AUTOPÍAS, REFLEXIONES

Contando desde cinco

Lunes, 5 de abril. Finalizada la Semana Santa (salvo en algunas regiones, donde hoy también es festivo), y dejando de lado las particularidades de los calendarios escolares, empieza un nuevo mes que es, además, inicio de un nuevo trimestre (al menos, en lo que a días hábiles se refiere).

He aquí la paradoja sobre la que hoy quiero llamar la atención: es día 5 y hay un comienzo.

¿O es que siempre hay que empezar por el número 1?

Se dice que el número 5 representa al ser humano en su totalidad. Efectivamente, cada uno de nosotros estamos dotados de cinco sentidos (vista, oído, tacto, olfato y gusto), tenemos cinco dedos en cada mano y en cada pie y nuestro crecimiento y desarrollo como personas converge y se expande en cinco dimensiones (física, afectiva, racional, social y espiritual). Se dice, también, que el número 5 expresa libertad, aventura y cambio. ¿Acaso no estamos en constante evolución?

Confiemos, pues, en nuestra propia totalidad. Fijémonos en lo que nos dicen nuestros sentidos. ¿Hasta qué punto dejamos contaminar nuestra percepción por fantasías o temores imaginarios? Cultivemos nuestras propias dimensiones. ¿Cuál está más fuerte? ¿Cuál nos parece la más débil? ¿Cómo se interrelacionan entre ellas? Pongamos atención, tomemos conciencia… y escuchemos las respuestas de nuestra intuición y sabiduría interior.

Empezar no implica siempre partir de cero. En nuestro recorrido vital nos seguiremos encontrando primeras veces –¡qué sería de la vida si no nos brindara nuevas alternativas y oportunidades!–, pero las experiencias y los aprendizajes previos suman puntos para afrontar con garantías los retos y los desafíos que irán apareciendo en el camino.

Yo, esta semana, empiezo a contar desde 5. ¿Y tú?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT

Dos movimientos, un fluir

Según la Terapia Gestalt, hay dos movimientos esenciales en la interrelación del ser humano con el mundo que le rodea: el contacto y la retirada. El contacto es el movimiento que hacemos para interactuar con el ambiente a nuestro alrededor con el fin de cubrir las necesidades físicas, intelectuales, afectivas, de pertenencia o de realización que no podemos satisfacer por nosotros mismos. La retirada, por su parte, es el movimiento de vuelta a una situación de reposo en la que integrar la experiencia que nos ha aportado el contacto y esperar la aparición de nuevas necesidades o estímulos que nos movilicen hacia un nuevo contacto.

Ambos movimientos, contacto y retirada, deberían fluir de forma sana y saludable. Pero no siempre es así, ¿verdad?

A veces, no damos descanso al contacto. Puede que las necesidades que nos movilizaron se hayan transformado en compromisos u obligaciones que nos dejan enganchados a determinadas situaciones o relaciones. Puede que haya, también, una fuerte necesidad de evitar, a toda costa, la soledad –entendida como vacío– que se asocia a la idea de retirada. Así, de manera consciente o inconsciente, nos llevamos trabajo a casa (bien en forma de tareas concretas, bien como pensamientos recurrentes de revisión o planificación), encadenamos un sinfín de actividades en nuestra agenda (¡cuidado no vayamos a quedarnos sin nada que hacer!) o repetimos comportamientos o patrones de relación de contextos que ya no se corresponden con la situación actual. Todo para no entrar en retirada.

Retirarse exige tomar una cierta distancia respecto al contacto. Es el momento de soltar, de liberarse. Una forma sencilla para tomar conciencia de la separación entre contacto y retirada es verbalizar, internamente, cada una de las acciones que vamos concluyendo (aunque sean tareas que se repiten diariamente) con el fin de prepararnos para atender las nuevas necesidades o impulsos emergentes que puedan surgir: por ahora, he terminado de (acción concreta), acepto la experiencia tal cual ha sido y quedo en disposición de apertura para vivir, en plenitud, lo que pueda venir a continuación. ¿Sirve? Para mí es, al menos, toda una declaración de intenciones.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que la retirada también tiene sus riesgos. Por ejemplo, puede convertirse en un refugio permanente para eludir, a toda costa, cualquier interacción con el mundo exterior. Así ocurre, por ejemplo, cuando no somos capaces de identificar nuestras necesidades más auténticas (lo que realmente queremos hacer) o cuando, reconocidas esas necesidades, nos dejamos vencer por el miedo. La retirada es, en estos casos, como estar parado delante de una puerta giratoria, sin saber en qué hueco entrar, o como deambular por una estación de ferrocarril dudando si subir o no a un determinado tren.

Para definir la frontera entre el contacto y la retirada hay que enfocarse, una vez más, en el presente, en el aquí y en el ahora. En este momento concreto de tu vida…

  • ¿Dónde te enganchas?
  • ¿Qué oportunidades estás dejando pasar?

¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT, METÁFORAS

El vértice de la parábola

Todos los procesos de cambio personal –especialmente aquellos que implican un cierto nivel de profundidad– incluyen un momento de duda en el que, asustados por lo que pueda venir después (una vez que el cambio se materialice), nos planteamos volver a la situación anterior… aun sabiendo que ya no nos aporta nada o no nos satisface.

¿Has estado alguna vez ahí?

Para mí, ese momento de duda es como el vértice de una parábola matemática, el lugar donde las ramas de la figura cambian de dirección.

Pensemos, por un momento, en una parábola con forma de U, que abre sus ramas hacia arriba. El primer tramo de la parábola, decreciente en su camino hacia el vértice, puede equipararse al descenso a las profundidades de uno mismo (una bajada a los infiernos, si se prefiere) que va implícita en cada proceso de cambio personal. Una vez que se llega al vértice, comienza un segundo tramo creciente, igual de pronunciado que el anterior, que a priori nos parece infranqueable por la dificultad que conlleva la ascensión.

Igual ocurre, pero al revés, con la parábola con forma de U invertida, cuyas ramas se abren hacia abajo. El primer tramo, creciente, es una dura escalada que requiere ir soltando equipaje para subir más alto y alcanzar mejores perspectivas. El segundo tramo, decreciente desde el vértice, sugiere la amenaza de caída, la posibilidad de despeñarse, la osadía de un salto.

El vértice de los procesos de cambio es, por tanto, el punto –impasse– en el que elegimos entre volver atrás, regresando a una zona de confort ya nada confortable, o dar un paso hacia delante para adentrarnos en un terreno desconocido, tal vez inhóspito al principio, pero necesario para nuestro crecimiento personal. El impasse es la puerta a lo que la Terapia Gestalt denomina el vacío fértil, la oportunidad de acceder al sinfín de recursos (emociones, capacidades, competencias, comportamientos…) que dan forma a nuestro potencial.

Estos días, precisamente, se cumplen cinco años desde que iniciara mi formación en Teoría y Técnicas Gestálticas. Aunque ya conocía este enfoque desde tiempo atrás, la experiencia –íntegramente vivencial, como no puede ser de otra manera– fue el impulso que necesitaba para llegar a mi impasse y saltar al vacío fértil, un vacío que se fue construyendo con la renuncia a mi anterior trabajo y el aprendizaje de nuevas competencias y herramientas profesionales y que sigo cultivando hoy día, no sin dificultades (la vida está hecha de luces y sombras), en este proyecto llamado Autopías.

Hay quien dice que los procesos de cambio personal nos llevan a la mejor versión de nosotros mismos. Yo no sé si estoy en mi mejor versión, pero me siento en mi versión más auténtica.

¿Cómo te sientes tú? ¿A qué distancia está el vértice de la parábola?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING, PNL

Un círculo de potencial

¿Te imaginas poder acceder, de forma fácil y rápida, a las sensaciones de seguridad, confianza, fortaleza, tranquilidad o bienestar que necesitas para afrontar los desafíos que se te van presentando a lo largo de tu vida? Quien más, quien menos, todos hemos dejado pasar oportunidades o nos hemos dejado atrapar en círculos viciosos por no haber sabido movilizar esas sensaciones, dejando prevalecer el miedo o las limitaciones y deméritos que creemos tener. Pero hay una buena noticia: es posible entrenar un estado de plenitud de recursos en el que encontrar, al instante, esas sensaciones con las que habitualmente nos cuesta conectar.

El estado de plenitud de recursos es, según la Programación Neurolingüística (PNL), el estado emocional en el que integramos las experiencias en las que nos hemos sentido llenos, felices o, al menos, satisfechos con nosotros mismos con vistas a su recuperación posterior en momentos en los que nos sentimos faltos de motivación o energía para hacer frente a determinados retos o circunstancias.

Pero… ¿qué es la PNL?

La Programación Neurolingüística, de la que ya he hablado alguna vez en este blog, es una técnica creada por John Grinder y Richard Bandler en los años setenta del siglo pasado a partir de la observación y el estudio de patrones de comportamiento de personas que obtenían destacados resultados en sus respectivos ámbitos de actuación. Desde ahí, la PNL ha dado lugar a todo un conjunto de modelos, habilidades y técnicas para pensar y actuar de forma efectiva en el mundo (definición de Joseph O’Connor y John Seymour).

Entre esas técnicas está el círculo de la excelencia, que es la puerta de entrada a ese estado de plenitud de recursos. ¿Cómo se crea ese círculo? Te lo explico en 5 pasos:

1) Busca un lugar tranquilo, sin distracciones, en el que recordar un momento de tu vida en el que te hayas sentido pleno y satisfecho. Respira profundamente. Ahora, concéntrate en ese recuerdo y tráelo al presente, aquí y ahora, para recuperar, actualizar e integrar esa experiencia. No te fijes solo en el logro o la situación en sí, sino también –y especialmente– en todos los detalles que acompañan al recuerdo. ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué sientes? Déjate impregnar por todos esos detalles.

2) Una vez evocado el recuerdo e identificado sus detalles, imagina que tienes ante ti un círculo dibujado en el suelo. Recréate en la visualización de ese círculo, definiendo todas sus características (tamaño, color, textura, temperatura, etc.). ¿Lo tienes?

3) Vuelve a esa experiencia de excelencia que has evocado antes. Profundiza en ella afianzando al máximo sus detalles. A continuación, piensa en un código o clave con el que recuperar esa sensación cuando la necesites. Este código –que funciona como anclaje o vínculo– puede ser una palabra, una imagen mental o un gesto corporal (por ejemplo, dibujarte con el dedo un pequeño círculo detrás de la oreja). En cuanto tengas el código, da un paso al frente y adéntrate en tu círculo de experiencia. Aunque se puede hacer en modo visualización, movilizar la fisiología para entrar en el círculo ayuda a imprimir sensaciones en la llamada sabiduría corporal. Dentro del círculo, expande y amplifica tu experiencia.

4) ¿Y ahora? Cambia de tercio y sigue con tus actividades cotidianas: siempre hay cosas por hacer.

5) Cuando vuelvas a hacer una pausa en tus quehaceres, o dispongas de tiempo libre, activa tu círculo con la clave o el código que elegiste. ¿Recuperas las sensaciones que pretendías obtener? Para verificarlo, puedes probar a traer al presente alguna situación futura en la que puedas necesitar ese estado de plenitud de recursos. ¿Cómo cambia esa situación futura si tienes tu estado de excelencia plenamente disponible?

Ojalá hayas alcanzado esa plenitud de recursos. Desde ahora, cuando la necesites, solo tendrás que activarla y, gracias a este trabajo de integración y vinculación que has realizado, encontrarás con mayor facilidad las sensaciones que buscas.

¿Ha funcionado?

Es probable que el círculo no alcance su máxima eficacia a la primera. Las sensaciones obtenidas pueden ser débiles y será necesario reforzarlas repitiendo de nuevo los pasos que he descrito (bien en solitario o, en situaciones de estancamiento, buscando acompañamiento profesional). Y, aunque funcione, conviene cultivar este círculo de excelencia como si fuera una planta que necesita cuidados no solo para crecer, sino también para mantenerse viva. Entrenar y actualizar: esas son las claves para llegar a la plenitud de recursos que se esconde en tu potencial.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING, LECTURAS

Seis sombreros para una autopía

Blanco, rojo, negro, amarillo, verde y azul. Estos son los colores que se emplean en la dinámica Seis sombreros para pensar, una práctica desarrollada por Edward de Bono en el libro del mismo título en la que, mediante el uso –real o imaginado– de sombreros de esos seis colores, se estimulan diferentes áreas de pensamiento (información, lógica, emociones, optimismo, creatividad…). Porque, según de Bono, es un error limitar el pensamiento a la argumentación y a la dialéctica: el pensamiento requiere perspectiva y creatividad para generar nuevas ideas con las que superar la confusión –el ruido mental– con la que vivimos habitualmente.

La dinámica de los seis sombreros para pensar constituye, pues, un método para dirigir la atención sobre áreas específicas del pensamiento con el fin de obtener una panorámica global de afirmaciones, respuestas o consideraciones sobre asuntos concretos sobre los que tenemos que tomar decisiones. Cada uno de los sombreros representa un rol determinado que de Bono nos anima a interpretar con la mayor implicación posible. El hecho de que cada sombrero sea un juego o una representación ayuda a sortear las dificultades o barreras que suele poner nuestro ego, construido a base de gruesas capas de razonamiento dialéctico.

Estas son las áreas de pensamiento que se nos invita a explorar al ponernos cada uno de los sombreros:

El sombrero blanco activa un área de pensamiento para el que solo cuentan los hechos, los datos y las cifras, sin realizar ningún tipo de valoración sobre ellos. Se trata de recopilar la información que tenemos sobre el asunto que nos ocupa. Es el sombrero de la neutralidad y la objetividad.

El sombrero rojo da cabida a las emociones, a los sentimientos y, como dice de Bono, a los aspectos no racionales del pensar. Se incluyen aquí las intuiciones o presentimientos que tenemos sobre el asunto en cuestión. El sombrero rojo facilita que se puedan exponer estos elementos sin necesidad de justificarlos.

El sombrero negro recoge los juicios negativos ante una determinada situación o circunstancia. Se lo conoce también como el sombrero de la crítica, porque estimula la verbalización de errores, incorrecciones, imperfecciones, riesgos o peligros. De Bono equipara este sombrero con la figura del abogado del diablo.

El sombrero amarillo promueve el pensamiento positivo. Se trata de buscar el valor y los beneficios de la situación sobre la que estamos trabajando. Para ello, de Bono nos anima a ser constructivos y optimistas. Se admite la especulación siempre y cuando esté encaminada a encontrar nuevas oportunidades.

El sombrero verde exige un esfuerzo deliberado y concentrado para la articulación de ideas nuevas o mejores. Es, por tanto, una oportunidad para el desarrollo del pensamiento lateral o creativo. El objetivo es encontrar alternativas que vayan más allá de lo conocido, lo obvio y lo satisfactorio. Se permite la provocación cuando su uso pueda facilitar nuevos conceptos o percepciones.

El sombrero azul, finalmente, es el que dirige todo el proceso. Por un lado, da paso a los distintos sombreros, según sea necesario, en el análisis de la situación a estudio. Por otro lado, define el foco de la discusión, sintetiza las intervenciones del resto de sombreros y establece las conclusiones. En palabras de Edward de Bono, el pensador del sombrero azul organiza el pensamiento mismo.

Quizá tengas actualmente en tu vida algún asunto pendiente en el que esta dinámica pueda ayudarte a encontrar nuevas perspectivas. De momento, te invito a utilizar esta herramienta para expresar, desde las diferentes áreas del pensamiento, tus opiniones e impresiones acerca de este blog. Para ello he elaborado el cuestionario “Seis sombreros para una autopía”, cuyas respuestas me resultarán muy útiles, estas vacaciones, para preparar la próxima temporada. ¡Gracias, de antemano, por tu participación!

Enlace al cuestionario “Seis sombreros para una autopía”.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, COACHING, HERRAMIENTAS DE COACHING

Descubre tu autopía

Se cumple un mes desde la entrada en vigor del estado de alarma decretado por el Gobierno de España para hacer frente a la pandemia del coronavirus COVID19. Durante este tiempo, nuestros esfuerzos se han dedicado, principalmente, a gestionar los cambios que se han producido en nuestro día a día a causa de las medidas de confinamiento, entre ellos la reconversión de nuestros hogares en oficinas de trabajo y aulas para nuestros hijos o el rápido aprendizaje y adaptación a nuevas tecnologías con las que acceder a propuestas culturales, deportivas, de formación o de entretenimiento y mantener, de manera virtual, nuestra vida social. A la vez, hemos salido a aplaudir –como seguimos haciendo– a los profesionales que siguen trabajando por la salud, la seguridad, los servicios sociales, el abastecimiento y tantos otros servicios públicos que hasta ahora nos pasaban desapercibidos. Y, por supuesto, hemos seguido con preocupación, incluso con dolor, las terribles estadísticas que el coronavirus está dejando a su paso. Preocupación y dolor que, por supuesto, mantenemos.

Disciplinadamente, nos hemos acostumbrado, con mayor o menor esfuerzo, a una vida totalmente hogareña. Nos hemos habituado también, aunque lo hagamos compungidos, a guardar la distancia social en las colas de los supermercados. Incluso, en algunos momentos, empezamos a advertir rutinas en el silencio que nos llega de las calles. Tal vez sea el momento, una vez adaptados a una provisionalidad por ahora indefinida, de volver la mirada hacia dentro para ver cómo estamos, qué cambios internos –aunque sean sutiles– se han producido en cada uno de nosotros, cuáles son nuestros anhelos para el futuro… Esta nueva prórroga del estado de alarma que ahora comienza puede ser una oportunidad única para buscar, desde la introspección, nuestra propia autopía, es decir, ese espacio propio, ideal y alcanzable, en el que desarrollar una nueva forma de ser y estar en el mundo una vez que, paulatinamente, vayamos recuperando una nueva normalidad indudablemente distinta a la que dejamos semanas atrás.

¿Sientes que es el momento de avanzar hacia allí? Si la respuesta es afirmativa, quizá te interese utilizar la guía “Descubre tu autopía: abriendo caminos en un momento único” en la que he estado trabajando intensamente, y con mucho cariño, en los últimos días. La guía, que puedes descargar gratuitamente, incluye propuestas que, a partir de preguntas y herramientas de coaching, te ayudarán a reflexionar sobre tu contexto vital y sobre los propósitos, los valores y las acciones que necesitas para expresar todo tu potencial. Además de trabajar con la guía, te invito a compartir tus experiencias o tus dudas sobre las propuestas en ella incluidas en la sesión grupal online que celebraré el domingo 26 de abril a las 18:00 horas (hora de Madrid-España). Del mismo modo, mantengo la oferta de tres sesiones individuales de coaching gratuitas, sin compromiso de continuidad, que vengo realizando desde el inicio del estado de alarma (sesiones de 45 minutos, oferta válida hasta el 26 de abril). Puedes apuntarte a la sesión grupal o a las sesiones individuales, así como recabar información adicional, escribiendo al correo electrónico info@autopiascoaching.com o rellenando este formulario indicando nombre y teléfono y el formato de coaching (individual o grupal) de tu interés. ¡Descubre tu autopía!

¿No llegaste a la fecha anterior? ¡No te preocupes! He programado una nueva sesión grupal online para el miércoles 6 de mayo a las 19:30 horas (hora de Madrid-España). Además, la oferta de tres sesiones individuales de coaching gratuitas se amplía hasta el 10 de mayo.

Descarga aquí la guía “Descubre tu autopía: abriendo caminos en un momento único”.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, COACHING

Aplicaciones del coaching personal

Cuando, en este contexto de popularización –y a veces, indefinición– del coaching, me preguntan en qué consiste mi trabajo como coach, suelo responder que mi misión es acompañar a personas, empresas, organizaciones y colectivos interesados en impulsar procesos de planificación de objetivos, toma de decisiones, mejora de habilidades de comunicación interna y externa, gestión de tiempo o cualquier otro proceso de cambio y transformación que crean necesitar. Pero… ¿de qué objetivos, decisiones, habilidades o procesos estamos hablando? En este artículo me gustaría hacer un repaso de algunas de las situaciones o circunstancias que se pueden trabajar, específicamente, desde el coaching personal.

Veamos, por ejemplo, algunas de las situaciones problemáticas –y a la vez desafiantes– que nos podemos encontrar en el ámbito laboral: falta de entendimiento con nuestro jefe, relaciones tóxicas o envenenadas con nuestros compañeros de trabajo, protocolos o procedimientos que consideramos absurdos o ineficaces, ausencia de directrices precisas sobre lo que se espera de nosotros… Puede que, de tanto repetir las mismas tareas, hayamos perdido la confianza en el resto de competencias profesionales de las que disponemos para optar a nuevas oportunidades de empleo dentro o fuera de la empresa. Incluso podemos sentir la necesidad de reinventarnos profesionalmente y no saber cómo hacerlo. ¿Qué hacer con todo esto? Podemos adoptar una posición victimista o, por el contrario, tratar de ser proactivos en la búsqueda de cambios que nos permitan construir una nueva realidad en la que estar, al menos, algo más cómodos y confiados.

En el ámbito de la educación también hay situaciones que pueden ser abordadas desde el coaching. Pienso, por ejemplo, en los problemas que suelen encontrar los estudiantes en la planificación y organización del tiempo de preparación y estudio que van a dedicar a cada asignatura o en la selección de las materias o titulaciones con las que complementar su formación académica. Pienso, a la vez, en las dificultades que afrontan universitarios y doctorandos en la preparación de sus trabajos finales de grado o máster o de sus tesis doctorales: si bien cuentan con una dirección que les da soporte en cuanto a contenidos, tal vez necesiten asistencia para la coordinación de los esfuerzos de documentación, redacción e investigación que requieren este tipo de trabajos, así como para su lectura o presentación pública. Esto vale también para profesores estancados en la preparación de sus clases o en la publicación de artículos académicos con los que reforzar su posición.

Repasemos, además, las aplicaciones del coaching en el ámbito del ocio, el tiempo libre y las relaciones. ¿Quién no ha encontrado resistencias al tratar de implantar en su vida nuevos hábitos y rutinas con los que alcanzar loables propósitos saludables o relacionales? Tal vez tengamos dificultades para encontrar propuestas de ocio que no sean una huída o evasión de la realidad, sino una auténtica forma de autorrealización y conexión con nosotros mismos que nos permita, a la vez, explorar nuevos talentos y habilidades hasta ahora ocultos o ignorados. O puede que queramos explorar alternativas con las que mejorar la comunicación y el entendimiento –fomentando el autocontrol, poniendo los límites que sean necesarios– con nuestra pareja, familia, amigos o, en general, grupos de personas con los que interactuamos habitualmente.

Estos son solo algunos ejemplos de situaciones que se pueden afrontar con el coaching, pero hay muchas más: hay tantas circunstancias como personas. El coaching, en cualquier caso, es una invitación a un proceso de autoconocimiento que, mediante preguntas y herramientas, promueve –en un clima de confianza y colaboración mutua– la apertura de nuevas perspectivas y la creación de escenarios de cambio en los que cada persona, en función de sus posibilidades, pueda identificar sus necesidades, encontrar sus propias respuestas y desarrollar al máximo su potencial. ¿Necesitas coaching?


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, REFLEXIONES

Dar la campanada

Se acerca, una vez más, ese momento mágico del cambio de año que muchos seguirán, como marca la tradición, desde el viejo reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Las ilusiones, la esperanza, las expectativas, los recuerdos y los propósitos que hemos ido rememorando y fraguando estos días estarán ahí, ya sea de forma consciente o inconsciente, cuando, a falta de pocos segundos para que acabe el año, la bola situada en la parte superior de la torre en la que se ubica el reloj llame nuestra atención mientras baja con su característico sonido de carrillón. Después, mientras alargamos el brazo para coger el recipiente en el que tenemos preparadas las uvas de la suerte, escucharemos los cuatro cuartos. Y, finalmente, sonarán –y nos resonarán– las doce campanadas. Pero, ¿de qué está hecha esa resonancia?

Unas campanadas resonarán, quizá, a las nuevas oportunidades que se presentan. Oportunidades en forma de nuevos proyectos, ya sean deseos o realidades incipientes, a los que habrá que dar forma, ideando y trabajando, en las próximas semanas y meses. Oportunidades, también, para hacer las cosas de otra manera, viendo lo que no ha funcionado este año y poniendo en práctica lo poco o mucho que hayamos aprendido en los últimos 365 días. Otras campanadas, a su vez, nos servirán para dar por concluidos los retos a los que nos enfrentamos y superamos en el año que ahora termina. O, al menos, para dejar atrás aquellos proyectos que, por alguna u otra razón, hayan resultado fallidos.

Habrá también, entre las doce campanadas, alguna que resuene a cambio. A los cambios, más o menos sutiles, que hemos experimentado nosotros mismos, sea cual sea el nivel de esfuerzo que nos hayan supuesto. A los cambios que han enriquecido, e incluso transformado, la vida de quienes nos rodean. Y a los cambios sobrevenidos, incluso inesperados, que han golpeado a los que tenemos cerca: cambios que –ojalá– nos hayan dejado ver su espíritu de superación y su capacidad de resiliencia. Y quizá, en contraposición, haya también campanadas que nos muevan contra lo estático, contra lo que nos oprime, contra lo que nos retiene, contra todo aquello que nos impide desarrollar al máximo nuestro potencial. Esas asignaturas pendientes que, tal vez, podamos aprobar, por fin, en el nuevo año.

Y, por supuesto, habrá campanadas con nombres y apellidos. Campanadas que nos recuerden a los seres queridos que murieron; a las personas con las que el trato se ha distanciado o diluido con el paso del tiempo; incluso a aquellas otras personas a las que tuvimos que poner límites porque nos resultaban tóxicas o dañinas. Y también campanadas que suenan vibrantes como la algarabía de los niños que crecen a nuestro alrededor, como la melodía conocida de aquellos en quienes nos apoyamos o como las notas improvisadas de las nuevas relaciones que se han ido forjando o consolidando a lo largo del año. Y, cómo no, campanadas que nos conectan con aquellas pequeñas cosas en las que encontramos disfrute y bienestar.

Todas esas campanadas configuran eso que llamamos vida: ilusión, experiencia, aprendizaje, éxito, fracaso, oportunidades, desafíos, frustración, cambio, pellizcos de suerte, circunstancias adversas, esfuerzo, trabajo, ocio, descanso, miedos, dudas, inseguridades, incertidumbre, curiosidad, recelos, duelos, rupturas, compañerismo, amistad, amor… En el nuevo año, al igual que en los anteriores, viviremos un poco más de todo esto. Por eso, no sé si resulta útil pedir que 2020 nos traiga algo concreto. Si acaso, que nos ayude a encontrar un poco más de predisposición para dejarnos fluir en ese maravilloso viaje que es la vida. Solo así podremos, realmente, dar la campanada. ¡Feliz 2020!


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING

Preguntas de fin de curso

Entramos en la última semana de junio: el curso académico ha llegado a su fin. ¿Qué hay de las metas que nos propusimos el pasado mes de septiembre? ¿Cómo van los objetivos que definimos en diciembre o enero coincidiendo con el cambio de año? Es el momento de hacer balance de nuestros propósitos vitales. Los escolares, de hecho, ya han recibido sus calificaciones. Te propongo, a continuación, una serie de preguntas que puedes utilizar como guía para elaborar tu propio boletín de notas.

¿Recuerdas qué objetivos te habías propuesto? ¿Cuáles eran tus propósitos? En todos los textos sobre planificación de metas y objetivos se recomienda ponerlos por escrito para hacerlos concretos y tangibles. ¿Lo hiciste así? Te invito a buscar esa libreta (analógica o digital) o esa hoja de papel donde los anotaste. Si no los escribiste, intenta recordarlos. ¿Qué te movía allá por septiembre o diciembre? ¿Qué es lo que querías ser, hacer o tener? ¿Ya lo tienes? Rememora tus motivaciones. ¿Cuáles eran tus expectativas? ¿Cómo te sentías al pensar y al definir tus metas? ¿En qué circunstancias te encontrabas? ¿Qué plazos te diste para cumplir tus objetivos?

De vuelta al presente, céntrate ahora en la situación y el grado de cumplimiento de cada una de las metas que te hayas propuesto. Intenta ser justo contigo mismo, controla tu autoexigencia. ¿Qué logros, por pequeños que sean, has conseguido? ¿Has cumplido los plazos? ¿Qué dificultades has encontrado? Quizá en algún momento hayas flaqueado y te hayas alejado de tus objetivos, quizá hayas cometido errores, quizá creas haber dejado pasar oportunidades… ¿Qué has aprendido en el proceso? ¿De qué has tomado conciencia? ¿Qué has descubierto de ti mismo? ¿Se han producido cambios en tu relación con el mundo? ¿Y en tu autoconcepto?

Llegados a este punto, es el momento de enfrentar las expectativas que tenías con lo que realmente has conseguido. ¿Estás satisfecho? ¿Tienes algo que agradecer? ¿Qué es lo mejor que te ha pasado al intentar alcanzar cada uno de los objetivos que te habías propuesto? ¿Has superado tus límites? ¿Qué asignaturas pendientes te quedan? Si has cumplido tus metas, ¿cómo vas a celebrarlo? Si no lo has hecho aún, ¿qué pasos vas a dar para conseguirlo? ¿Con qué opciones cuentas? ¿Puedes permitirte redefinir las metas y los plazos previstos? ¿Pasaría algo si lo hicieras?

Si las metas estaban bien definidas (es decir, si te has planteado objetivos específicos, medibles, realistas, retadores, ecológicos, limitados en el tiempo y orientados a resultados), las preguntas formuladas anteriormente pueden ser variables objetivas con las que determinar una calificación. No obstante, la nota final no importa demasiado: la vida es una evaluación continua en la que todo suma, incluso aquello que no parece salirnos bien. Lo importante es asumir nuestras fortalezas, aceptar y trabajar nuestras debilidades y seguir luchando por aquello que queremos y necesitamos. O intentar descubrirlo, que no es poco. ¡Feliz verano!


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar