AUTOPÍAS, REFLEXIONES

Cuestión de perspectiva

Durante la vigencia del estado de alarma, y especialmente en estos días de relajación paulatina de las medidas de confinamiento de la población, se han difundido en medios de comunicación y redes sociales imágenes que cuestionaban el cumplimiento de la llamada distancia social o distancia física que debemos mantener para evitar el contagio por el coronavirus COVID19. Estas imágenes que ilustraban la supuesta concentración de personas, tomadas en su mayoría con teleobjetivos, contrastaban con otras imágenes, registradas en los mismos lugares y a las mismas horas, y captadas con objetivos convencionales, en las que se demostraba el cumplimiento mayoritario de la separación entre personas tanto en las colas de acceso a tiendas de alimentación y farmacias como en los paseos de niños y adultos en las franjas horarias establecidas. La realidad se transforma según la lente o la perspectiva que utilizamos para verla e interpretarla.

A la luz de esta evidencia, puede que también estemos utilizando lentes equivocadas para tratar de enfocar esa nueva normalidad que se avecina. Hay quien, en su imaginación, usa teleobjetivos para buscar, tal vez en el verano o en el otoño, escenas que recuerden a la cotidianidad que conocíamos hasta principios de marzo. El teleobjetivo, efectivamente, nos permite aumentar la distancia focal, pero a costa de reducir el ángulo de visión… lo que implica dejar fuera de la foto elementos (tales como etapas o vivencias) que son necesarios para construir la escena final en su totalidad. Otros, por el contrario, querrán que la fotografía de ese horizonte incluya todos los elementos posibles, como si de una panorámica se tratase, y para ello utilizarán un objetivo gran angular, que alcanza un ángulo de visión mayor al de la visión humana. El problema de estos objetivos es que distorsionan los bordes de la imagen, que adquiere una apariencia esférica (muy acusada si se utiliza el gran angular conocido como ojo de pez). Ya sea con teleobjetivo o gran angular, obtenemos una visión de futuro distorsionada.

Echar la vista atrás, ahora mismo, tampoco parece servir de mucho: las escenas previas al coronavirus que recordamos en nuestra mente parecen viejas fotografías descoloridas esperando a ser restauradas. Lamentablemente, aún no tenemos un software que nos permita recuperar el contraste, la saturación y el brillo original de esas imágenes. Por eso, detenerse en el presente es, desde mi punto de vista, la única alternativa frente a la distorsión que supone mirar a un futuro incierto y el riesgo de quedarse atrapado en la nostalgia que conlleva detenerse en exceso en el pasado. Ahora bien: ¿desde qué perspectiva debemos contemplar el presente? Si el presente tuviera forma de botella, unos dirían que está medio llena y otros que está medio vacía. Yo te invito a observar los matices (color, textura, ondulaciones) del juego que se establece entre la botella y su contenido. E incluso –¿por qué no?– a probar un pequeño sorbo de realidad.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Toma 2: reencuadre

El próximo mes de septiembre se cumplirán 25 años del inicio de las emisiones de Friends, considerada una de las series más relevantes de la historia de la televisión, en la cadena americana NBC. La serie, que sigue en redifusión hoy en día con grandes índices de audiencia, se basa en la vida de seis jóvenes residentes en Manhattan (Nueva York) y, siguiendo los estándares de la llamada comedia de situación, sitúa la acción en los apartamentos de Mónica y Rachel y de Chandler y Joey, ubicados en lados opuestos de un mismo rellano, y en el café Central Perk, donde se conocieron los seis protagonistas. Un guión contemporáneo, una planificación recurrente, con los mismos tiros de cámara, y una sucesión de risas enlatadas atrapaban al espectador.

Me pregunto, al recordar la serie, si nuestra vida –aunque a veces no nos haga mucha gracia– no tiene también algo de comedia de situación. Al fin y al cabo, nos pasamos los días en los mismos ambientes o decorados: la casa, el lugar de trabajo o estudio, los espacios de ocio, aprendizaje o entretenimiento en los que invertimos nuestro tiempo libre… Y quizá, alimentados por la rutina, comenzamos a actuar como personajes que, en mayor o menor medida, reproducen patrones de comportamiento adaptados a lo que, supuestamente, se espera de ellos en cada situación. Imbuidos en la artificialidad del espacio, acabamos por desconectar de nuestra esencia para interpretar un papel, a veces asignado, a veces escogido, que acaba por convertir cada uno de esos espacios, de una u otra forma, en una zona de confort que, si bien no nos compensa, nos resulta suficiente –aparentemente– para vivir.

En estos casos, puede resultar útil hacer un reencuadre de la situación. ¿Qué cámaras –puntos de vista– estamos utilizando para seguir la acción que ocurre en cada decorado de nuestra vida? Nuestra percepción se queda muy pobre si la limitamos a un único punto de vista: es necesario abrir el foco. ¿Cómo hacerlo? Debemos salir de nuestro personaje (dado que repite una serie de comportamientos adaptados a cada escena, no requiere mayor esfuerzo consciente por nuestra parte) para ocupar el puesto de director o realizador con el fin de obtener una visión global del decorado, incluyendo su contenido y sus fronteras. Y, desde ahí, observar lo que queda fuera de escena, los puntos de vista adicionales que deben ser integrados, los diálogos o los complementos que demandan ser modificados, incorporados o suprimidos…

Hecha esa observación, y asimiladas sus conclusiones, será el momento de volver al personaje, pero no para encadenar, de nuevo, una serie de comportamientos repetidos, sino para actuar, desde lo que cada uno es, como un auténtico protagonista (incluso aunque solo seas figurante: la relevancia no depende del estrellato). Actúa de acuerdo a tus necesidades, siéntete libre para intervenir y modificar los decorados en los que participas diariamente. No siempre será fácil, pero no olvides que, como buen storyboard, puedes diseñar el guión gráfico de tu vida dibujando (o definiendo con palabras, así también vale) los espacios, las situaciones y las secuencias en las que alcanzar una vida plena y desarrollar todo tu potencial. ¿Prevenidos? ¿Sonido? ¿Cámara? ¡Acción!


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