AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

El método Autopías para definir objetivos

En los últimos días he escuchado voces que critican o cuestionan la necesidad de fijarse objetivos para el nuevo año que acaba de comenzar. Unos dicen que es una tontería, otros que no sirve para nada… Aunque no es obligatorio ponerse metas al iniciar el año, yo soy de los que piensan que estas fechas (al igual que los cumpleaños o cualquier otro tipo de aniversarios o circunstancias vitales) son una buena ocasión para pararse a pensar, al menos por un momento, y encontrar metas y propósitos que, de alguna manera, nos ayuden a crecer y mejorar en cualquier ámbito de nuestra vida (desde lo más trivial hasta lo más trascendente).

Pero… ¡cuidado! No se trata de escoger objetivos al tuntún o de dejarse arrastrar por las últimas modas o tendencias o de construir castillos en el aire. No.

Se trata, por el contrario, de indagar y conectar con nuestras necesidades para identificar aquellas cosas (acciones, actividades, intenciones…) que nos gustaría tener como dirección o foco –fuente de motivación, estímulo y apoyo– en las próximas semanas, meses e incluso años. Cosas que, en definitiva, nos ayudarán a ensanchar esa zona de confort en la que vivimos (aunque a veces no sea nada cómoda o confortable) facilitando así nuevos aprendizajes y experiencias y mejores cotas de bienestar.

Estos objetivos, por tanto, deben tener un para qué. Es decir, tienen que ser objetivos con sentido y significado en el momento presente de nuestras vidas.

Identificados esos objetivos (bien porque tengas ya alguna idea rondando por la cabeza, bien porque hayas trabajado en encontrar tus propósitos para el nuevo año según explicaba en la entrada anterior), es necesario formularlos de forma adecuada para que podamos conseguir los resultados que esperamos. Aunque hay muchas fórmulas para definir objetivos –casi todas ellas basadas en acrónimos en inglés (smart, grow, pure, clear…)– yo prefiero usar mi método AUTOPÍAS. ¿En qué consiste? Veamos qué palabras forman mi propio acrónimo para encontrar objetivos bien definidos y perfilados:

A… de actual. Busca objetivos que nazcan de tus necesidades actuales. Desconfía de aquellos propósitos que te has planteado otras veces y que nunca has logrado cumplir. ¿Son esos propósitos los que realmente quieres? Y, si es así, ¿por qué abandonaste? Rescata y reformula, de acuerdo a este método, aquellas metas que aún te ilusiona alcanzar.

U… de único. No te dejes atrapar por modas o tendencias. Sé genuino: solo tú sabes lo que realmente quieres ser, hacer o tener en la vida.

T… de tangible. Enuncia objetivos que estén limitados en el tiempo (fijando un plazo) y que, además, se puedan medir y cuantificar. A la vez, identifica las sensaciones –indicaciones físicas y emocionales– que te indicarán que avanzas correctamente hacia su consecución.

O… de optimista. Formula tus metas en positivo. Sí, puede que tengas más claro lo que no quieres que lo que quieres, pero no puedes quedarte ahí: tienes que darle una vuelta más a tu objetivo para enunciarlo en términos positivos, ya que solo así podrás enfocarte en la dirección deseada.

P… de preciso. Sé concreto y específico. Prueba a resumir tu objetivo en una única frase con sujeto, verbo, objeto directo e indirecto y complementos de lugar, tiempo, modo, instrumento o finalidad.

I… de implicación. Tienes que preguntarte si el objetivo en el que piensas está en tu mano o, por el contrario, depende de otras personas. No sirve de nada plantearse metas en las que no seas el protagonista. Identifica, por tanto, propósitos que dependan de ti, donde las acciones necesarias para conseguirlos estén siempre bajo tu control.

A… de alcanzable. A todos nos gusta soñar y fantasear, pero no pidas cosas imposibles. Se trata de encontrar objetivos realistas y ajustados a tus circunstancias y posibilidades actuales.

S… de saludable. Escoge propósitos que sean realmente adecuados para ti y que sean respetuosos y ecológicos tanto con las personas que te rodean como con los ambientes en los que te desenvuelves.

¿Te sirven estas pistas para definir tus objetivos? Mi experiencia demuestra que, a pesar de estas pautas, no siempre somos capaces de encontrar y concretar nuestros propósitos. Nos falta perspectiva, aparecen el miedo y la indecisión, nos bloqueamos… Si estás en esa situación, no dudes en contactar conmigo: estaré encantado de acompañarte en la búsqueda y formulación de objetivos para el año que ahora comienza.

De nuevo… ¡feliz 2021!


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS

¿Imponderables o imprevistos?

En la entrada anterior de este blog te proponía un método en 3 palabras con el que enfocar tus intereses y esfuerzos para el curso que acaba de comenzar. Este método consiste en crear una visión de lo que realmente queremos ser, hacer o tener en el nuevo curso, diseñar una misión o propósito que articule nuestro empeño y establecer un plan de acción para conseguir la meta o el objetivo que nos hayamos propuesto. ¿Has puesto en marcha este método? ¿Ha funcionado? Si la respuesta es afirmativa, ¡enhorabuena! Si no lo es… ¡tranquilidad! Y, sobre todo… ¡no tires la toalla! No pasa nada por reajustar la visión, la misión o las acciones cuantas veces sea necesario.

A veces, la frustración nos puede y preferimos quedarnos enganchados en el victimismo o en el pesimismo. Nos dejamos invadir por pensamientos negativos y nos creemos, literalmente, que la meta por la que queríamos luchar no está a nuestro alcance. Sin embargo, hay una salida aún más fácil: revisar qué es lo que ha fallado. Tal vez la misión que habíamos definido era demasiado ambiciosa y no se ajustaba al principio de realidad necesario para poder llevarla a buen término. O quizá falló el plan de acción, incapaz de hacer frente a situaciones sobrevenidas o a distracciones que no habíamos tenido en cuenta. ¿Fue así?

Cuando estudiaba Comunicación Audiovisual, mi profesor de Producción, José G. Jacoste Quesada, hacía especial hincapié –a la hora de planificar un rodaje– en la diferenciación entre imprevistos e imponderables. Los imprevistos suceden, como indica la palabra, por falta de previsión. Los imponderables, por su parte, se refieren a cuestiones que exceden a toda ponderación humana: son cosas que ocurren de manera inesperada e inevitable y que tienen consecuencias que, a diferencia de los imprevistos, no se pueden conocer o precisar. En el rodaje de nuestra vida cotidiana, serían imprevistos aquellos eventos o compromisos que no hemos tenido en cuenta a la hora de diseñar nuestro plan de acción. El imponderable sería, por ejemplo, el resfriado que nos obliga a guardar reposo durante unas horas.

Conocida esta diferencia, ¿qué fue lo que falló al diseñar la misión y el plan de acción para el nuevo curso? Si fueron imponderables, y la situación se ha normalizado, basta con retomar las acciones que habíamos previsto reajustando, si fuera preciso, los plazos que manejábamos para conseguir nuestro objetivo. Si fueron imprevistos, tendremos que rediseñar nuestra estrategia… y será más eficaz, pues incluiremos en ella factores que hasta ahora –hasta tropezar con ellos– habíamos pasado por alto. Sea como fuere, cualquier momento es bueno para reanudar la marcha y cumplir la misión que nosotros mismos, desde nuestras motivaciones y necesidades, nos hemos encomendado.


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