes de los que dispones?

¿Y cómo vas de autoestima? La autoestima se define como el aprecio, la consideración o la valoración, generalmente positiva, que uno tiene de sí mismo. En otras palabras, es el valor que nos imponemos como seres humanos. La autoestima se construye a partir de la comparación entre lo que creemos que somos, pensamos y hacemos y lo que nos gustaría ser, pensar y sentir. En este sentido, se entiende la autoestima como la distancia existente entre la opinión emocional que tenemos de nuestra personalidad y la personalidad ideal que realmente nos gustaría tener. El perfeccionismo, la autoexigencia, la descalificación constante de nosotros mismos y la eterna comparación con los demás nos roban autoestima. ¿Qué valor te das a ti mismo?

Autoconfianza y autoestima son las dos manifestaciones de la autocreencia, un concepto que se define como la necesidad que tenemos los seres humanos de creer en nosotros mismos para conseguir las metas vitales que nos propongamos. De alguna manera, la autocreencia es el valor que nos damos para movernos en el mundo. La autocreencia otorga al individuo el poder de cambiar y adaptarse a nuevas situaciones. Cultivar la autocreencia nos ayudará a clarificar valores y principios, confiar en nuestros recursos y capacidades, aceptar críticas y errores, aumentar nuestra capacidad de resiliencia y persistir en las acciones orientadas a satisfacer nuestras necesidades u objetivos. ¿Cuál es tu nivel de autocreencia?

En mi opinión, la autocreencia está estrechamente unida al autoapoyo, un término utilizado en las corrientes humanistas de la Psicología, entre ellas la Terapia Gestalt, con el que se alude a la capacidad que tiene uno mismo para cuidarse y expresarse, responsabilizándose de las propias necesidades y desarrollando todo el potencial propio de un ser humano. Tanto el autoapoyo como la autocreencia conllevan un proceso de continua integración y asimilación de la realidad. Y para ello se requiere avanzar en el autoconocimiento, ese proceso de reflexión e introspección que nos permite reconocernos como individuos con características, cualidades, defectos, limitaciones, necesidades, aficiones y temores propios que nos diferencian de los demás. ¿Qué conocimiento tienes de ti mismo? Indaga en ti. Obsérvate, pregúntate, déjate sentir. Descubre tu autopía.


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AUTOPÍAS, MINDFULNESS, REFLEXIONES

Rompiendo inercias

Otro día más ha sonado el despertador y, en una lucha contra el reloj, has decidido retardar la alarma una, dos, quizá tres veces. Después, te has levantado a toda prisa y, arrastrado por la inercia, has comenzado a realizar, una tras otra, probablemente en el mismo orden que todos los días, tus rutinas cotidianas. Algunas de estas rutinas están ya tan interiorizadas que ni siquiera recuerdas cómo se implantaron en tu vida. Otras te fueron impuestas y, aunque podrías revisarlas, prefieres no dudar de su eficacia. Todo en tu vida parece seguir el ritmo de una partitura… y, por eso, afinas el oído esperando una transgresión. Pero, ¿quién ha compuesto la melodía?

En el trabajo, o en las relaciones sociales, te sientes rehén de compromisos y obligaciones que te fueron impuestos o que tú mismo te impones. Te atrapan cadenas de deudas y favores mal entendidos, agradecimientos que ocultan exigencias, demandas que te alejan de tus necesidades o responsabilidades. A pesar de todo, repites comportamientos que ya no van contigo, te sigue costando dar un “no” por respuesta y, así, permites que otros acaben tomando, en tu lugar, decisiones que te alejan de ti mismo, de tu propio centro. En definitiva, actúas como una marioneta en un teatro de títeres… donde los hilos que te manejan terminan por enredarse coartando tu propia expresión. Pero, ¿quién dirige esos hilos?

Si la música que crean tus rutinas te parece repetitiva y te aburre representar siempre la misma función de títeres, quizá sea el momento de revisarlas. Para hacerlo, apelo a tu libertad y a tu creatividad: asume un papel protagonista, baila al son de tu propia partitura y actúa de acuerdo a tu propio guión. Improvisa, experimenta, prueba… Siempre hay otra manera de hacer las cosas, y siempre es posible dar un primer paso, por pequeño que sea, para llegar a donde queramos estar. Sé honesto con el mundo que te rodea, pero sé también honesto contigo mismo. ¿Qué quieres hacer nuevo en tu vida? ¿Qué puedes reciclar de lo que estás haciendo hasta ahora? ¿De qué quieres desprenderte?

No siempre es fácil encontrar respuestas para estas preguntas: hay mucho ruido a nuestro alrededor (consejos, prejuicios, recomendaciones, críticas…). Lo mejor, para empezar, es buscar espacios donde podamos conectar con nosotros mismos. No hay que ir muy lejos: basta con que, al acabar este artículo, te permitas cerrar los ojos para poner atención sobre tu respiración, descubriendo y ampliando su cadencia para, desde ese estado de bienestar, observar, sin engancharte a ellos, los pensamientos que van surgiendo en tu mente, los estímulos que, a través de los sentidos, percibes del exterior y las señales que, con todo ello, se manifiestan en tu cuerpo. Se trata de parar en boxes para volver a arrancar el motor y entrar, con fuerza, en nuestra propia carrera. ¡Nos vemos en la pista!


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AUTOPÍAS, METÁFORAS

El bosque

En el bosque de la vida se encuentran representados todo tipo de árboles, pero hay quienes solo ven especies concretas. Una de las que parece suscitar más interés es el árbol de las preocupaciones, un ejemplar de tronco robusto e infinitas ramificaciones que nos permite escapar del presente anticipando, de forma sesgada, lo peor que puede ocurrir en el futuro. Este árbol de las preocupaciones se nutre –de forma constante, de ahí su tamaño– del abono y del riego que toma de preguntas condicionales y pensamientos que nos repetimos y reiteramos sin cesar… sin valorar, generalmente, otras opciones distintas a las que de antemano damos por supuestas. El entramado de sus ramas, unido a su gran tamaño, acaba por atraparnos: las posibles ocupaciones del mañana desvían nuestra atención de las ocupaciones a las que tenemos que hacer frente hoy.

El árbol de las fantasías es otra de las especies del bosque de la vida que más suele llamar la atención. Es ese árbol de apariencia sólida, pero con raíces débiles, en el que nos empeñamos en construir nuestra casita de cuento, un espacio en el que esperar a que nuestras ensoñaciones se hagan realidad… sin tener que trabajar por ellas. Al instalarnos en la casa construida sobre las ramas perdemos el sentido de realidad (vivir requiere pisar suelo firme) y esperamos que las cosas que deseamos nos vengan dadas por sí solas. Subidos al árbol, andando por las ramas, olvidamos que cualquier transformación ha de comenzar por uno mismo. El desgaste en la espera, unido a la fragilidad de las raíces, acaba provocando la caída del árbol, incapaz de sostenerse.

Quienes no sucumben ante el árbol de las preocupaciones o ante el árbol de las fantasías lo hacen ante el árbol de los reproches. Se trata de una especie muy atenta a su propia configuración (raíces, tronco, corteza, copa…) que vive de la permanente comparación con los árboles que la rodean o con los que tiene idealizados en su interior. Sus fuentes principales de alimentación son la autoexigencia, que estimula los reproches hacia sí mismo (por no alcanzar tanta altura o no ser tan florido como otros), y la crítica, que fomenta los reproches hacia otros (por no reunir las características que espera de ellos). A la larga, la savia que circula por sus floemas y xilemas termina por pudrirse dando al árbol un aspecto feo y mustio.

Hay árboles que, efectivamente, no dejan ver el bosque de la vida, que es mucho más que preocupaciones, fantasías o reproches. Allí está también, aunque no siempre lo tengamos presente, el árbol de la confianza, seguro de que la naturaleza le facilitará lo que necesite en cada momento y convencido de su capacidad de adaptación ante un eventual cambio de condiciones en el ecosistema. Junto a él se encuentra el árbol del talento, una especie que puede adoptar infinidad de formas a la que no siempre dejamos crecer como se merece, limitando el desarrollo de nuestras capacidades. Y no olvidemos al árbol de la generosidad, siempre atento a las necesidades del resto de especies que, junto a él, hacen bosque.

¿Qué árboles están representados en el bosque de tu vida? ¿En qué especies estás concentrando tu atención? ¿Cuáles has dejado abandonadas al olvido? Esta semana te invito a pasear por el bosque de tu vida. No tengas miedo en perderte, aunque sea por un momento, en su frondosidad. Probablemente, encontrarás zonas húmedas y sombrías en la que se despertará tu inquietud. No obstante, habrá muchas otras en las que sentirás la caricia del sol que se filtra entre las ramas… e incluso hallarás algún que otro claro en el que todo cobrará sentido.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, LECTURAS

Mentalidades contrapuestas

El punto de vista que adoptas para ti mismo afecta profundamente a la forma en que llevas tu vida. Esta es la premisa en la que se basa Mindset. La actitud del éxito, una obra en la que Carol Dweck, profesora de Psicología Social en la Universidad de Stanford, reflexiona –a raíz de experiencias y estudios en el ámbito académico– sobre las mentalidades contrapuestas que estimulan o frenan la motivación, la personalidad y el desarrollo del individuo. Dichas mentalidades contrapuestas son la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento. Esta última, llamada mindset, se define como la capacidad humana de aceptar los defectos, debilidades y otros aspectos negativos del ser humano, y creer que es posible un cambio con la única finalidad de crecer, avanzar y alcanzar el éxito.

La mentalidad fija se articula en base a la creencia de que la inteligencia (y su manifestación en capacidades y habilidades) es estática: las cualidades personales que nos han sido dadas son inamovibles. El individuo que opera bajo este tipo de mentalidad concentra sus recursos en autoafirmarse permanentemente para convencer a los demás –y a sí mismo– de sus talentos. Según Dweck, las personas de mentalidad fija llenan su mente de pensamientos obstaculizadores que los llevan a evitar desafíos, a rendirse ante las dificultades, a minimizar sus esfuerzos, a ignorar cualquier crítica y a percibir los éxitos de los demás como una amenaza para sus propias capacidades. Se trata, por tanto, de una mentalidad determinista: el cambio debe producirse fuera.

La mentalidad de crecimiento, por el contrario, cree posible desarrollar la inteligencia para cambiar y crecer por medio de la dedicación y la experiencia. En palabras de Dweck, el verdadero potencial de una persona es desconocido; es imposible predecir lo que puede conseguirse tras años de pasión, esfuerzo y práctica. La mentalidad de crecimiento, con gran predisposición al aprendizaje, no teme a las dificultades: busca nuevos retos y desafíos, persiste ante los obstáculos, entiende el esfuerzo como un camino hacia el éxito, escucha las críticas para conocer posibles rasgos ocultos de sí mismo e interpreta los éxitos de otros como una fuente de inspiración para su propia superación personal. El mindset, a diferencia de la mentalidad fija, se basa en la creencia en el cambio interior.

¿Qué tipo de mentalidad crees tener? Para comprobarlo, basta con reflexionar sobre la actitud con la que te enfrentas a desafíos, obstáculos, esfuerzos, críticas, comparaciones… Lo bueno es que las mentalidades son creencias que podemos cambiar. ¿Cómo hacerlo? En primer lugar, no dejes que tu mentalidad fija te juzgue: supera sus límites buscando nuevas posibilidades en las que desarrollar necesidades, estrategias o capacidades. En segundo lugar, asume el protagonismo, desde la mentalidad de crecimiento, aceptando riesgos y desafíos –todas las opciones son posibles– hasta implementar el cambio que necesitas. ¿Con qué mentalidad vas a afrontar la semana? Tú decides.


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AUTOPÍAS, COACHING, LECTURAS

Yo, coach

Días atrás, mientras visitaba una librería de estrechos pasillos, tropecé con un libro cuyo título llamó inmediatamente mi atención. Se trata de La burbuja terapéutica, una obra de reciente edición en la que el ingeniero Josep Darnés, que se define como una persona hiperterapiada, relata su experiencia como adicto a la autoayuda, el autoconocimiento y las terapias, una vivencia cuyo sentido se apunta ya en el subtítulo del libro: Como caí en las trampas del crecimiento personal y las terapias. A la vez, el texto plantea una reflexión sobre la paulatina psicologización de la sociedad y sobre las garantías de las que adolecen, entre otros, los libros de autoayuda, la filosofía del pensamiento positivo, los talleres de sanación, el mindfulness… o el coaching.

Considero acertadas algunas de las observaciones de Darnés, entre ellas su preocupación por la proliferación de vendehumos y la evidente mercantilización de las diferentes corrientes que tratan de asistir al individuo en la búsqueda de su conocimiento y crecimiento personal. Coincido también en la inquietud –que yo percibo latente en todo el libro– por la predisposición de los consumidores de autoayuda a dejarse arrastrar por las modas sin discernir o discriminar las disciplinas o las formas de intervención más adecuadas para hacer frente a sus conflictos, problemas, dudas o deseos. No obstante, no comparto las críticas que el autor dirige al coaching al hablar de los conceptos de responsabilidad y zona de confort y de las características de los coaches en el ejercicio de su profesión.

Me gustaría concretar, antes de profundizar en dichas críticas, la definición de coaching. Para mí, el coaching es un proceso de aprendizaje y conocimiento en el que el cliente, desde su compromiso con el coach, descubre y alimenta sus propias capacidades y competencias con el fin de afrontar objetivos concretos. Lamentablemente, la traducción literal de coach por entrenador y el uso análogo de conceptos como coach, mentor, asesor o consultor han contaminado el alcance y los fundamentos de esta disciplina: no puede haber proceso de coaching si no hay motivación para el cambio, toma de conciencia, refuerzo de la confianza y la autoestima, responsabilidad y compromiso y plan de acción.

Josep Darnés considera que las apelaciones a la responsabilidad del cliente en su proceso de cambio son contraproducentes ya que no solo no contribuyen a empujar a la persona hacia sus objetivos, sino que la frustran porque piensa que todo es por su culpa, que es idiota o simplemente perezosa. Desde mi punto de vista, se debe diferenciar entre la responsabilidad que tenemos en lo que sucede (evidentemente, no tenemos control sobre todos los factores que condicionan nuestra existencia) y la responsabilidad con la que hacemos frente a lo que sucede. ¿Queremos ser víctimas o protagonistas? El buen coach comprobará, al iniciar el proceso, el grado de implicación que está dispuesto a asumir el cliente. Si no hay compromiso, no debe haber proceso de coaching.

Por otro lado, el autor de La burbuja terapéutica sostiene que el coach, en su ceguera por el crecimiento, no acepta que uno pueda desear “ir tirando” o seguir viviendo en la “zona de confort” que le hace feliz. Según la Asociación Española de Coaching (ASESCO), el proceso de coaching pretende cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde desea estar. De este modo, hay una insatisfacción a la que el cliente necesita dar respuesta: será él mismo quien decida hasta qué punto se mantiene en su comodidad actual y hasta qué punto se arriesga para ensanchar su experiencia del mundo. Quizá convenga sustituir lo de “salir de la zona de confort” –yo también he incurrido en esta expresión– por “extender la zona de confort” a través de la vivencia y del aprendizaje de nuevas creencias, comportamientos o emociones.

Finalmente, Darnés ironiza sobre el esfuerzo que requiere ser coach, un profesional que se tiene que presentar siempre delante de los demás como una especie de superhumano invulnerable, un modelo a seguir que se ha transformado a sí mismo, repleto de virtudes, perfecto y con un gran autoconcepto. En mi caso, nada más lejos de la realidad: me siguen asaltando las dudas, no soy inmune a la inseguridad y al desánimo, no tengo todas las respuestas (de hecho, dicen que el coaching es el arte de hacer preguntas) y aún me queda mucho que aprender de la vida. Creo que la honestidad es una cualidad fundamental para establecer una relación de igual a igual con los clientes y facilitar la consecución de sus objetivos. Y así, con humildad, te invito a dirigirte a mí para aclarar tus dudas sobre el coaching y, si lo necesitas, para iniciar un proceso conmigo. Puedes hacerlo a través del apartado Contacto de este blog.


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