AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING, RECOPILACIONES

Una caja de herramientas

La Asociación Española de Coaching (ASESCO), de la que formo parte, define el coaching profesional como un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial mediante un gran conjunto de herramientas que ayudan a cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde se desea estar. Este conjunto de herramientas permite al cliente, acompañado por su coach, plantearse objetivos y metas vitales, obtener una fotografía más concreta de la realidad en la que vive, imaginar y valorar nuevas opciones y posibilidades a implementar y desarrollar planes de acción que le permitan alcanzar su máximo potencial en un ámbito determinado (personal, relacional, laboral…).

Dentro de esas herramientas tienen gran protagonismo las llamadas preguntas poderosas (no hay que olvidar que el coaching se define también como el arte de hacer preguntas). Las preguntas poderosas son aquellas que permiten al cliente ampliar su nivel de conciencia sobre el mundo exterior e interior para superar los límites que, ante una situación dada, le imponen sus propios pensamientos, emociones o vivencias. Si eres lector habitual, habrás observado que este blog está lleno de preguntas. ¡Rara es la entrada que no incluye alguna! Poderosas o no, espero que estas preguntas te hayan ayudado a reparar en aspectos de tu vida en los que no te habías fijado hasta ahora e incluso a empezar a valorar desde otra perspectiva determinadas situaciones o circunstancias.

Además de preguntas, la caja de herramientas del coaching incluye visualizaciones, metáforas, asociaciones… y también herramientas específicas ya mencionadas en el blog que ahora, en verano, con más tiempo libre a nuestra disposición, podemos revisar. Así pues, te invito a releer la entrada Parar para seguir girando, que incluye una completa descripción de La rueda de la vida, una de las herramientas más utilizadas tanto en coaching como en otras disciplinas orientadas al crecimiento personal. Esta herramienta nos permite tener una visión gráfica (en forma de rueda de bicicleta, con sus correspondientes radios) de los aspectos más importantes de nuestra vida y del grado de satisfacción o equilibrio que damos a cada uno de ellos. ¿Tienes un rato libre? Coge papel y lápiz… ¡y a por ello!

El coaching dispone también de herramientas concretas para la gestión del tiempo y de prioridades: en El tiempo que se escapa encontrarás consejos para elaborar un registro del tiempo que ocupan tus actividades cotidianas (trabajo, estudio, descanso, tiempo libre) e imaginar otra posible distribución de horarios centrando la atención en tus deseos y necesidades, y en De lo urgente y lo importante hallarás pistas para organizar el trabajo y priorizar tareas siguiendo la llamada matriz de Covey o matriz de Eisenhower. ¿Es realmente tan urgente o tan importante todo lo que tienes que hacer cada día? En vacaciones, distanciados de la rutina, podemos valorar más objetivamente tanto el uso que hacemos del tiempo durante el curso como nuestra escala de prioridades.

También hay, por citar otro ejemplo mencionado en este blog, herramientas que facilitan la toma de decisiones, como el modelo de la encrucijada del que hablaba en la entrada Un cruce, distintos caminos. Este modelo nos atrapa en una rotonda con seis salidas posibles, todas ellas con nombres pintorescos: el camino que hace señas, el camino de los sueños, el camino que parece más sensato, el camino no recorrido, el camino ya recorrido, el camino de vuelta… Quizá estos días de descanso sean un buen momento para sacar el mapa, ver adónde te lleva cada uno de esos caminos y seleccionar las herramientas que necesitarás para llegar, con éxito, a la dirección escogida.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Distraerse para concentrarse

De repente, se dio cuenta de que había llegado a un lugar que no conocía o, peor aún, a un lugar al que no hubiera querido volver. Desconcertado, se preguntaba: ¿cómo he llegado hasta aquí? Creía tener claro hacia dónde estaba caminando, pero el lugar en el que se encontraba no se parecía a la meta que había soñado, ni tampoco a ninguna de las escalas previas que se había fijado al trazar el mapa. ¿Cómo he llegado hasta aquí?, se repetía. Desorientado, no encontraba una explicación. ¿Qué le había ocurrido? ¿Tal vez se había distraído por el camino? ¿Dónde había sido? ¿Qué estímulo fue el causante? Y, sobre todo, ¿cómo volver allí para reanudar la marcha hacia el destino fijado?

Nuestra vida está llena de distracciones. Vivimos rodeados de fenómenos cotidianos que roban nuestra atención: llamadas, correos electrónicos, notificaciones de aplicaciones de mensajería y redes sociales… Estamos muy pendientes de lo que ocurre fuera, e incluso aparcamos nuestras necesidades o deseos para atender, prioritariamente, y aunque no nos satisfagan, las demandas o exigencias que nos llegan del exterior. Sin embargo, no todas las distracciones son externas o ajenas a nosotros mismos: nuestro discurso interior también puede distraernos desempolvando pensamientos o acciones recurrentes, a veces obsesivos, y cantos de sirena que nos sirven de refugio de la apática realidad en la que, según creemos, vivimos.

Las distracciones son, en la mayoría de los casos, tentaciones que nos sirven para inhibirnos o escapar de situaciones que nos asustan o que nos incomoda enfrentar. Distraídos, perdemos el foco sobre lo que realmente nos importa, y dejamos que nuestra atención y nuestra concentración se dispersen en múltiples estímulos accesorios que no conducen más que a una pérdida de tiempo y energía. El resultado es la desorientación e incluso, si no hemos definido una misión clara para nuestra vida, el vacío. Las distracciones a las que recurrimos para lidiar con el día a día, o para protegernos de él, terminan por dejarnos a la intemperie, desnudos de nosotros mismos.

No obstante, no todas las distracciones son negativas. Ni mucho menos. Hay también distracciones positivas y es fácil identificarlas: son aquellas que nos permiten contactar con nosotros mismos y actuar como realmente somos. ¡Improvisa! Siéntete libre para explorar tus necesidades, tus deseos, tus carencias. Despréndete de las distracciones impuestas y busca tu espacio propio. ¡Concéntrate! Define o redefine la misión que quieres llevar a cabo en tu vida (en el trabajo, en la familia, en tus relaciones sociales) y vuelve al camino del que las otras distracciones te hicieron apartarte. El verano, con las vacaciones, es una época propicia para mirar al interior y redescubrirse. Distráete no para escapar, sino para encontrarte.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

El escalador frente a la cumbre

Este fin de semana he tenido ocasión de participar en una excursión a la Peña Muñana, una formación granítica situada junto a la localidad de Cadalso de los Vidrios, al suroeste de la Comunidad de Madrid. Según indican las guías, se trata de una ruta de baja dificultad (la cumbre se encuentra a poco más de 1.000 metros de altitud). No obstante, la suave ascensión inicial se torna más intensa, y algo exigente, a medida que nos acercamos a la cumbre. El paseo me ha suscitado dos reflexiones. La primera, el bienestar físico y emocional que supone contactar periódicamente con la naturaleza. La segunda, la importancia de una correcta planificación antes de emprender cualquier aventura.

Acompañados de una experta que nos iba explicando las características del paisaje, hemos completado la ascensión a la cumbre en cuatro etapas. La primera de ellas transcurría entre el inicio de la ruta, junto a las últimas casas del municipio, y un gran lanchar desde el que se podían observar los distintos tipos de bosque que íbamos a atravesar durante la subida. La segunda etapa concluía en unas formaciones rocosas frente a las grandes canteras –heridas de resplandecientes colores blancos– que rodean la zona. La tercera etapa terminaba al pie del tramo más duro del camino, junto a un sendero desde el que se podía divisar todo el pueblo. La cuarta etapa, con final en la cumbre, coronaba el recorrido con espectaculares vistas del Cordel de San Vicente, de la unión de la Sierra de Guadarrama con la Sierra de Gredos y de las Cabreras de San Juan.

Resulta difícil perderse en este tipo de excursiones: el guía conoce el lugar, la ruta aparece recogida en diversos planos, el camino está señalizado con pinturas o marcas labradas sobre la roca… Sin embargo, aún quedan nuevos caminos de ascensión por descubrir. ¿Cómo hacerlo? Los alpinistas, a la hora de definir la ruta más adecuada para alcanzar la cumbre, no empiezan por el punto de partida, sino por la cima: ¿dónde debo estar, justo antes de alcanzar la cumbre, para coronar la montaña con garantías de éxito? Una vez que encuentran respuesta para esta pregunta, se formulan la siguiente: ¿cuál es la mejor posición anterior para llegar a ese penúltimo paso previo a la cumbre? Y así sucesivamente. La planificación de su estrategia se basa en la reconstrucción del recorrido al revés, desde el final hasta su inicio.

Giorgio Nardone, experto en Terapia Breve Estratégica y Problem Solving Estratégico, propone aplicar la metodología de los alpinistas a la resolución de problemas y a la planificación de metas vitales al considerar que este procedimiento, basado en una estrategia mental contraintuitiva, evita el trazado de rutas que desvían del objetivo y permite seguir el camino más fácil hacia la cima. La llamada Técnica del Escalador permite fraccionar el objetivo final en objetivos más pequeños creando una serie de escalones con el fin de identificar el primer paso (la acción más pequeña y concreta posible) a seguir. De esta manera, quedan planificadas todas las etapas que será necesario cumplir para alcanzar el objetivo final.

