AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Distraerse para concentrarse

De repente, se dio cuenta de que había llegado a un lugar que no conocía o, peor aún, a un lugar al que no hubiera querido volver. Desconcertado, se preguntaba: ¿cómo he llegado hasta aquí? Creía tener claro hacia dónde estaba caminando, pero el lugar en el que se encontraba no se parecía a la meta que había soñado, ni tampoco a ninguna de las escalas previas que se había fijado al trazar el mapa. ¿Cómo he llegado hasta aquí?, se repetía. Desorientado, no encontraba una explicación. ¿Qué le había ocurrido? ¿Tal vez se había distraído por el camino? ¿Dónde había sido? ¿Qué estímulo fue el causante? Y, sobre todo, ¿cómo volver allí para reanudar la marcha hacia el destino fijado?

Nuestra vida está llena de distracciones. Vivimos rodeados de fenómenos cotidianos que roban nuestra atención: llamadas, correos electrónicos, notificaciones de aplicaciones de mensajería y redes sociales… Estamos muy pendientes de lo que ocurre fuera, e incluso aparcamos nuestras necesidades o deseos para atender, prioritariamente, y aunque no nos satisfagan, las demandas o exigencias que nos llegan del exterior. Sin embargo, no todas las distracciones son externas o ajenas a nosotros mismos: nuestro discurso interior también puede distraernos desempolvando pensamientos o acciones recurrentes, a veces obsesivos, y cantos de sirena que nos sirven de refugio de la apática realidad en la que, según creemos, vivimos.

Las distracciones son, en la mayoría de los casos, tentaciones que nos sirven para inhibirnos o escapar de situaciones que nos asustan o que nos incomoda enfrentar. Distraídos, perdemos el foco sobre lo que realmente nos importa, y dejamos que nuestra atención y nuestra concentración se dispersen en múltiples estímulos accesorios que no conducen más que a una pérdida de tiempo y energía. El resultado es la desorientación e incluso, si no hemos definido una misión clara para nuestra vida, el vacío. Las distracciones a las que recurrimos para lidiar con el día a día, o para protegernos de él, terminan por dejarnos a la intemperie, desnudos de nosotros mismos.

No obstante, no todas las distracciones son negativas. Ni mucho menos. Hay también distracciones positivas y es fácil identificarlas: son aquellas que nos permiten contactar con nosotros mismos y actuar como realmente somos. ¡Improvisa! Siéntete libre para explorar tus necesidades, tus deseos, tus carencias. Despréndete de las distracciones impuestas y busca tu espacio propio. ¡Concéntrate! Define o redefine la misión que quieres llevar a cabo en tu vida (en el trabajo, en la familia, en tus relaciones sociales) y vuelve al camino del que las otras distracciones te hicieron apartarte. El verano, con las vacaciones, es una época propicia para mirar al interior y redescubrirse. Distráete no para escapar, sino para encontrarte.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

Parar para seguir girando

El proceso de reflexión sobre uno mismo suele comenzar a partir de una inquietud: sentimos que algo en nuestra vida no funciona correctamente, nos falta energía, nos parece estar atrapados en una rutina que no nos satisface… En ocasiones, tenemos o creemos tener claro qué es, concretamente, lo que está fallando. Otras veces, sin embargo, esa inquietud es imprecisa y no sabemos determinar de dónde procede. Nuestro discurso mental, siempre activo, puede contribuir a la confusión con su reiteración de reproches, críticas y justificaciones. Es el momento de parar y hacer un diagnóstico sobre la situación en la que se encuentran las distintas parcelas que configuran nuestra vida. Podemos usar, para ello, una de las herramientas más conocidas del Coaching: la rueda de la vida.

Esta herramienta ofrece una visión general de la vida de una persona y ayuda a identificar desequilibrios entre diferentes variables, entre ellas la salud, la situación económica, el trabajo, la pareja, la situación familiar, las amistades, el entorno social, el ambiente en el que vivimos, la formación, el ocio, el desarrollo personal, la autoestima… En general, se suelen valorar entre 8 y 12 áreas elegidas por uno mismo. Se pueden usar como referencia las mencionadas anteriormente, ya sea de forma literal o desmenuzándolas (quizá queramos evaluar por separado varios aspectos de una misma variable), o bien añadir otras nuevas que consideremos ligadas a nuestras inquietudes.

¿Te animas a coger papel y lápiz para confeccionar tu propia rueda de la vida? Te invito a dibujar un círculo y a dividirlo en tantas porciones como variables quieras valorar (si escoges un número par de variables, más fácil será la división del círculo). Cada radio de la circunferencia representará una variable. Para poner nombre a cada una de ellas, según lo indicado en el párrafo anterior, piensa en los valores básicos en los que se debe apoyar tu vida para alcanzar un estado de bienestar y satisfacción (en la siguiente ilustración te propongo un ejemplo de rueda de la vida con variables tipo). A continuación, reflexiona sobre cómo está cada una de esas áreas de tu vida en la actualidad con preguntas como ¿estás contento con tu estado físico y mental?, ¿estás satisfecho con el dinero que tienes?, ¿te satisface tu trabajo?, ¿hay armonía en tu vida sentimental?, ¿te sientes realizado?… Puntúa cada variable con una nota de 0 y 10 y traslada esa valoración dibujando un punto en el radio de la circunferencia, siendo el 0 el centro del círculo y el 10 la intersección del radio con el borde de la circunferencia.

Una vez puntuada cada variable, une los puntos de cada radio intentando dibujar una rueda. ¿Cómo es el resultado? Un dibujo amplio, expandido hacia el borde de la circunferencia, indicaría que tu vida parece rodar sin problemas. Por el contrario, un dibujo muy pequeño, cercano al centro de la circunferencia, sugeriría una vida desinflada. De ser así, convendría revisar tus valoraciones: puede que hayas sido demasiado crítico. Lo normal, en cualquier caso, es que el dibujo no sea simétrico: habrá áreas expandidas hacia el extremo de la circunferencia y áreas más próximas al centro del círculo. En esta configuración, la rueda se engancha, no puede girar con normalidad. Conviene tomar conciencia de las secciones de menor puntuación e interpretarlas como áreas de mejora.

La representación gráfica que nos ofrece la rueda de la vida es el punto de partida que, a modo de diagnóstico, nos permitirá, poco a poco, avanzar en nuestro proceso de autoconocimiento, crecimiento personal y cambio. Piensa en qué está fallando, exactamente, en las variables con menor puntuación y explora los recursos con los que cuentas para revertir la situación y lograr el bienestar que anhelas. Estarás listo, entonces, para afrontar las etapas de toma de decisiones, diseño de plan de acción y ejecución de las acciones previstas que completan el proceso.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT

Cuestionando, que es gerundio

En entradas anteriores de este blog he utilizado la palabra introyecto. ¿Qué se esconde, realmente, detrás de este término? La Terapia Gestalt, que heredó este concepto del Psicoanálisis, lo define como un mecanismo mediante el cual incorporamos dentro de nosotros mismos –en los primeros años de aprendizaje y relación con el mundo– patrones, actitudes, modos de actuar y pensar que no son realmente nuestros (Fritz Perls). En definitiva, se trata de mensajes procedentes de figuras parentales o de autoridad (padres, tutores, maestros) que interiorizamos sin cuestionar. O, dicho de forma metafórica, de normas o premisas que nos tragamos sin masticar. La introyección, que opera de forma inconsciente, puede dificultar el libre desarrollo del individuo al limitar sus capacidades.

Es lógico que, en edades tempranas, asumamos como propios –sin cuestionar– las directrices que recibimos de nuestro entorno de influencia. No obstante, este patrón puede repetirse, en edades posteriores, en la articulación de nuestro sistema de creencias, es decir, en la configuración de ese conjunto de juicios, evaluaciones o generalizaciones sobre nosotros mismos y sobre los demás con el que sustentamos nuestra realidad. ¿Cuántos mensajes seguimos tragando hoy en día sin apenas considerarlos? ¿Cuántas imposiciones, modas o convenciones aceptamos sin someterlas a nuestro propio criterio? Estos mensajes no cuestionados podrían entorpecer, de nuevo, nuestro crecimiento y autonomía.

Hoy te propongo una reflexión sobre el origen y la validez de esos introyectos y creencias. No intentes justificarlos con un por qué; mejor pregúntate para qué te sirven. Te invito a tomar conciencia del discurso sobre el que has basado, hasta ahora, las acciones que has hecho o que has dejado de hacer en tu día a día. ¿Qué te has estado contando? A continuación, toma conciencia de tu discurso actual. ¿Qué te estás contando? Al responder a esta pregunta, comprobarás los cambios que, con el crecimiento y la experiencia, se han producido en tu sistema de creencias. Finalmente, toma conciencia del discurso vital que quieres seguir a partir de ahora. ¿Qué decides contarte?

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