AUTOPÍAS, CONCEPTOS, METÁFORAS

(Re)sintonizando

Distintos canales de televisión de España recuerdan estos días la necesidad de adaptar las antenas y de sintonizar de nuevo televisores y receptores debido a la culminación del segundo dividendo digital, un proceso de liberación del espacio radioeléctrico –por el que actualmente se transmite la señal de televisión digital terrestre (TDT)– con el que se pretende dejar espacio a las futuras redes de comunicaciones basadas en tecnología 5G.

¿Y si, además de resintonizar nuestros televisores, impulsamos nuestra propia resintonización personal o profesional?

Sintonizar consiste en ajustar la frecuencia de vibración o resonancia de un circuito con una frecuencia determinada que buscamos o encontramos moviéndonos por el dial. En el caso de la TDT, la resintonización es necesaria porque algunos canales van a cambiar de frecuencia de emisión. Otras veces es necesario resintonizar porque el ajuste de frecuencias no es perfecto: hay interferencias que perturban la señal (ruido, niebla, pixelado…), frecuencias que se quedan enganchadas…

En nuestra vida, la resintonización es necesaria –y obligatoria– cuando se desajustan tres frecuencias básicas que manifiestan nuestra condición humana: la frecuencia en la que se mueven nuestros pensamientos, la frecuencia en la que se desarrollan nuestros sentimientos y la frecuencia en la que se suceden los comportamientos con los que damos respuesta (por acción u omisión) a lo que nos ocurre o a lo que pasa a nuestro alrededor.

Pensamientos, sentimientos y comportamientos. ¡Recuerda! Tres frecuencias fundamentales.

Cuando ajustamos estas frecuencias, la palabra sintonizar adquiere un nuevo significado: sintonizar es, entonces, una oportunidad para alinear argumentos, emociones y acciones con el fin de vivir con integridad y coherencia.

¿Y cómo se hace esa resintonización vital? Bueno, como ocurre con los receptores de televisión, tenemos dos alternativas. La primera opción es la “sintonización manual”, una opción especialmente útil en aquellos casos en los que ya tenemos identificada la frecuencia sobre la que queremos actuar (sabemos qué frecuencia queremos afinar o mover por el dial). El problema de la “sintonización manual” es que, de tanto repetirla, podemos abusar de ella disfrazando de sintonización el mero hecho de poner parches para salvar una frecuencia concreta (como cuando hacemos trampas jugando al solitario).

La segunda opción es la llamada “sintonización automática”, que consiste en hacer un reseteado total de las frecuencias almacenadas para buscar, desde cero, todas las frecuencias disponibles. En los receptores de televisión, el reseteado es posible con tan solo apretar un botón. En las personas, no parece ser tan sencillo borrar todas las frecuencias de un plumazo, pero hay un pequeño gesto, repetido desde el momento de nuestro nacimiento, que facilita el resetado: la respiración.

Sí: la respiración abre la puerta a resetearnos y resintonizarnos.

Te animo, por tanto, a detenerte un momento en tu respiración. Observa conscientemente este fenómeno, recréate en él, déjate mecer en el ritmo y la cadencia que marcan cada inhalación y exhalación. Y, poco a poco, presta atención a las frecuencias que vayan apareciendo: las necesidades pendientes de satisfacer, los objetivos a alcanzar, las responsabilidades que quieres asumir, los compromisos que conviene reajustar, los límites que vas a marcar en tus interacciones con los demás…

El dial en el que están todas las frecuencias posibles es tu potencial. Puedes elegir entre explorar todas las opciones a tu alcance (asumiendo un papel proactivo) o quedarte anclado, como víctima, en frecuencias repetidas u obsoletas.

No siempre es sencillo resintonizar. Si la televisión falla, llamamos al antenista o al soporte técnico del televisor. Pero… ¿y si falla esta resintonización vital de la que hablo? En este caso, tienes la opción de llamar a un coach que te acompañe en el proceso de identificación y ajuste de las frecuencias de pensamiento, sentimiento y comportamiento que marcan el devenir de tu vida. ¿Resintonizamos juntos?


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT

Figura y fondo

Vivimos rodeados de estímulos. Interactuamos con nuestro entorno a través de los cinco sentidos. A la vez, nuestro cuerpo –como organismo vivo– emite señales dando a conocer sus necesidades biológicas. Nuestro cerebro elabora interpretaciones de la realidad. Nuestra mente crea pensamientos y razonamientos. Afloran emociones. Reprimimos sentimientos. Parece que lo hacemos todo a la vez, pero en realidad focalizamos la atención en aspectos concretos: un estímulo, una necesidad, un pensamiento o una emoción reclaman prioridad sobre el resto. El árbol se separa del bosque, la figura destaca sobre el fondo. Se crea una forma. Se crea una gestalt.

Nuestra vida es, por tanto, una sucesión de figuras que reclaman protagonismo para, una vez observadas y/o saciadas, confundirse de nuevo en un fondo difuso permitiendo que nuevas figuras emergentes ocupen el primer plano. Algunas de estas figuras, por ejemplo las necesidades biológicas, se atienden sin mayores problemas. Sin embargo, evitamos afrontar otras figuras emergentes de índole emocional o sentimental. La Terapia Gestalt, una corriente humanista-fenomenológica de la Psicología creada por Fritz Perls a mediados del siglo XX, nos ofrece pistas que, aplicadas a nuestra vida cotidiana, nos ayudan a centrar la atención y, al menos, a interrogarnos a nosotros mismos sobre esas figuras que dejamos escapar.

La primera clave es vivir, aquí y ahora, en el momento presente: el ayer ya pasó y el mañana aún no ha llegado. Obviamente, necesitaremos revisar el pasado para aprender de las experiencias que hemos vivido. Del mismo modo, puede ser conveniente tener una planificación de futuro. Pero… ¿cuánta energía perdemos en esos viajes por el tiempo? ¿Qué acontecimientos –cada figura emergente es un fenómeno– nos estamos perdiendo? La segunda clave, una vez conectados con el presente, es tomar conciencia de lo que sucede en nosotros en cada momento. O, dicho de otro modo, permitirnos darnos cuenta de lo que está ocurriendo. ¿Te atreves? Solo tienes que preguntarte ¿cómo te sientes?

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