AUTOPÍAS, METÁFORAS, REFLEXIONES

Disposición al equilibrio

Zen

Pese a sus evidentes beneficios, no siempre es fácil conectar con las técnicas de meditación y relajación que distintas corrientes y enfoques, a lo largo de la historia, han puesto a nuestro alcance. Lo fundamental para que cualquiera de estas técnicas arraigue en nosotros es crear un hábito que nos permita integrarlas poco a poco –día a día– en nuestra vida cotidiana. Pero no es nada fácil crear este hábito: con frecuencia, nos distraemos, nos salimos de la práctica… e incluso acabamos más frustrados e inquietos de lo que estábamos antes de iniciar el ejercicio de meditación o relajación que hayamos elegido.

También puede ocurrir que, estando ya iniciados en este tipo de prácticas, nos veamos afectados o golpeados por situaciones sobrevenidas que, de pronto, parecen llevarnos de nuevo a la casilla de salida, como si nunca antes hubiéramos tratado de meditar o relajarnos con las técnicas que considerábamos integradas. Algo nos deja noqueados y, de repente, se desvanece –o, al menos, así lo sentimos– lo aprendido.

Parece, pues, que el equilibrio al que aspiramos es precario, y se rompe a la mínima.

En un alarde de poca originalidad, ilustro estas líneas con la fotografía de unas piedras apiladas, un símbolo de la filosofía Zen que transmite la idea de equilibrio y armonía. Y, mirando esta imagen, me pregunto: ¿no estaremos poniendo nuestra atención en el resultado final de nuestros intentos de meditación y relajación en vez de fijarnos en el proceso de construcción de ese equilibrio? Apilar piedras, al fin y al cabo, es un arte: hay que escoger las piedras adecuadas y disponerlas en el orden apropiado (respetando las leyes de la física).

¿Hacemos eso en nuestra vida?

Hoy te invito a detenerte en cada una de las piedras que configuran tu existencia: la piedra de tu identidad, la piedra de tus relaciones afectivas, la piedra de tu trabajo o de tus proyectos profesionales, la piedra de tus momentos de ocio, la piedra de tus valores… ¿Cómo son esas piedras? Tal vez sea bueno, antes de jugar a los equilibrios, conocer las características de cada una de estas piedras, identificando su forma y tamaño, reconociendo sus aristas e imperfecciones, apreciando la rugosidad o suavidad de sus cantos… y, en su momento, buscando las formas de encajar unas con otras.

Observar cada piedra por separado es ya en sí mismo un ejercicio de meditación y relajación que, sin prisa pero sin pausa, nos llevará al deseado equilibrio.


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AUTOPÍAS, REFLEXIONES

Entre paréntesis

El 7 de diciembre es, en España, un día extraño. Ubicado entre dos festivos (el Día de la Constitución y la fiesta de la Inmaculada Concepción), alterna entre ser día laborable y día de asueto, según los años y las circunstancias. Cuando es día laborable, todo parece funcionar a medio gas: se da por hecho que mucha gente se tomará el día libre y el ambiente laboral cambia considerablemente. Cuando es día de asueto, unido a los festivos anterior y posterior y al fin de semana más cercano, equivale a toda unas vacaciones.

Su posición intermedia entre dos festivos y las características asociadas al llamado puente de diciembre me hacen pensar en el 7-D como un día entre paréntesis, una oportunidad para hacer un inciso en nuestra vida cotidiana. Un resquicio para lo ordinario y lo extraordinario.

Así, este puente de diciembre ha sido tradicionalmente una ocasión propicia para los últimos viajes o escapadas antes de las celebraciones de Navidad (donde cualquier desplazamiento se ve condicionado, generalmente, por los compromisos familiares y sociales asociados a esas fechas). Y también es, para muchos, el momento perfecto para acercarse al centro de pueblos y ciudades, y a los centros comerciales, para ver el alumbrado navideño, visitar belenes y adelantar compras antes de que nos veamos atrapados por la vorágine de la Navidad.

Hay quien vivirá este puente, efectivamente, como un paréntesis con un principio y un final, con actividades que comienzan y acaban en estos días. Para otros, en cambio, este puente será la apertura de un largo paréntesis que no acabará hasta el 8 de enero. Así, las próximas semanas serán, para muchos, una escenificación constante del espíritu navideño con multitud de planes y celebraciones, agudizando el ingenio para superar –legalmente, espero– las restricciones vigentes. Otros, por su parte, buscarán refugio a la espera de recuperar, una vez apagadas las luces, sus rutinas habituales. Probablemente, alguno de estos tendrá su momento Ebenezer Scrooge en unas navidades inéditas y excepcionales.

Porque, conviene no olvidarlo, vivimos una pandemia.

En concreto, estamos en medio del paréntesis que la pandemia ha puesto en nuestras vidas, un paréntesis que se abrió el pasado mes de marzo y que aún no se ha cerrado. Un período en el que, pese a habernos acostumbrado a vivir con las recomendaciones y las restricciones que se han ido dictando, seguimos teniendo cierta sensación de vivir en suspenso a la espera de tiempos mejores. Un paréntesis de renuncias y esfuerzos –individuales y colectivos– en una situación de incertidumbre. Pero… ¿está siendo también un paréntesis con ganancias?

En las clases de Lengua Española se explica que los paréntesis, como signos ortográficos, sirven para incluir información adicional, accesoria o complementaria y que el significado de la oración en la que se incluyen no varía si se suprime el contenido señalizado entre paréntesis. Por tanto, cuidado con esos momentos que ponemos entre paréntesis. ¡No hay etapas prescindibles! Es cierto que la vida, por la inercia de las fechas o por situaciones sobrevenidas, abre espacios que parecen sacarnos de nuestro discurso vital. El reto está en dar un sentido a lo que ocurre, integrarlo como experiencia y continuar. Siempre continuar. Siempre vivir.

No olvidemos que, como escribió Mario Benedetti, la vida es lo que ocurre entre el nacimiento y la muerte. La vida ese paréntesis.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

El escalador frente a la cumbre

Este fin de semana he tenido ocasión de participar en una excursión a la Peña Muñana, una formación granítica situada junto a la localidad de Cadalso de los Vidrios, al suroeste de la Comunidad de Madrid. Según indican las guías, se trata de una ruta de baja dificultad (la cumbre se encuentra a poco más de 1.000 metros de altitud). No obstante, la suave ascensión inicial se torna más intensa, y algo exigente, a medida que nos acercamos a la cumbre. El paseo me ha suscitado dos reflexiones. La primera, el bienestar físico y emocional que supone contactar periódicamente con la naturaleza. La segunda, la importancia de una correcta planificación antes de emprender cualquier aventura.

Acompañados de una experta que nos iba explicando las características del paisaje, hemos completado la ascensión a la cumbre en cuatro etapas. La primera de ellas transcurría entre el inicio de la ruta, junto a las últimas casas del municipio, y un gran lanchar desde el que se podían observar los distintos tipos de bosque que íbamos a atravesar durante la subida. La segunda etapa concluía en unas formaciones rocosas frente a las grandes canteras –heridas de resplandecientes colores blancos– que rodean la zona. La tercera etapa terminaba al pie del tramo más duro del camino, junto a un sendero desde el que se podía divisar todo el pueblo. La cuarta etapa, con final en la cumbre, coronaba el recorrido con espectaculares vistas del Cordel de San Vicente, de la unión de la Sierra de Guadarrama con la Sierra de Gredos y de las Cabreras de San Juan.

Resulta difícil perderse en este tipo de excursiones: el guía conoce el lugar, la ruta aparece recogida en diversos planos, el camino está señalizado con pinturas o marcas labradas sobre la roca… Sin embargo, aún quedan nuevos caminos de ascensión por descubrir. ¿Cómo hacerlo? Los alpinistas, a la hora de definir la ruta más adecuada para alcanzar la cumbre, no empiezan por el punto de partida, sino por la cima: ¿dónde debo estar, justo antes de alcanzar la cumbre, para coronar la montaña con garantías de éxito? Una vez que encuentran respuesta para esta pregunta, se formulan la siguiente: ¿cuál es la mejor posición anterior para llegar a ese penúltimo paso previo a la cumbre? Y así sucesivamente. La planificación de su estrategia se basa en la reconstrucción del recorrido al revés, desde el final hasta su inicio.

Giorgio Nardone, experto en Terapia Breve Estratégica y Problem Solving Estratégico, propone aplicar la metodología de los alpinistas a la resolución de problemas y a la planificación de metas vitales al considerar que este procedimiento, basado en una estrategia mental contraintuitiva, evita el trazado de rutas que desvían del objetivo y permite seguir el camino más fácil hacia la cima. La llamada Técnica del Escalador permite fraccionar el objetivo final en objetivos más pequeños creando una serie de escalones con el fin de identificar el primer paso (la acción más pequeña y concreta posible) a seguir. De esta manera, quedan planificadas todas las etapas que será necesario cumplir para alcanzar el objetivo final.

Seguir la hoja de ruta facilitará la consecución de resultados. Eso sí, en el camino hacia la cumbre, aún siguiendo las etapas planificadas, es posible que surjan imprevistos e imponderables que habrá que ir afrontando según vayan apareciendo. En estos casos, mantener la mirada fija en la cumbre nos ayudará a adaptar o corregir la estrategia para resolver las incidencias. No tiene sentido caminar sin rumbo fijo o improvisar sobre la marcha: así solo conseguiremos desviarnos de nuestro objetivo. La vida es una sucesión de cordilleras con montañas de diferentes alturas y dificultades. ¿Sabes ya cuál es la próxima cima a escalar?


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