Seguir la hoja de ruta facilitará la consecución de resultados. Eso sí, en el camino hacia la cumbre, aún siguiendo las etapas planificadas, es posible que surjan imprevistos e imponderables que habrá que ir afrontando según vayan apareciendo. En estos casos, mantener la mirada fija en la cumbre nos ayudará a adaptar o corregir la estrategia para resolver las incidencias. No tiene sentido caminar sin rumbo fijo o improvisar sobre la marcha: así solo conseguiremos desviarnos de nuestro objetivo. La vida es una sucesión de cordilleras con montañas de diferentes alturas y dificultades. ¿Sabes ya cuál es la próxima cima a escalar?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, METÁFORAS, REFLEXIONES

En el camino nos encontraremos

“Ha llegado a su destino”. Así nos anuncian los navegadores GPS que hemos completado nuestra ruta. El funcionamiento de estos dispositivos es muy sencillo: solo hay que introducir en el dispositivo la dirección a la que queremos llegar; el software se encarga de buscar el itinerario más rápido o, al menos, más ajustado a nuestras preferencias (autopistas, peajes, etc.). Incluso, si se trata de un navegador actualizado, nos ayuda a sortear tramos en obras o retenciones de tráfico. Además, podemos escoger lugares para hacer paradas y descansos en función de las recomendaciones de otros usuarios. ¿Te imaginas qué fácil sería alcanzar, aplicando esta tecnología, nuestras metas y propósitos vitales?

Alcanzar objetivos no suele ser una tarea fácil. Primero, porque no siempre tenemos una idea clara del destino al que queremos llegar: lo único que sabemos con certeza es que no queremos seguir en el mismo lugar. Segundo, porque podemos seguir varios itinerarios, cada uno de ellos con sus ventajas e inconvenientes. Tercero, porque siempre surgirán imprevistos o imponderables que condicionarán nuestra marcha. El material que nos pueda servir de guía se asemejará a esos antiguos mapas de carreteras con decenas de dobleces que ya no concuerdan en los que habríamos dibujado –y tachado– propuestas de recorrido y escalas. Puede que, incluso, se haya perdido alguna página.

Cuando, finalmente, nos pongamos en marcha, transitaremos por los accidentes geográficos que caracterizan nuestra ruta. Quizá subamos con facilidad por puertos de montaña que otros no pudieron coronar. Quizá la fatiga y el cansancio nos sorprendan en la planicie que otros vivieron como un paseo. Cada uno encontrará sus propias dificultades. ¿Cómo avanzar? Aceptando que la recompensa y el éxito no se encuentran en la mera consecución de nuestros propósitos u objetivos, sino también en el disfrute del camino que nos lleva hasta ellos. Ya lo dijo el gran escritor Antonio Machado: Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

Palabras… ¿nada más?

En las sucesivas entradas que he ido publicando en este blog han aparecido, más o menos desglosados, algunos conceptos de gran importancia para mí por su contribución a mi propio proceso de cambio personal y profesional. Así, he hablado de la relación con el miedo, la lucha entre el crítico interno y el aliado interior, la confección de nuestra mochila vital, el desarrollo de potencialidades e ilusiones, el contacto con uno mismo a través del mindfulness, la búsqueda de motivaciones más allá de la zona de confort, la necesidad de fijar límites en la relación con los demás, la diferencia entre mapa y territorio o la apuesta por la planificación y el empoderamiento como respuestas a la procrastinación. Pero… ¿qué hay detrás de todos estos términos?

Algunas personas o sectores sociales consideran que todos estos conceptos son palabras huecas. Para unos son denominaciones fruto de modas –pasajeras o no– a las que no conviene prestar atención. Para otros son directamente una perversión del lenguaje. Coincido en que algunos de los sintagmas utilizados en el mundo del autoconocimiento, desde la Psicología hasta los libros de autoayuda –pasando por todas las opciones intermedias–, se han convertido en expresiones manidas. Del mismo modo, algunos conceptos han perdido el brillo que irradiaban cuando fueron aplicados por primera vez. Obviamente, las palabras se desgastan con el tiempo. Pero… ¿debe deteriorarse también su significado?

Quizá las reticencias suscitadas por los términos de los que hablo en este blog tengan su origen en el miedo a descubrir su auténtico valor: la discusión sobre formalismos suele ser una vía de escape para evitar la toma de conciencia interior. Por eso, te invito a ir más allá de las palabras: mira cómo resuenan dentro de ti, conecta con las emociones que te provocan, déjate seducir por ellas, engánchate a aquellas que te despierten nuevas posibilidades y horizontes. Aun siendo conceptos trillados, repetidos o denostados, serán tuyos. Y quizá, como me ocurre a mí, darán sentido a tu vida. Palabras… ¡y cuánto más!

Estándar