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AUTOPÍAS COACHING

NACHO MANTECÓN – MADRID

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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Resonancia

17/05/2021nachomanteconACONSEJAR, AMPLIFICACIÓN, ANTICIPAR, ATENCIÓN, COMPORTAMIENTOS, COMPRENDER, COMUNICACIÓN EMOCIONAL, COMUNICACIÓN NO VERBAL, COMUNICACIÓN VERBAL, CONTACTO, CONTEXTO, CONVERSACIÓN, DESCONECTAR, DIÁLOGO, DIÁLOGO INTERIOR, DISCURSO, EMOCIONES, EMPATÍA, ENTENDER, ESCUCHA, ESCUCHA ACTIVA, EXPERIENCIA, EXPRESIÓN, IDENTIFICACIÓN, IGNORAR, INFORMACIÓN, INTERACCIÓN, INTERRUMPIR, JUZGAR, MENSAJE, PAUTAS, PENSAMIENTOS, PERCEPCIÓN, REBATIR, RECEPTIVIDAD, RECONOCER, REFORMULAR, REPETIR, REPLICAR, RESONANCIA, RESPETAR, RETORCER, SENTIMIENTOS, SILENCIO, TERGIVERSAR, VIBRACIÓN

Más allá de la escucha activa

Resonancia

Las conversaciones que mantenemos con las personas con las que interactuamos suelen ser, en muchas ocasiones, un diálogo de sordos. A veces, nuestro propio diálogo interior, tan denso e incluso dramático (por su intensidad), nos impide oír cualquier cosa que no venga de nosotros mismos, de nuestro atolondrado flujo (o bucle) de pensamiento. Otras veces, en un alarde de superioridad o suficiencia, creemos saber por adelantado lo que nos van a decir y, por tanto, ignoramos directamente el mensaje que se nos quiere transmitir o hacemos todos los esfuerzos al alcance de nuestra mente para que ese mensaje coincida exactamente –retorcido o incluso tergiversado– con lo que nosotros esperábamos.

En estos casos, obviamente, no se produce una auténtica escucha, pues no estamos receptivos a lo que el otro nos quiere contar. Y no hay, por supuesto, lo que se llama escucha activa, concepto que define una forma de prestar atención a la conversación no solo con el fin de entender intelectualmente el mensaje que nuestro interlocutor nos transmite, sino también de comprender, a un nivel emocional, la experiencia que acompaña a dicho mensaje.

¿Qué pautas o comportamientos evidencian la falta de interés por una escucha activa?

  • Interrumpir constantemente para meter baza en la conversación.
  • Anticiparse a lo que el otro quiere contar, prejuzgando el contenido del mensaje.
  • Desconectar de la conversación para buscar respuestas o argumentos con los que replicar, rebatir o aconsejar una vez que el otro acabe de hablar… antes de haber escuchado todo lo que quiere o necesita decir.

¿Y qué gestos demuestran un auténtico interés por la escucha activa?

  • Escuchar no solo con los oídos, sino con todo el cuerpo (prestando atención a la comunicación verbal de nuestro interlocutor y expresando con nuestro cuerpo –con la mirada, con la postura– que nos interesa lo que nos están contando).
  • Repetir o reformular frases del otro, para invitarle a seguir hablando y obtener más información sobre lo que nos quiere decir (aunque el bocazas que llevamos dentro tenga ya preparada su réplica “pues yo…”).
  • Respetar los silencios que se puedan producir durante la conversación (no pasa nada por quedarse callado unos segundos).

La escucha activa, como decía antes, no se centra solo en el discurso de la conversación, sino que también favorece la comunicación emocional con el otro. Podemos decir, por tanto, que la escucha activa es la base que sustenta la empatía, un término que –a mi juicio– se ha simplificado tradicionalmente al definirlo como un sentimiento de identificación. Desde mi punto de vista, la empatía va más allá de eso, y podría definirse como la capacidad de percibir y comprender (o al menos, intentarlo) los pensamientos, los sentimientos y las emociones de los demás. Para empatizar no hace falta haber vivido las mismas situaciones: basta con reconocer esos pensamientos, sentimientos y emociones (aunque tengan su origen en otro tipo de experiencias).

Y con la empatía llegamos, al fin, a la resonancia, la palabra que da título a esta entrada. El mensaje del otro, que gracias a la escucha activa nos llega plenamente nítido, produce una vibración –la empatía– que, a su vez, da lugar a una expresión propia y genuina –la resonancia– que acompaña y enriquece la comunicación mutua. La conversación se amplifica pero no porque levantemos la voz para apropiarnos del turno de palabra –como solemos hacer cotidianamente, aun de forma inconsciente–, sino porque dejamos de hablar de nosotros para hablar desde nosotros, en contacto con el otro, de acuerdo a lo que ocurre en el contexto de la interlocución.

Nos tenemos muy oídos, y prácticamente nos sabemos de memoria. Tal vez sea el momento de silenciarnos para escuchar activamente, desarrollar empatía y resonar con lo que los demás nos dicen o nos tratan de contar.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, METÁFORAS

De lobos y perros

10/05/2021nachomanteconAMOR, APRENDIZAJE, ARMONÍA, ATENCIÓN, BLANCO, CONVERSACIÓN, CULPA, DESEOS, DIÁLOGO, DUALIDAD, EMPATÍA, ENERGÍA, ENFRENTAMIENTO, ENTENDIMIENTO, ENVIDIA, EQUILIBRIO, ESPERANZA, EXIGENCIA, FOCO, FRITZ PERLS, HISTORIA, HUMILDAD, INSPIRACIÓN, INSTINTOS, INTEGRACIÓN, IRA, LEYENDAS, LOBOS, LUCHA, NECESIDADES, NEGRO, NORMAS, ORGULLO, PAZ, PERRO DE ABAJO, PERRO DE ARRIBA, PERROS, POLARIDADES, POLOS, RENCOR, SATISFACCIÓN, TERAPIA GESTALT, VERDAD, VIDA

Lobos

Dicen que la vida nos suele poner delante aquello que necesitamos aprender… o recordar, si es que nos hemos despistado. Y eso es lo que me ha ocurrido a mí cuando buscaba inspiración para escribir esta entrada: después de dar muchas vueltas, me he encontrado con esta pequeña historia que viene a mí de forma recurrente (me he topado con ella en libros, películas y series de televisión) y que me dice mucho en esos momentos de duda en los que no sé si estoy invirtiendo mi energía de forma adecuada o si estoy focalizando mi atención en la dirección correcta.

Pero… ¿qué historia es esa? Mejor te la cuento, a ver si también te dice algo a ti.

Se trata de una leyenda, atribuida a los indios cherokees, sobre la lucha que tiene lugar en el interior de cada uno de nosotros. Sus protagonistas son dos personas que conversan entre sí –un abuelo y su nieto, en la mayoría de las adaptaciones que he encontrado– y dos lobos. La conversación entre esas dos personas se inicia con distintos argumentos, según la fuente y la traducción, pero todas las adaptaciones confluyen hacia un mismo nudo y desenlace que, en mis propias palabras, sería algo así:

  • Abuelo: Hijo, dentro de cada uno de nosotros está ocurriendo una terrible pelea entre dos lobos. Y esa misma pelea, sin que tú lo sepas, está ocurriendo también dentro de ti.
  • Nieto: ¿Y cómo son esos lobos, abuelo?
  • Abuelo: Uno de ellos, de color negro, representa la ira, la rabia, el temor, la envidia, el rencor, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, el resentimiento, el orgullo, el sentimiento de superioridad, la exigencia… El otro lobo, de color blanco, representa la armonía, la paz, la esperanza, la serenidad, la humildad, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión, el amor…
  • Nieto: Abuelo, ¿cuál de los dos ganará la pelea?
  • Abuelo: Aquel al que alimentes.

La dualidad de la que nos habla esta historia me recuerda a una de las polaridades que se trabajan en Terapia Gestalt, cuyo impulsor, Fritz Perls, hablaba también de dos animales –en este caso, dos perros– enfrentados dentro de nosotros: el perro de arriba, que es el que pone las normas (debes hacer esto, tienes que hacer eso otro…) y nos vigila, señala y castiga por nuestros aparentes incumplimientos; y el perro de abajo, que busca satisfacer nuestros deseos, instintos y necesidades de forma natural e inmediata.

Como ocurre con cualquier dualidad (ya sea la que representan los lobos, los perros o cualquier otro ejemplo que queramos buscar), cada polo es necesario para que su opuesto pueda existir. Por tanto, no se trata de alimentar exclusivamente a uno y dejar que el otro muera por inanición, sino de alimentar a cada parte de acuerdo a las circunstancias del momento, según convenga a la ocasión. Para ello, ambas partes (los dos lobos, los dos perros) deben dialogar y entenderse para vivir en un estado de equilibrio integrador.

Y, a veces, para restaurar el equilibrio hay que recordar breves historias como esta, que nos ayudan a fijar nuestra atención.

Yo estaba alimentando de más a uno de mis lobos, a uno de mis perros. ¿Y tú? ¿Cómo y cuánto alimentas a las fieras que habitan dentro de ti?


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, PNL, REFLEXIONES

Un lugar en la conversación

12/04/2021nachomanteconACTOS, ACUERDO, AFIRMACIONES, ARGUMENTOS, CAPACIDADES, CÓMO, COMPORTAMIENTOS, COMPRENSIÓN, CONVERSACIÓN, CREENCIAS, CUÁNDO, DÓNDE, DIÁLOGO, DISCREPANCIA, DISCURSO, ENTENDIMIENTO, ENTORNO, ESCUCHA, ESCUCHAR, ESPIRITUAL, ESTRATOS, ESTRUCTURA, EXPERIENCIAS, FRECUENCIAS, GREGORY BATESON, HABLAR, IDENTIDAD, INTERACCIÓN, INTERLOCUCIÓN, LIMITACIONES, LUGAR, MOTIVACIONES, NIVELES LÓGICOS, NIVELES NEUROLÓGICOS, PARA QUIÉN, PERSONALIDAD, PIRÁMIDE DE NIVELES NEUROLÓGICOS, PLANO, PNL, POR QUÉ, PREDISPOSICIÓN, PREGUNTAS, PROFUNDIDAD, PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA, QUÉ, QUIÉN, RESPUESTAS, ROBERT DILTS, SIGNIFICADO, SUPERFICIALIDAD, TRANSPERSONAL, VALORES

Probablemente hayas tenido alguna vez, en una conversación, la sensación de que no te estabas entendiendo con tu interlocutor. Tal vez las palabras utilizadas tenían un significado claro y preciso, pero, aun hablando aparentemente de lo mismo, subyacía algo que dificultaba la comprensión mutua y, por tanto, el diálogo entre ambos. ¿Qué ocurre en estas situaciones? ¿Acaso se ha convertido nuestro idioma en una lengua muerta?

Si damos por supuesto que hay una predisposición a la escucha (escapando de esa tendencia cada vez más extendida de hacer oídos sordos a cualquier discurso que no coincida en su literalidad con el nuestro), estas situaciones de falta de entendimiento se producen porque nosotros, y nuestros interlocutores, no hablamos desde el mismo lugar. Sí, parece que hablamos de lo mismo, pero, en realidad, no estamos hablando desde un mismo plano mental o emocional.

Cuando hablo de lugar me refiero, concretamente, a cada uno de los escalones de la pirámide de niveles neurológicos descrita por Robert Dilts, uno de los referentes actuales de la Programación Neurolingüística (PNL), a partir de los estudios previos del antropólogo Gregory Bateson. Podemos definir los niveles neurológicos, también llamados niveles lógicos, como los distintos estratos –jerárquicos, permeables– en los que se codifican nuestras experiencias y se definen nuestras respuestas a la hora de interactuar con el mundo.

Según Dilts, podemos hablar de seis niveles neurológicos que van desde lo más superficial a lo más profundo (de ahí que a veces se representen también como pirámide invertida, en forma de iceberg):

  • Entorno: el lugar físico y temporal en el que se produce la interacción.
  • Comportamientos: los actos específicos que hacemos en esa interacción.
  • Capacidades: la forma en la que generamos y desarrollamos dichos actos.
  • Creencias y valores: el lugar del que emana la motivación o la limitación que, mediante el uso de las capacidades, conducirá o reprimirá dichos comportamientos específicos.
  • Identidad: la estructura de nuestra personalidad.
  • Espiritual: cuando el individuo considera que hay una instancia superior que trasciende de sí mismo.

Por tanto, en cualquier conversación, conviene tener claro desde dónde estamos hablando y desde dónde nos escucha nuestro interlocutor (y viceversa). Para ello, debemos prestar atención a las preguntas básicas que subyacen bajo cada argumento o afirmación. Las preguntas dónde y cuándo nos dan información sobre un entorno determinado. Las preguntas qué y cómo nos ayudan a identificar, respectivamente, los comportamientos y las capacidades que entran en juego en una determinada interacción. La pregunta por qué, por su parte, nos revela las creencias y valores que se están movilizando o reprimiendo. Y, finalmente, las preguntas quién y para quién nos conducen a la identidad y a esa dimensión transpersonal que situamos por encima de nosotros.

Esto, a priori, puede parecer muy teórico. ¿Y si pensamos en situaciones concretas?

Imaginemos, por ejemplo, una conversación sobre el trabajo en la que nuestro interlocutor nos habla de la reunión que tuvo lugar el día anterior en la oficina. Puede que su intención sea solo hablar de un determinado entorno; sin embargo, nosotros, de acuerdo a lo que vivimos y experimentamos en esa reunión, podemos sentirnos señalados o atacados en nuestras capacidades. Del mismo modo, podemos hablar abiertamente de nuestra identidad o de nuestras creencias y valores y encontrarnos con que nuestro interlocutor nos escucha a un nivel más superficial o trivial, como si habláramos de simples comportamientos ante una situación concreta.

El entendimiento solo es posible cuando nos aseguramos de que hablamos y escuchamos desde un mismo lugar, desde un mismo nivel. Quizá eso es lo que nos falta, ajustar la frecuencia, el punto de nuestro dial neurológico en el que tener la mejor conversación. No obstante, entendimiento no significa necesariamente que haya acuerdo sobre los argumentos que se esgrimen: el entendimiento es también la base de una sana discrepancia.

Hoy te animo a prestar atención a tus conversaciones. ¿Desde qué lugares hablas? ¿Desde qué lugares sueles escuchar? Feliz semana.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

Sí, y además

22/02/2021nachomanteconALTERNATIVAS, ARGUMENTOS, AUTONOMÍA, CAMBIO, CONSEJOS, CONSTRUCTIVO, CONTEXTO, CONTRAPOSICIÓN, CONTROL, CONVERSACIÓN, CORRECCIONES, CRÍTICAS, CREATIVIDAD, CUMPLIDOS, DECISIONES, DEMANDAS, DESARROLLO PERSONAL, DIÁLOGO, DIÁLOGO INTERIOR, DICTADOR, DISOCIACIÓN, ENRIQUECIMIENTO, ESCUCHA, HERRAMIENTAS, HIPÓTESIS, IDEAS, IMAGINACIÓN, INDAGACIÓN APRECIATIVA, INDEPENDENCIA, INTEGRACIÓN, INTERACCIÓN, LÍMITES, MIEDO, MODELO, NEGACIÓN, OBJETIVOS, PEDAGOGÍA, POSITIVO, PROBLEMAS, PROPUESTAS, RECOMENDACIONES, RECONOCIMIENTO, REFORMULAR, RENOVACIÓN, RESPUESTAS, SOLUCIONES, SUGERENCIAS, TIPOS, TOMA DE DECISIONES, TRANSFORMACIÓN, VALORES, VARIABLES

Vivimos en una conversación permanente. Hablamos con nuestros seres queridos, charlamos con compañeros de trabajo o clientes, chateamos o quedamos con amigos, interactuamos con vecinos y comerciantes… Y, al tiempo, conversamos con nosotros mismos a través de nuestro diálogo interior, a veces demasiado exhaustivo y exigente debido al elevado número de hipótesis y variables que nos planteamos.

En toda conversación suele haber, veladas o manifiestas, sugerencias que adoptan distintas formas, desde críticas a cumplidos pasando por consejos o recomendaciones. ¿Cómo respondes cada vez que recibes alguna de estas sugerencias?

En El pequeño libro de las grandes decisiones, un clásico de Mikael Krogerus y Roman Tschäppeler que recopila los modelos más conocidos de toma de decisiones, se identifican cuatro tipos de personas en función de sus respuestas ante las sugerencias. Veamos cuáles son esas respuestas:

«¡No!». Decir “no” es una de las herramientas a nuestro alcance para poner límites y mantener nuestra autonomía e independencia respecto a las demandas del entorno en el que nos movemos. El problema viene cuando decimos “no” de forma automática, sin escuchar realmente lo que nos están diciendo, o como parapeto del miedo a perder el control o el statu quo de una determinada situación. En este caso, el “no” es la respuesta del dictador.

«No, la idea no es buena porque…». El “no” en esta respuesta implica que, al menos, hemos escuchado la propuesta de nuestro interlocutor. Sin embargo, la sugerencia no nos encaja o no la vemos apropiada para el contexto en el que se formula y, en vez de plantear alternativas, centramos nuestra respuesta en desmontar, punto por punto, la propuesta que nos dan. Se entiende, en cualquier caso, que en esta respuesta va implícita la voluntad de ser constructivo o pedagógico (no se rechaza de plano, sino que se aportan argumentos), razón por la que se conoce como la respuesta del maestro.

«La idea es buena, pero…». Aquí hay un reconocimiento de la propuesta que nos hacen: la sugerencia nos parece acertada. El problema viene con el “pero” que añadimos después. La conjunción “pero” supone una contraposición entre dos proposiciones, de modo que el reconocimiento inicial queda rápidamente anulado por las objeciones que planteamos a la idea o sugerencia inicial. En vez de integrar planteamientos, los disociamos. Y como ocurría en el caso anterior, no planteamos alternativas. Se dice que esta es la respuesta del criticón.

«Sí, y también podríamos…». Esta es la respuesta más constructiva y positiva de las cuatro. Como en la anterior, hay un reconocimiento de la propuesta o sugerencia de partida y, a la vez, hay un enriquecimiento con nuestras propias aportaciones. La aceptación de la propuesta no implica necesariamente que se vaya a implementar tal cual se ha formulado: las correcciones son posibles, aunque en este caso no se manifiestan de forma negativa o destructiva (como ocurre en el “no, porque” y en el “sí, pero”), sino que se realizan mediante la formulación de nuevas ideas o estrategias que modulan y complementan la sugerencia inicial. Esta es la respuesta del pensador.

¿Te identificas mayoritariamente con alguno de estos tipos de respuesta?

La respuesta del pensador es la clave de la Indagación Apreciativa, una estrategia desarrollada en los años ochenta del pasado siglo por los psicólogos David Cooperrider y Shuresh Srivastva para la renovación, cambio y transformación de los entornos de trabajo que también tiene su aplicación en el ámbito del desarrollo personal. La premisa inicial de la Indagación Apreciativa es que no hay que enfocarse en los problemas, sino en la búsqueda de soluciones orientadas al cambio a partir de una reformulación en positivo de la situación actual. Una reformulación basada en la identificación y puesta en valor de lo que funciona y en nuestra capacidad para encontrar respuestas creativas e imaginativas de acuerdo a nuestros valores y a los objetivos que pretendemos lograr.

Si lo que has leído hasta aquí es un “sí”, ¿qué vas a aportar como “además”?


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

¿Bloqueo? Punto y seguido

10/11/2020nachomanteconALTERNATIVAS, AMBICIÓN, BLOG, BLOQUEO, COHERENCIA, COMIENZO, COMPRENSIÓN, COMPROMISO, CONCEPTOS, CONECTAR, CONTINUAR, CRÍTICA, CREATIVIDAD, DEFENSA, DIÁLOGO, ENTENDIMIENTO, ESFUERZO, EXPERIENCIA, FRUSTRACIÓN, GENUINO, IDEAS, IMAGINACIÓN, INSPIRACIÓN, INTEGRACIÓN, MENSAJE, MENTE, PALABRAS, PERFECCIONISMO, POTENCIAL, PROCESO, PROTECCIÓN, RECONOCIMIENTO, REFLEXIÓN, REFORMULACIÓN, RELACIONES, RESPONSABILIDAD, RUIDO, SOLUCIONES, UTILIDAD

Afronto, en estas líneas, una de las situaciones más temidas desde que publiqué, hace casi tres años, la primera entrada en este blog: el bloqueo. Como ya he comentado alguna vez, las ideas para cada texto me van surgiendo, casi de forma espontánea, en la semana previa a la publicación de cada entrada. En el momento en el que considero que cada idea tiene suficiente fuerza, comienzo a buscar conceptos y relaciones que me ayuden a construir el mensaje que pretendo transmitir. Y, finalmente, el día antes o el mismo día de la publicación, me enfrento al esfuerzo que supone (a pesar de la experiencia acumulada) hilar, con palabras, un texto que resulte útil, interesante y –ojalá– estimulante para la reflexión personal y colectiva.

Esta semana, sin embargo, no he conseguido dar forma a la idea que tenía en mente. En principio, apuntaba ser una idea original, visual e imaginativa, pero las metáforas en las que se apoyaba no me parecían suficientemente sólidas (las metáforas, cuando hay que explicarlas, no funcionan), y no acababa de encontrar palabras con las que expresar esa idea de forma coherente o comprensible. Difícil, por tanto, articular la entrada que había previsto. Tal vez pueda retomarla más adelante. De momento, hoy no.

Estoy bloqueado.

Y, por extensión, estoy frustrado, en una doble dirección: por un lado, por mi incapacidad para materializar, en un texto escrito, la idea a la que había estado dando vueltas en mi cabeza; por otro, por haber tenido que retrasar unas horas la publicación de esta entrada (publicar cada semana es, para mí, un compromiso y una responsabilidad).

Con estos elementos, podría seguir lamentándome por la falta de inspiración. Pero… ¿de qué me serviría? De nada, te lo aseguro. Por eso, prefiero ser constructivo y aprovechar esta entrada para repasar –y compartir contigo– algunas consideraciones con las que hacer frente a eventuales bloqueos (tanto en la escritura o en otro acto creativo como en cualquier actividad de nuestra vida cotidiana):

Paso #1: recuerda que el bloqueo forma parte del proceso. Generalmente, tendemos a ver el bloqueo como un enemigo que nos boicotea. Olvidamos que todo bloqueo es, por definición, un mecanismo de defensa, una forma de protección. ¿De qué nos defiende? Eso es lo que tenemos que averiguar. Por tanto, investiga sobre el significado que puede tener el bloqueo en relación a la actividad que te impide realizar. ¿Hay un afán de perfeccionismo, crítica, ambición? Imagina su forma: cuando le das un aspecto material, el bloqueo deja de ser una abstracción para convertirse en algo concreto que puedes medir y cuestionar. Y, finalmente, dialoga con él: agradece su presencia –el bloqueo es la oportunidad para un nuevo comienzo– y busca un punto de entendimiento que te permita integrarlo en la actividad hasta ahora bloqueada.

Paso #2: date un respiro. En este punto, conviene dejar que nuestro diálogo con el bloqueo siga desarrollándose en un nivel más inconsciente. Para ello, debemos liberar a nuestra mente del ruido constante que la acompaña: respira, medita, ponte a hacer ejercicio o sal a dar un paseo. También puedes concentrarte en otras tareas distintas a la que quedó suspendida por el bloqueo (todo cambio de actividad ayuda al cerebro a no quedarse anclado en un mismo punto).

Paso #3: conecta con tu creatividad. Una vez oxigenados, y dotados de una nueva energía, llega el momento de sacar la creatividad que todos llevamos en nuestro interior. Rememora soluciones creativas que hayas puesto en práctica para resolver problemas o dificultades anteriores; dedícate a aficiones o pasatiempos que permitan aflorar tu máximo potencial de creatividad. Recuerda que la creatividad no es solo cosa de los artistas: se puede ser creativo en cualquier actividad, incluso en aquellas que, a priori, puedan parecer triviales.

Y, finalmente, vuelve a lo que estabas haciendo cuando quedaste atrapado por la sensación de bloqueo. ¿Ha cambiado algo? ¿Qué alternativas tienes? ¿Cómo puedes continuar?

Como queda reflejado en estas líneas, el mejor camino para salir de un bloqueo pasa por conectar con uno mismo, reconocerse en las dificultades, reformular expectativas, encontrar lo genuino… y continuar. No era así como lo había previsto, pero la entrada queda publicada. ¡Feliz lectura!


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Una conversación auténtica

24/02/2020nachomanteconAPRENDIZAJE, ARGUMENTARIO, ASOMBRO, COMUNICACIÓN, CONFLICTOS, CONOCIMIENTOS, CONVERSACIÓN, CREENCIAS, DIÁLOGO, DIÁLOGO SOCRÁTICO, DIFERENCIAS, DISCREPANCIAS, DISCUSIÓN, ENTENDIMIENTO, ESCUCHA, IDEAS, INQUIETUDES, INTERACCIÓN, INTERLOCUCIÓN, INTERPRETACIONES, MANIPULACIÓN, MAYÉUTICA, MÉTODO, MOTIVACIONES, OBJETIVOS, PREGUNTAS, PREJUICIOS, PRINCIPIOS, PROBLEMAS, PUNTO DE VISTA, RELEVANCIA, RESPUESTAS, SÓCRATES, SUSPICACIAS

Ayer me encontré con esta cita, atribuida a un autor desconocido: Las discusiones siempre comienzan con una respuesta en la mente. Las conversaciones comienzan con una pregunta. ¿Estás de acuerdo? En general, al interactuar con otras personas solemos dejarnos llevar por ideas preconcebidas que condicionan el desarrollo de la conversación. Pero, ¿lo hacemos con el ánimo de discutir? En mi opinión, esas ideas preconcebidas –a veces suspicacias, a veces prejuicios– nos llevan a manipular la interlocución para llegar a la respuesta que inicialmente esperábamos, sentando así las bases para una discusión sin diálogo, o a inhibir determinados temas de conversación para no crear un (supuesto) conflicto (ya sé lo que me va a decir, seguro que piensa de esta manera…).

En ambos casos, la comunicación que establecemos es unidireccional: solo nos interesa confirmar nuestras sospechas (incluso distorsionando, en nuestro propio beneficio, los argumentos de nuestro interlocutor) o protegernos de una eventual discusión sobre cuestiones en las que, a priori, consideramos que llevamos las de perder. No hay, por tanto, ningún interés sobre las motivaciones o inquietudes reales de las personas con las que interaccionamos. De hecho, muchas veces ni siquiera escuchamos lo que nos cuentan: nuestra mente está demasiado distraída buscando recursos con los que reivindicar y reiterar nuestro argumentario, y solo deseamos que el otro finalice su réplica (si es que le dejamos espacio para ello) con el fin de recuperar, cuanto antes, el turno de palabra en la conversación.

Volvamos a la cita inicial. ¿Y si, en vez de buscar respuestas preconcebidas, buscamos preguntas con las que promover una conversación auténtica? Las preguntas nos permiten cuestionar las ideas prefijadas que podamos tener de nuestro interlocutor e incluso, si realmente nos dejamos interpelar en una conversación bidireccional, cuestionar o matizar ese argumentario, definido previamente a partir de nuestros principios y creencias, con el que participamos en la interlocución. La relevancia de las preguntas como pilar de la comunicación no es un hecho reciente: Sócrates las utilizaba ya, alrededor del siglo V a.C., como instrumento de la mayéutica (en griego, experto en partos), el método que usa el maestro para, a través de preguntas, facilitar el aprendizaje de sus alumnos, ayudándoles a dar a luz nuevas ideas y conocimientos.

El diálogo socrático requiere un auténtico acercamiento a las motivaciones e interpretaciones del mundo de las personas con las que hablamos. Formular preguntas abiertas, claras, breves, concisas y directas predispone hacia un entendimiento que, a su vez, facilita la búsqueda e identificación de objetivos, problemas o puntos de vista comunes que permiten no solo avanzar hacia respuestas conjuntas y colectivas, sino también situar a los interlocutores en una “casilla de seguridad” desde la que afrontar, con honestidad y valentía, las discrepancias o diferencias que, inevitablemente, surgen con las personas con las que tratamos. ¿Crees posible una comunicación sin expectativas? Como dijo Sócrates, el conocimiento empieza en el asombro. ¡Déjate asombrar!


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AUTOPÍAS, COACHING, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING, PNL

El camino de la negociación

03/02/2020nachomanteconACUERDO, CAPACIDADES, COACHING, COMUNICACIÓN, CONCRETAR, CONFLICTOS, CRECIMIENTO PERSONAL, CRECIMIENTO PROFESIONAL, DEFENDER, DIÁLOGO, EMPATÍA, ENTENDIMIENTO, ENTRENAMIENTO, ESPECÍFICO, EVITACIÓN, EXPECTATIVAS, GENERALIZACIONES, HABILIDADES, HERRAMIENTAS DE COACHING, IMPOSICIÓN, INSATISFACCIÓN, LÍMITES, MOTIVACIONES, NECESIDADES, NEGOCIACIÓN, OPCIONES, PERSPECTIVA, PNL, POSTURA, PROBLEMAS, PROGRESO, PROPUESTAS, RECURSOS, RESPONSABILIDADES, RESULTADOS, SOLUCIÓN, SOMETIMIENTO, VIDA

Las informaciones que nos llegan a través de los medios de comunicación ponen de manifiesto el importante papel que juegan las negociaciones en el progreso –o en la involución– del mundo en el que vivimos. Así, los países o los entes supranacionales que los representan negocian tratados o acuerdos de colaboración, los partidos políticos negocian medidas o inversiones para tal o cual ámbito, las empresas negocian fusiones y adquisiciones, los llamados agentes sociales negocian las condiciones del mercado de trabajo… No obstante, la negociación no se da solo en las altas esferas: nuestra vida, en todos sus ámbitos, es una negociación constante (con nuestros padres, hijos, hermanos, jefes, compañeros de trabajo, vecinos, amigos, etc.).

¿Por qué es necesaria la negociación? Porque todos, como individuos diferenciados, tenemos necesidades y expectativas propias que, en un momento dado, pueden entrar en colisión con las necesidades y expectativas de quienes nos rodean. En este sentido, la negociación se configura como un instrumento de la comunicación que permite que las partes en conflicto puedan encontrar conjuntamente una solución satisfactoria para todos. Para que esa solución sea efectivamente satisfactoria, cualquier negociación ha de enfocarse siempre desde la búsqueda de un resultado ganador/ganador. Cualquier otro resultado no es, en sí mismo, una negociación: los resultados ganador/perdedor y perdedor/ganador indican imposición y sometimiento, respectivamente; el resultado perdedor/perdedor apunta a una huida o evitación de responsabilidades que solo ayuda a perpetuar el conflicto.

¿Cómo enfrentar una negociación? Antes de acudir a la negociación, es necesario establecer, de forma clara, la posición concreta a defender así como los límites, por arriba y por abajo, en los que sería posible alcanzar el acuerdo. Una vez en la negociación, hay que desarrollar la empatía para colocarse en la posición del otro y tratar de entender sus planteamientos: no sirve de nada estar a la defensiva, es preciso adentrarse en las motivaciones de quien tenemos en frente. Generalmente, las propuestas planteadas en una negociación suelen ser muy específicas, de ahí que sea conveniente elevar la conversación a aspectos más generales donde sea más factible llegar a entendimientos para, una vez allí, descender de nuevo hacia los aspectos concretos que motivaron el conflicto y dieron lugar a la negociación. Este viaje comunicacional permitirá, probablemente, un cambio de perspectiva que facilitará un principio de acuerdo o incluso la solución definitiva al problema planteado.

Algunas personas tienen un don especial para la negociación. Otras, en cambio, creen no tener capacidad para ello. Error: no se trata de tener, sino de entrenar una serie de recursos latentes, entre ellos, la capacidad para conectar con nuestras necesidades y definir claramente nuestra postura ante una determinada situación, la habilidad de ponernos en el lugar del otro para acceder a su visión del mundo y la oportunidad de establecer un diálogo sincero y honesto orientado a la búsqueda de acuerdos integradores que permitan no solo superar un conflicto determinado, sino también seguir creciendo personal y profesionalmente. El Coaching y la Programación Neurolingüística (PNL) son opciones que pueden ayudarte a explorar esos recursos. ¿Quieres recorrer ese camino?


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, PNL

Elemental, querido lector

02/12/2019nachomanteconACCIÓN, ANTICIPACIÓN, AUTOCONOCIMIENTO, CAMBIO, CAPACIDADES, COMPORTAMIENTOS, COMUNICACIÓN, CONDUCTAS, CONTEXTO, CREENCIAS, DECISIONES, DIÁLOGO, ENTENDIMIENTO, ESTEREOTIPOS, ESTRATEGIAS, EXPERIENCIA, HABILIDADES, HONESTIDAD, INTENCIONES, INTERPRETACIÓN, MAPA, METODOLOGÍA, OPCIONES, OPTIMIZAR, PERCEPCIÓN, PNL, POSIBILIDADES, POTENCIAL, PREJUICIOS, PRESUPOSICIONES, PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA, REALIDAD, RECURSOS, RELACIONES, SENTIDOS, TERRITORIO, VALORES, VERDAD

Todos disponemos, en mayor o menor medida, de un catálogo de estereotipos y prejuicios –nacidos de nuestra experiencia o tomados, sin cuestionar, del contexto que nos rodea– que colocamos sobre las personas que nos vamos encontrando a nuestro alrededor. La existencia de este catálogo se ajusta a la necesidad que tiene el ser humano de anticiparse a la realidad con el fin de tomar rápidamente, llegado el caso, decisiones firmes y concretas. El problema es que, por lo general, encasillamos a los otros sin darnos apenas la opción de conocerlos. Dado que ese interés de anticipación parece inherente al ser humano, propongo sustituir esos estereotipos o prejuicios por lo que la Programación Neurolingüística (PNL) –una metodología de autoconocimiento, comunicación y cambio diseñada por John Grinder y Richard Bandler en los años setenta del siglo XX– denomina presuposiciones.

Las presuposiciones son premisas que, si bien no constituyen verdades absolutas, se toman como si fueran ciertas con el fin de optimizar nuestras relaciones con los otros y con nosotros mismos. Una de las presuposiciones más conocida es el mapa no es el territorio. Esta afirmación, tomada de la Semántica General de Alfred Korzybski, nos recuerda que cada uno de nosotros percibe el mundo de forma única: la realidad (el territorio) nos llega filtrada por la interpretación que de ella hacen nuestros sentidos, nuestras experiencias, nuestros valores y nuestras creencias (el mapa). Así como defendemos nuestro mapa, debemos respetar también el mapa que siguen los demás para desenvolverse en el territorio –la realidad– que compartimos.

Y así llegamos a otra de las presuposiciones de la PNL: la gente funciona perfectamente. Solemos pensar que nuestro mapa es el más acertado porque es el que más se ajusta a nuestras capacidades y recursos… y olvidamos que los demás actúan, en sus mapas, también de acuerdo a sus estrategias y habilidades. Si nosotros, según creemos, funcionamos perfectamente, ¿cómo no lo van a hacer los demás? Todos operamos de la mejor manera que sabemos y aplicamos las estrategias que conocemos (sean estas más o menos adecuadas para afrontar una situación concreta). De aquí se desprende otra presuposición: la gente toma la mejor opción posible dadas sus posibilidades y capacidades según su mapa del mundo.

En base a lo anterior, rizando el rizo, otra de las presuposiciones afirma que todo comportamiento tiene una intención positiva en su origen. Toda conducta busca conseguir algún beneficio, aunque este no sea consciente. Ojo, no se trata de justificar el comportamiento de una persona –o de nosotros mismos–, sino de comprenderla, entender la base o la motivación que la mueve a actuar de la forma en que lo hace. De la misma manera, toda acción tiene su sentido, sea consciente o no, dentro de un contexto determinado. Habrá que valorar después si esa intención positiva y ese sentido son funcionales y adaptativos y, si no lo son, buscar nuevas estrategias que nos permitan actuar de otra manera. En este sentido, la PNL nos recuerda que todas las personas tenemos los recursos que necesitamos o podemos crearlos.

Si miramos el mundo a la luz de estas presuposiciones, ¿qué cambia? Por un lado, dejamos de considerar la realidad como una verdad única que solo nosotros, con nuestro mapa, podemos interpretar, y descubrimos la intencionalidad de nuestro comportamiento y del de los demás. Por otro lado, podemos abrirnos a las interpretaciones de otros, tomando de su mapa elementos –capacidades, estrategias, recursos– que nos puedan ayudar a desarrollar nuestro potencial y a mejorar nuestra relación con el mundo, y, a la vez, podemos dejar que los demás acudan a nuestro mapa, sin imposiciones, para inspirarse en él. Quizá no siempre sea posible un entendimiento –hay mapas que, a priori, parecen irreconciliables– pero, al menos, podremos dialogar con honestidad.


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Reivindicando competencias

28/10/2019nachomanteconACCIONES, ACOMPAÑAMIENTO, ACUERDO, APOYO, APRENDIZAJE, ASESCO, ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE COACHING, ÉTICA, CAMBIO, CAPACIDADES, CÓDIGO DEONTOLÓGICO, CIMIENTOS, COACHING, COMODIDAD, COMPETENCIAS, COMPORTAMIENTOS, COMPRENSIÓN, COMPROBACIÓN, COMPROMISO, COMUNICACIÓN DIRECTA, CONCIENCIA, CONFIANZA, CONFIDENCIALIDAD, DESARROLLO, DIÁLOGO, EFECTIVIDAD, ELEMENTOS, ENTORNO, ESCUCHA, ETIQUETAS, EXPERIENCIA, FASES, HABILIDADES, ICF, IDEAS, IMPLICACIÓN, INQUIETUDES, INTENCIONES, INTERNATIONAL COACH FEDERATION, INTERPRETACIONES, LIBERTAD, METAS, MOTIVACIÓN, OBJETIVOS, OPCIONES, PENSAMIENTOS, PLAN DE ACCIÓN, PLANIFICACIÓN, POTENCIAL, PREGUNTAS PODEROSAS, PREJUICIOS, PRESENCIA, PROCESO, PROFESIONALIDAD, REALIDAD, RECURSOS, RELACIÓN, RESPONSABILIDAD, RESULTADOS, SEGUIMIENTO, SEGURIDAD, SENTIMIENTOS, TOMA DE CONCIENCIA, VALORES, VERIFICACIÓN

En la anterior entrada del blog (Tres de tres) mencionaba tres elementos que cualquier persona interesada en iniciar un proceso de coaching debe poner en juego para sacar el máximo provecho de la experiencia: la motivación al cambio, la toma de conciencia y la responsabilidad (ámbito en el que se incluye también el compromiso). Estos elementos, indispensables para que pueda hablarse de coaching, demuestran la implicación del cliente en las distintas fases del proceso (definición de objetivos, diagnóstico de la realidad que nos aleja o nos acerca a nuestras metas vitales, valoración de opciones y diseño de acciones concretas que nos ayuden a alcanzar el propósito deseado). Por su parte, el coach demuestra su implicación con una serie de competencias.

La Asociación Española de Coaching (ASESCO) ha asumido como propias las competencias definidas en su día por la International Coach Federation (ICF), que distribuye estas competencias en cuatro grupos. El primero de ellos incluye aquellas competencias que permiten establecer los cimientos de la relación de coaching. Una de las competencias esenciales, en este ámbito, consiste en elaborar un acuerdo de coaching que recoja los aspectos formales del proceso (número de sesiones, duración de cada sesión, precio, forma de pago, lugar de realización de las sesiones) y su intencionalidad (el objetivo inicial que mueve al cliente a iniciar el proceso de coaching). Es conveniente, además, que el coach informe al cliente sobre el código deontológico al que se acoge para garantizar la ética profesional y la confidencialidad del proceso.

En un segundo grupo se encuentran, según la definición de la ICF, las competencias que permiten desarrollar la relación de coaching. En este apartado se incluyen las habilidades del coach para diseñar y crear un entorno seguro, confidencial y de confianza en el que el cliente pueda sentirse cómodo y expresarse con libertad. Estas habilidades configuran la denominada presencia de coaching: el coach se desprende de prejuicios, etiquetas o interpretaciones sobre las inquietudes, los comportamientos o los valores del cliente con el fin de facilitar un diálogo abierto y fluido, no directivo, sobre las bases de la comprensión y el apoyo.

La construcción de la relación de coaching se consolida con las competencias del tercer grupo, que según la ICF garantizan la efectividad del proceso. En este epígrafe se incluyen competencias esenciales como la escucha activa, que implica escuchar no solo lo que la persona está comunicando expresamente, sino atender también a los sentimientos, ideas o pensamientos subyacentes; la comunicación directa –sintética y honesta– de lo que está ocurriendo en el proceso; y las llamadas preguntas poderosas, que permiten romper patrones de pensamiento y hacen aflorar potencialidades ocultas o larvadas.

Finalmente, en el cuarto grupo, se encuentran competencias que facilitan el aprendizaje y la consecución de resultados. Se incluyen aquí todas las capacidades y herramientas orientadas a ampliar el nivel de conciencia del cliente sobre lo que le ocurre y sobre los recursos de los que dispone con el fin de que pueda planificar objetivos y diseñar acciones que le permitan alcanzar las metas que se proponga. En este apartado se integran también las competencias del coach para el seguimiento, comprobación y verificación del compromiso del cliente con el plan de acción que ha diseñado para conseguir sus objetivos.

Lamentablemente, la popularización del coaching ha desvirtuado y trivializado su ámbito de implicación. Sin embargo, estas competencias demuestran que el coaching es una actividad profesional que ofrece un marco de confianza, seguridad y confidencialidad en el que definir, explorar e iniciar procesos de cambio. ¿Necesitas coaching?


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Cargando mapa

20/08/2018nachomanteconADAPTACIÓN, CAMINO, CARACTERÍSTICAS, COMPORTAMIENTOS, CONCILIACIÓN, COSTUMBRES, CRECIMIENTO, CREENCIAS, CUALIDADES, DIÁLOGO, EMOCIONES, ENTENDIMIENTO, ETIQUETAS, EVOLUCIÓN, IDEAS, IDENTIDAD, MAPA, MIEDO, PERMEABILIDAD, PROYECCIÓN, RASGOS, REALIDAD, RESPONSABILIDAD, TERRITORIO, VACACIONES, VALORES, VIAJE

¿Has viajado este verano fuera de tu lugar habitual de residencia? ¿Dónde has ido? Sea cual sea el destino por el que hayas optado es probable que hayas encontrado costumbres o comportamientos diferentes a los tuyos. A veces, los mapas mentales que usamos cotidianamente no nos sirven para navegar por esos nuevos contextos, de ahí que recurramos a guías de viaje para anticiparnos a los cambios culturales o sociales que podamos encontrar. También existen diferencias, quizá más sutiles, entre nuestro proceder y el de las personas con las que convivimos día a día. Pero, a diferencia de lo que ocurre en vacaciones, no nos esforzamos en tratar de comprender que hay multitud de mapas para definir una misma realidad. En la entrada Un territorio, distintos mapas, publicada en abril, te doy pistas para el diálogo, el entendimiento y la conciliación.

El miedo es uno de los factores que nos impiden asomarnos a esos otros mapas mentales que se entrecruzan en nuestro camino. Tememos que otras visiones del mundo puedan erosionar el mapa de creencias, valores e ideas sobre el que hemos forjado nuestra identidad. Aferrarnos a nuestro propio mapa bloquea nuestro crecimiento y nuestra adaptación a una realidad en constante evolución. Por tanto, debemos evitar que el miedo, una de las emociones básicas a las que como seres vivos no podemos renunciar, nos paralice. Y usarlo a nuestro favor. ¿Cómo? Puedes encontrar respuestas en Quién dijo miedo, una de las primeras entradas de este blog.

Puede ocurrir, por otro lado, que distorsionemos nuestro propio mapa mental sacando de él, y colocando en los demás, aquellas características o cualidades que, aun estando dentro de nosotros, no consideramos como propias. En este fenómeno, conocido como proyección, evitamos responsabilizarnos de los rasgos no aceptados de nosotros mismos, ya sean positivos o negativos, atribuyéndolos a otras personas. En la entrada Efecto bumerán, publicada en marzo, propongo una reflexión sobre nuestra tendencia a etiquetar a los demás con nuestras propias virtudes y defectos. Y ahora, tras este repaso, ¿cómo es tu mapa? ¿Reúne todo lo que es inherente a ti? ¿Hasta qué punto es permeable a las visiones e interpretaciones de los demás?

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