AUTOPÍAS, REFLEXIONES

¿Desescalada?

Ayer domingo, escuchando la radio, llamó mi atención una intervención del escritor Juan José Millás en la que afirmaba que del confinamiento a la calle no se sale por la puerta de la casa, sino por una puerta del alma. Después de ocho semanas del confinamiento al que nos ha obligado el COVID19 puede que, efectivamente, no nos resulte tan fácil acceder a esa nueva normalidad que, poco a poco, se deja ver en el horizonte. Entrar en esa nueva cotidianidad de mascarillas, distancias sociales y aforos limitados, y desenvolvernos en ella, nos causará –nos está causando ya– sentimientos encontrados.

Las autoridades sanitarias han definido, para llegar a esa nueva normalidad, un proceso en varias fases denominado desescalada. La curva de contagios por coronavirus alcanzó semanas atrás su punto álgido –el llamado pico– y cae poco a poco, con algún que otro repunte, alimentando nuestra esperanza y confianza. El duro ascenso por las restricciones e incomodidades derivadas del confinamiento en nuestras casas da paso ahora a un descenso escalonado en el que ir recuperando hábitos o costumbres interrumpidos a mediados de marzo.

No obstante, conviene no olvidar que el descenso desde cualquier cumbre, al igual que la subida, no está exento de riesgos. El mayor peligro, una vez alcanzada la cima, es el exceso de confianza, que puede hacernos tropezar o resbalar ladera abajo. El descenso, además, es un momento crítico para sufrir lesiones debido al esfuerzo que hacemos para contrarrestar la fuerza de gravedad que tira de nosotros. Y puede que, de tanto bajar, lleguemos finalmente a un sombrío y sinuoso valle, rodeado de grandes montañas, del que solo podamos salir escalando de nuevo.

Por otro lado, habrá quien viva este tiempo no como una desescalada, sino como una auténtica escalada. Pienso, por ejemplo, en las personas que han perdido un ser querido o en aquellas que se han quedado sin trabajo, que tendrán que afrontar esa nueva normalidad –doblemente nueva– sin el apoyo o los recursos de los que disponían hasta ahora. Y pienso, también, en el esfuerzo de conciliación que tendrán que hacer muchas mujeres y hombres para seguir compaginando su empleo (quizá ya sin tantas facilidades para acceder al teletrabajo) con el cuidado de niños, dependientes o mayores mientras colegios y centros de asistencia sigan cerrados.

Al final creo que todos, en mayor o menor medida, iremos alternando entre desescalada (el deseo de recuperar actividades o rutinas que tuvimos que dejar aparcadas) y escalada (la superación de las grandes o pequeñas dificultades que iremos encontrando, indudablemente, en este nuevo contexto que se abre ante nosotros). La figura que tomar como referencia puede ser, más que una montaña que subir o bajar, la gráfica del ritmo cardíaco, que escala y desescala a cada instante. Sigamos, pues, el pulso de la vida, escuchando lo que nos dice en cada momento.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

El escalador frente a la cumbre

Este fin de semana he tenido ocasión de participar en una excursión a la Peña Muñana, una formación granítica situada junto a la localidad de Cadalso de los Vidrios, al suroeste de la Comunidad de Madrid. Según indican las guías, se trata de una ruta de baja dificultad (la cumbre se encuentra a poco más de 1.000 metros de altitud). No obstante, la suave ascensión inicial se torna más intensa, y algo exigente, a medida que nos acercamos a la cumbre. El paseo me ha suscitado dos reflexiones. La primera, el bienestar físico y emocional que supone contactar periódicamente con la naturaleza. La segunda, la importancia de una correcta planificación antes de emprender cualquier aventura.

Acompañados de una experta que nos iba explicando las características del paisaje, hemos completado la ascensión a la cumbre en cuatro etapas. La primera de ellas transcurría entre el inicio de la ruta, junto a las últimas casas del municipio, y un gran lanchar desde el que se podían observar los distintos tipos de bosque que íbamos a atravesar durante la subida. La segunda etapa concluía en unas formaciones rocosas frente a las grandes canteras –heridas de resplandecientes colores blancos– que rodean la zona. La tercera etapa terminaba al pie del tramo más duro del camino, junto a un sendero desde el que se podía divisar todo el pueblo. La cuarta etapa, con final en la cumbre, coronaba el recorrido con espectaculares vistas del Cordel de San Vicente, de la unión de la Sierra de Guadarrama con la Sierra de Gredos y de las Cabreras de San Juan.

Resulta difícil perderse en este tipo de excursiones: el guía conoce el lugar, la ruta aparece recogida en diversos planos, el camino está señalizado con pinturas o marcas labradas sobre la roca… Sin embargo, aún quedan nuevos caminos de ascensión por descubrir. ¿Cómo hacerlo? Los alpinistas, a la hora de definir la ruta más adecuada para alcanzar la cumbre, no empiezan por el punto de partida, sino por la cima: ¿dónde debo estar, justo antes de alcanzar la cumbre, para coronar la montaña con garantías de éxito? Una vez que encuentran respuesta para esta pregunta, se formulan la siguiente: ¿cuál es la mejor posición anterior para llegar a ese penúltimo paso previo a la cumbre? Y así sucesivamente. La planificación de su estrategia se basa en la reconstrucción del recorrido al revés, desde el final hasta su inicio.

Giorgio Nardone, experto en Terapia Breve Estratégica y Problem Solving Estratégico, propone aplicar la metodología de los alpinistas a la resolución de problemas y a la planificación de metas vitales al considerar que este procedimiento, basado en una estrategia mental contraintuitiva, evita el trazado de rutas que desvían del objetivo y permite seguir el camino más fácil hacia la cima. La llamada Técnica del Escalador permite fraccionar el objetivo final en objetivos más pequeños creando una serie de escalones con el fin de identificar el primer paso (la acción más pequeña y concreta posible) a seguir. De esta manera, quedan planificadas todas las etapas que será necesario cumplir para alcanzar el objetivo final.

Seguir la hoja de ruta facilitará la consecución de resultados. Eso sí, en el camino hacia la cumbre, aún siguiendo las etapas planificadas, es posible que surjan imprevistos e imponderables que habrá que ir afrontando según vayan apareciendo. En estos casos, mantener la mirada fija en la cumbre nos ayudará a adaptar o corregir la estrategia para resolver las incidencias. No tiene sentido caminar sin rumbo fijo o improvisar sobre la marcha: así solo conseguiremos desviarnos de nuestro objetivo. La vida es una sucesión de cordilleras con montañas de diferentes alturas y dificultades. ¿Sabes ya cuál es la próxima cima a escalar?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar