AUTOPÍAS, ENEAGRAMA, HERRAMIENTAS DE COACHING

Múltiples personalidades

Un anti-test de personalidad

Personalidades

Lo confieso: yo soy de aquellos que, de vez en cuando, cae en la tentación de hacer alguno de esos test de personalidad que se incluyen en revistas o que se pueden encontrar en páginas web. Estos test, como cualquier otro material que pueda caer en nuestras manos, pueden darnos pistas para reflexionar y, de alguna manera, intentar suavizar nuestras aristas. No obstante, es frecuente que acabemos utilizando estos test para justificarnos en determinados comportamientos y actitudes sin hacer ningún propósito de cambio.

Para evitar caer en esa autojustificación, hoy te propongo un ejercicio en el que lo importante no es tanto ver en qué tipo de personalidad encajas, sino identificar qué se mueve en ti respecto a esos otros grupos de personalidad que crees que no van contigo, que te resultan indiferentes o de los que directamente reniegas. El ejercicio se basa –generalizando– en las nueve personalidades –eneatipos– que describe el Eneagrama, una herramienta de autoconocimiento de la que ya hablé en la entrada La cuadratura del círculo.

¿Comenzamos? Encontrarás, para cada eneatipo, tres preguntas.

[1] El Reformador. A grandes rasgos, el eneatipo 1 define a personas perfeccionistas, idealistas, ordenadas, metódicas, puntuales, pulcras y detallistas… que, en un momento dado, pueden ser incluso demasiado rígidos, críticos e intransigentes tanto consigo mismo como con los demás. Sintonizan con aquellos que demuestran claridad, sinceridad y excelencia y recelan de aquellos que manifiestan comportamientos cambiantes o transgreden las normas.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 1?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 1?

[2] El ayudador. El eneatipo 2, en líneas generales, engloba a personas atentas y dedicadas que ponen todo su empeño en agradar a los demás, satisfaciendo todas sus necesidades (reales o imaginadas)… y olvidándose de las suyas propias. A veces, pueden mostrarse demasiado solícitas o intrusivas. Buscan calidez y cercanía en sus relaciones; les desagrada la frialdad o la falta de disponibilidad de los demás.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 2?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 2?

[3] El triunfador. El eneatipo 3, siguiendo con las definiciones a vuelapluma, se refiere a personas prácticas, eficientes y competitivas preocupadas por alcanzar éxitos y logros con los que mantener una determinada posición o estatus. Un exceso de competitividad las lleva, en ocasiones, a mostrarse frías y camaleónicas. Reniegan de aquellos que manifiestan comportamientos victimistas y, especialmente, de aquellos que muestran indiferencia hacia sus logros.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 3?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 3?

[4] El individualista. El eneatipo 4 define a personas muy interiorizadoras que se caracterizan por su hipersensibilidad, timidez, introversión y ensimismamiento. Son muy creativas, pero también muy temperamentales. Suelen sentirse diferentes a los demás y esto deriva, en ocasiones, en sentimientos de autocompasión y autoindulgencia. Admiran la sensibilidad y la delicadeza y detestan la superficialidad.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 4?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 4?

[5] El investigador. Siguiendo con las definiciones de trazo grueso, el eneatipo 5 incluye a personas analíticas e intelectuales, con gran capacidad de observación e interés por cuestiones complejas y/o abstractas. Su pasión por el análisis les hace estar, en ocasiones, más preocupados por sus interpretaciones que por la realidad misma. Se sienten estimulados por la innovación y la curiosidad. Por el contrario, les desagrada la presión y las reacciones emocionales.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 5?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 5?

[6] El leal. El eneatipo 6 engloba a las personas preocupadas por encontrar ámbitos de seguridad y estabilidad donde puedan manifestar y encontrar fiabilidad, lealtad, apoyo, protección y compromiso. A la vez, son personas ambivalentes, en la medida en que no acaban de confiar del todo en las intenciones de los demás. Detestan la ambigüedad y la arrogancia.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 6?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 6?

[7] El entusiasta. El eneatipo 7 se refiere a personas que necesitan estar permanente estimuladas para escapar de la rutina y del aburrimiento. Se caracterizan por su optimismo, su espontaneidad y su capacidad de despreocupación. Su hiperactividad conduce, a veces, a un estado de insatisfacción que, a su vez, promueve la búsqueda de nuevos estímulos. Recelan del pesimismo y de la falta de flexibilidad de los demás.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 7?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 7?

[8] El desafiador. La principal preocupación de las personas incluidas en este eneatipo, según una definición genérica, es ser autosuficientes e independientes. Son personas emprendedoras que buscan nuevos retos con los que poner a prueba su capacidad de seguridad, fortaleza, franqueza y superación personal. En ocasiones pueden manifestarse orgullosos, egocéntricos e incluso agresivos. Detestan la intimidación y el victimismo.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 8?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 8?

[9] El pacificador. El eneatipo 9, en líneas generales, engloba a personas conciliadoras y complacientes que tienden a fusionarse con las necesidades del otro sin poder reconocer y satisfacer las suyas propias. Temen los conflictos, y por eso se adaptan en exceso a las condiciones que imponen los demás. Huyen, por tanto, de cualquier situación que suponga confrontación o turbulencia.

  • ¿Qué tienes en común con el eneatipo 9?
  • ¿Qué te distingue de él?
  • ¿Qué te pasa a ti –a nivel emocional y corporal– cuando te encuentras comportamientos que coinciden con las características del eneatipo 9?

Hasta aquí el ejercicio. Seguro que has encontrado, en cada eneatipo, cualidades o adjetivos con los que te identificas. Habrá también, sin duda, características que te dejan indiferente. Y, por supuesto, habrá rasgos que te rechinan o te molestan. Es ahí, a mi juicio, donde debes enfocar tu reflexión. El aprendizaje personal consiste, muchas veces, en enfrentarnos a aquello que nos incomoda.


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AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING, PNL

En (el) blanco

Imagina: se presenta ante ti una situación desafiante. No hace falta que el desafío sea algo extraordinario o novedoso, también valen tareas, actividades o situaciones que, repetidas en tu vida, evitas habitualmente. Crees que no cuentas con los recursos necesarios para afrontar el reto. Piensas que te falta seguridad, fortaleza, tranquilidad, paciencia o cualquier otra sensación necesaria para superar la prueba con éxito. El miedo cobra fuerza. Pensamientos limitantes y temores te paralizan. Te quedas en blanco.

¿Te suena?

Si la situación lo permite, las respuestas más comunes son postergar cualquier acción de respuesta o, directamente, escapar –¿una vez más?– del desafío. Pero… ¿qué pasa si el reto, además de asustarnos, nos atrae? En ese caso, puede que intentemos generar nuevos pensamientos con los que desmontar las limitaciones y los temores que nos inhiben a la hora de actuar. Esta estrategia es loable pero, lamentablemente, no suele funcionar por sí sola: nuestra mente está llena de trampas.

Una de las trampas en las que solemos caer consiste en justificar nuestros pensamientos. Lejos de encontrar soluciones o alternativas, solidificamos nuestro argumentario. Los pensamientos limitantes y los temores (así como los estados de ánimo asociados a ellos) se enquistan.

Entonces, además de trabajar sobre la mente, ¿qué más hace falta?

El componente adicional que facilita el cambio de mentalidad es la fisiología, la toma de contacto y la actuación sobre las respuestas que ofrece, a nivel físico y biológico, nuestro cuerpo.

Esta es una de las premisas de la Programación Neurolingüística (PNL) y, en concreto, del llamado Código Nuevo, una evolución de los postulados iniciales de esta técnica de observación, codificación y modelado de patrones de lenguaje y comportamiento orientada a la mejora de competencias y a la consecución de resultados concretos. Según el Código Nuevo, la fisiología actúa como una palanca de cambio a la hora de inducir estados de alto desempeño con los que generar respuestas apropiadas y adaptadas a un desafío determinado.

Hoy quiero proponerte una herramienta del Código Nuevo llamada “El Santuario”. ¿Nos adentramos en él?

Antes de nada, conviene aclarar que esta herramienta tiene una parte de juego o escenificación, de modo que hay que buscar un espacio físico adecuado en el que ponerla en práctica. Te recomiendo usar un pasillo o una habitación en la que puedas ir de pared en pared sin obstáculos por medio.

En un extremo del pasillo, o en una de las paredes, coloca el dibujo de una diana (sí, la diana que se usa para el lanzamiento de dardos o el tiro con arco). Dentro de la diana escribe el nombre del reto o de la situación desafiante a la que te quieres enfrentar. El otro extremo del pasillo, o la otra pared, será tu santuario, un espacio de protección y seguridad similar a la casa o refugio de los juegos infantiles, intocable para cualquier rival o enemigo exterior.

Una vez definidas ambas zonas, colócate en tu santuario. En este lugar vas a proveerte de todo lo que necesitas –tanto sensaciones como objetos– para afrontar el desafío que se presenta ante ti. ¿Necesitas calma, fuerza, decisión, confianza…? Evoca y conecta con situaciones de tu vida en las que pudiste acceder a todos esos recursos. Presta atención a las sensaciones físicas que experimenta tu cuerpo a medida que vas recordando y llenándote de cada uno de esos elementos o estados. No dudes en coger o visualizar cualquier objeto que pueda ayudarte a reforzar tus sensaciones.

Cuando creas que estás preparado, avanza hacia la diana. ¿Hasta dónde puedes llegar? ¿Se mantienen tus sensaciones, o aparecen perturbaciones asociadas a los pensamientos limitantes y a los miedos asociados a la situación desafiante? Es probable que las limitaciones y los temores, aunque aplacados, sigan allí. Si es así, no importa: regresa a tu santuario.

De nuevo a salvo en tu refugio, reconecta de nuevo con las sensaciones que necesitas para afrontar el reto y vuelve otra vez a la diana. Fíjate, de nuevo, en el comportamiento fisiológico de tu cuerpo. ¿Qué te aporta la extensión y contracción de tus músculos? ¿Qué te dicen tus gestos, tu movimiento?

El proceso de avance y retirada desde el santuario a la diana se repite cuantas veces sea necesario –mínimo 3 veces– hasta que las nuevas sensaciones que queremos generar prevalecen sobre las sensaciones limitantes que nos impedían afrontar el reto.

Como ves, el ejercicio requiere movimiento. Si por alguna razón no puedes escenificarlo, siempre puedes visualizarlo. No es tan efectivo, pero te puede servir. Eso sí: procura hacer un esfuerzo adicional para impregnarte de todas las sensaciones fisiológicas que esta herramienta pretende movilizar.

El objetivo de esta propuesta es potenciar recursos que creemos inexistentes o insuficientes a la hora de hacer frente a un desafío determinado. Por tanto, el trabajo ha de centrarse en la construcción del santuario y en la identificación de las sensaciones fisiológicas que nos permiten luchar por ese desafío. En ningún caso hay que tocar la diana colocada en la otra pared o en el extremo del pasillo. Se trata –¡solo!– de empoderarse para actuar, directamente, ya fuera de la escenificación, sobre la situación retante.

Esa es la idea: dejar de estar en blanco… para dar en el blanco.


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AUTOPÍAS, COACHING, REFLEXIONES

Cuarteles de invierno

Y el tiempo no se pone en mi lugar
VETUSTA MORLA

La semana pasada, en la entrada Las reacciones del miedo, aludía a algunas de las amenazas globales que ponen en peligro la supervivencia del ser humano y mencionaba, entre ellas, las infecciones por nuevos microorganismos patógenos. En aquel momento, no pensaba –o no quería pensar– que el coronavirus COVID19 fuera a convertirse en la potente amenaza que ha resultado ser, de ahí que optara por hablar de las reacciones que nos provocan las amenazas cotidianas o domésticas que, en situaciones de normalidad, solemos encontrar en nuestro día a día. No obstante, como hemos visto y vivido, el escenario en relación al coronavirus fue cambiando rápidamente, pasando del cierre de colegios, institutos y universidades anunciado inicialmente en lugares como Madrid, ciudad en la que vivo, a la declaración del estado de alarma en España.

En situaciones como la que afrontamos, es normal tener sentimientos confusos, incluso contradictorios, que se alternan sin que apenas parezca existir separación entre ellos. Así, hemos ido saltando de la trivialización de lo que estaba ocurriendo –negando incluso la existencia de la amenaza o viviendo como si el coronavirus fuera aún una realidad lejana– al pánico desbordado, rozando la histeria, que se ha manifestado en esas compras, un tanto compulsivas, en los supermercados. Qué difícil encontrar ese punto intermedio de responsabilidad, dentro de una situación de excepcionalidad, en el que, siendo conscientes de las repercusiones de esta crisis (personales, sociales, sanitarias, laborales, académicas…) podamos encontrar, también, espacios de calma y orden que nos permitan continuar, en la medida de lo posible, con nuestros quehaceres cotidianos y/o, a la vez, buscar nuevos espacios de confianza, espera o crecimiento personal. No olvidemos que ‘responsabilidad’ es la habilidad de responder.

La situación actual nos obliga, inevitablemente, a un cambio de hábitos que afecta a todos y, especialmente, a las personas que, bien por poder acceder al teletrabajo o por haber visto interrumpida su actividad laboral a consecuencia de las restricciones dictadas para evitar la expansión del coronavirus, pueden cumplir las recomendaciones de permanecer en sus hogares. Afortunadamente, vivimos en un mundo conectado a través de las nuevas tecnologías, de modo que, aunque no podamos quedar presencialmente, podemos mantener contacto frecuente con nuestros familiares y amigos. Estas nuevas tecnologías se han manifestado también como la mejor alternativa a lo que hasta ahora entendíamos como vida social, favoreciendo el acceso a exposiciones, conferencias, conciertos, cuentacuentos o juegos online que, como hemos visto este fin de semana, nos han ayudado a afrontar nuestro vacío o silencio interior.

Estamos acostumbrados, en general, a vivir hacia afuera, siempre en busca de estímulos y propuestas. Somos seres sociales, y en el encuentro con el otro, o con las experiencias que otros pueden ofrecernos, encontramos vías de crecimiento y desarrollo (unas veces) o de escape (otras veces, quizá demasiadas). Tal vez la situación de confinamiento a la que nos enfrentamos pueda ser una oportunidad para mirar dentro de nosotros y, quizá, empezar a atisbar las respuestas que, hasta ahora, nos empeñábamos en buscar fuera, en el movimiento, en el bullicio. Es tiempo de volver a los cuarteles de invierno: ¿qué tal si buscamos rutinas para escuchar con sosiego lo que nos dice nuestro cuerpo, para observar con cierta distancia los pensamientos con los que nuestra mente nos bombardea en estos tiempos de incertidumbre, para hacer un poco de introspección sobre nuestra identidad, nuestros valores, nuestra forma de ser y estar en el mundo?

Hacerse preguntas sobre uno mismo no es fácil: tendemos a plantearnos preguntas para las que ya tenemos una respuesta concienzudamente preparada y sabida que nos conduce, invariablemente, al victimismo o a la autojustificación. Por eso, con el objetivo de ayudar a encontrar nuevas perspectivas, durante la vigencia del estado de alarma decretado por el Gobierno de España ofreceré servicios individuales de coaching gratuitos por videollamada o videoconferencia. Las sesiones se realizarán en horario de mañana o tarde (a convenir) y tendrán una duración de 45 minutos, con un máximo de tres sesiones por persona. La solicitud de cita se realizará a través del correo electrónico info@autopiascoaching.com o del formulario de contacto de mi página web indicando nombre y apellidos, edad, profesión, teléfono, preferencia de horario (mañana o tarde) y preguntas o inquietudes que te llevan a solicitar la sesión. Las sesiones se adjudicarán por orden de solicitud, teniendo en cuenta que, por razones de agenda, solo podré realizar un máximo de cuatro sesiones diarias. ¡Mucho ánimo! En nuestro interior está la fuerza que necesitamos.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, ENEAGRAMA

La cuadratura del círculo

Lunes, día 9. ¡Cuántas sorpresas esconde este número! En aritmética, son varias las curiosidades asociadas al 9. Así, la suma de todos los dígitos que componen el número natural 123.456.789 nos da como resultado 45, y la suma de los dos dígitos que forman esta cifra es igual a 9. Del mismo modo, la suma de los dígitos de cada resultado de la tabla de multiplicar del 9 nos lleva siempre a este mismo número. Se dice, también, que el 9 es el número del saber supremo y del misticismo. A la vez, se le llama número del ser humano porque es la cifra que define el período de gestación (9 meses). Y son incontables los símbolos y enigmas vinculados al 9 que dan origen, sustentan o desarrollan la mitología, el cristianismo o la masonería, entre otros.

Entre los símbolos asociados al 9 se encuentra la figura de 9 puntas conocida como eneagrama (del griego ennea, nueve, y grammos, figura) con la que se representan las nueve personalidades básicas de los seres humanos y las complejas interacciones que se establecen entre ellas. Su origen, aunque no está documentado, se sitúa en Babilonia alrededor del año 2.500 a.C. La mística sufí, que lo consideraba un modelo de interpretación del mundo y de conocimiento del hombre, lo mantuvo vivo, de manera secreta u oculta, a lo largo de los siglos. Su introducción en Occidente, en la primera mitad del siglo XX, se atribuye al carismático y a la vez misterioso George I. Gurdjieff. Su divulgación y popularización posterior se debe a Óscar Ichazo (años 50), que introdujo la correlación de las nueve puntas con los nueve tipos de personalidad básica, y especialmente, a Claudio Naranjo (años 70) y Don Riso y Russ Hudson (años 80).

Para Naranjo, los nueve tipos de personalidad básica incluidos en el eneagrama (a los que llamamos eneatipos o egotipos, pues no dejan de ser manifestaciones del ego) constituyen un conjunto organizado de estructuras de carácter, entre las cuales se observan relaciones específicas de contigüidad, contraste, polari­dad, etc. Cada personalidad o estructura, como recuerdan Riso y Hudson, utiliza las capacidades del temperamento innato para desarrollar defensas y compensaciones para las heridas recibidas en la infancia, de modo que, de forma inconsciente, nos especializamos en un repertorio limitado de estrategias, imágenes propias y comportamientos que nos permitieron salir adelante y sobrevivir en el entorno de esos primeros años.

La denominación de los diferentes eneatipos varía en función del autor, de las traducciones y de los desarrollos posteriores que se han ido haciendo del eneagrama. Según la nomenclatura de Riso y Hudson, el eneatipo 1 es el reformador, un tipo idealista de sólidos principios; el eneatipo 2 es el ayudador, un tipo preocupado, orientado a los demás; el eneatipo 3 es el triunfador, un tipo adaptable y orientado al éxito; el eneatipo 4 es el individualista, un tipo romántico e introspectivo; el eneatipo 5 es el investigador, un tipo vehemente y cerebral; el eneatipo 6 es el leal, un tipo comprometido, orientado a la seguridad; el eneatipo 7 es el entusiasta, un tipo productivo y ajetreado; el eneatipo 8 es el desafiador, un tipo poderoso y dominante; el eneatipo 9, finalmente, es el pacificador, un tipo acomodadizo y humilde. Las denominaciones son solo eso, denominaciones: es difícil encontrar un concepto único para cada eneatipo, pues sus características generales (pasiones, cualidades esenciales, miedos, deseos básicos…) se ven siempre matizadas por los llamados instintos (que configuran 3 subtipos distintos dentro de cada egotipo) y por las influencias y relaciones que recibe o mantiene con el resto de eneatipos (lo que se conoce como flechas y alas).

Por tanto, el eneagrama no es un fin en sí mismo, sino el inicio de un camino de autoconocimiento y crecimiento que nos permite avanzar en la aceptación y el reconocimiento de la responsabilidad que tenemos sobre nuestros comportamientos, comprender mejor –desde el respeto– los patrones de funcionamiento de las personas que nos rodean y, desde ahí, crear lazos más fuertes y comprometidos, sobre las bases de una comunicación más efectiva, con el mundo en el que nos desenvolvemos. El eneagrama es, a la vez, una fuente de información muy útil en procesos de acompañamiento como el coaching (ayuda a definir herramientas más específicas para impulsar las necesidades y motivaciones de los clientes) y se emplea también (a veces con enfoques muy reduccionistas) en la gestión de grupos o en los procesos de selección que realizan los departamentos de recursos humanos de las empresas.

Todas estas funcionalidades del eneagrama dejan de tener sentido si lo utilizamos únicamente como herramienta de encasillamiento en una sociedad que vive, cada vez más, a golpe de etiquetas. Según vayamos conociendo los eneatipos, efectivamente, nos iremos identificando, en mayor o menor medida, con uno u otro. Pero no debemos olvidar que el eneagrama no es una herramienta para justificarnos (Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, como cantaba Jeanette), sino para superar las máscaras tras las que nos parapetamos y desarrollar al máximo nuestro potencial. Esa es la esencia del eneagrama: un círculo en el que todo cabe que fluye constante a través del espacio y del tiempo. ¿Por qué quedarse en un número, pudiendo aspirar al infinito?


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