AUTOPÍAS, CONCEPTOS

¿Imponderables o imprevistos?

En la entrada anterior de este blog te proponía un método en 3 palabras con el que enfocar tus intereses y esfuerzos para el curso que acaba de comenzar. Este método consiste en crear una visión de lo que realmente queremos ser, hacer o tener en el nuevo curso, diseñar una misión o propósito que articule nuestro empeño y establecer un plan de acción para conseguir la meta o el objetivo que nos hayamos propuesto. ¿Has puesto en marcha este método? ¿Ha funcionado? Si la respuesta es afirmativa, ¡enhorabuena! Si no lo es… ¡tranquilidad! Y, sobre todo… ¡no tires la toalla! No pasa nada por reajustar la visión, la misión o las acciones cuantas veces sea necesario.

A veces, la frustración nos puede y preferimos quedarnos enganchados en el victimismo o en el pesimismo. Nos dejamos invadir por pensamientos negativos y nos creemos, literalmente, que la meta por la que queríamos luchar no está a nuestro alcance. Sin embargo, hay una salida aún más fácil: revisar qué es lo que ha fallado. Tal vez la misión que habíamos definido era demasiado ambiciosa y no se ajustaba al principio de realidad necesario para poder llevarla a buen término. O quizá falló el plan de acción, incapaz de hacer frente a situaciones sobrevenidas o a distracciones que no habíamos tenido en cuenta. ¿Fue así?

Cuando estudiaba Comunicación Audiovisual, mi profesor de Producción, José G. Jacoste Quesada, hacía especial hincapié –a la hora de planificar un rodaje– en la diferenciación entre imprevistos e imponderables. Los imprevistos suceden, como indica la palabra, por falta de previsión. Los imponderables, por su parte, se refieren a cuestiones que exceden a toda ponderación humana: son cosas que ocurren de manera inesperada e inevitable y que tienen consecuencias que, a diferencia de los imprevistos, no se pueden conocer o precisar. En el rodaje de nuestra vida cotidiana, serían imprevistos aquellos eventos o compromisos que no hemos tenido en cuenta a la hora de diseñar nuestro plan de acción. El imponderable sería, por ejemplo, el resfriado que nos obliga a guardar reposo durante unas horas.

Conocida esta diferencia, ¿qué fue lo que falló al diseñar la misión y el plan de acción para el nuevo curso? Si fueron imponderables, y la situación se ha normalizado, basta con retomar las acciones que habíamos previsto reajustando, si fuera preciso, los plazos que manejábamos para conseguir nuestro objetivo. Si fueron imprevistos, tendremos que rediseñar nuestra estrategia… y será más eficaz, pues incluiremos en ella factores que hasta ahora –hasta tropezar con ellos– habíamos pasado por alto. Sea como fuere, cualquier momento es bueno para reanudar la marcha y cumplir la misión que nosotros mismos, desde nuestras motivaciones y necesidades, nos hemos encomendado.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

¿A dónde ir?

Los límites de nuestra experiencia actual configuran la llamada zona de confort, un espacio de seguridad creado a partir de rutinas y patrones de comportamiento que frenan nuestra capacidad de aprendizaje. A veces nos obligan a salir de esta zona de confort de forma abrupta, como ocurre cuando nos vemos afectados por acontecimientos inesperados (un despido, una ruptura, un accidente). Otras veces somos nosotros mismos quienes buscamos la salida a través de una toma de conciencia y un deseo de cambio. En ambos casos, la adquisición de nuevos hábitos, rutinas o formas de relación conducen a nuevos espacios de comodidad provisionales a medio camino entre los límites de nuestra anterior zona de confort y los objetivos que nos hemos propuesto. ¿Cómo vivir en estos estados cambiantes?

El verano pasado, encorsetado por mi propia zona de confort, decidí reorientar mi carrera profesional, que hasta entonces se había desarrollado en el ámbito de los medios de comunicación, para iniciar una formación especializada en Coaching. La adaptación a mi nueva etapa de estudiante fue fácil: era lo que realmente quería hacer en aquel momento. Estoy disfrutando del aprendizaje que me brinda esta formación, que tiene aplicaciones directas en la definición de mi propio sentido de la vida, y de la relación con compañeros y profesores. Pero el curso académico está llegando a su fin: con él terminará este período provisional de confort y comodidad. Un nuevo cambio se hace inevitable.

Ningún proceso de cambio está libre de dudas o miedos. Surgirán dificultades –objetivas o inventadas– que, en mayor  o menor medida, nos harán sentir nostalgia de nuestra anterior zona de confort. Nos cruzaremos con personas pesimistas que cuestionarán nuestra capacidad de cambio. Sentiremos que todo se vuelve en nuestra contra… Si actualmente te encuentras en una encrucijada de este tipo, te invito a seguir los mismos consejos que me aplico en mi proceso de crecimiento personal: aférrate a los motivos que te impulsaron a introducir cambios en tu vida, céntrate en los objetivos que quieres conseguir y ten presente cada paso, por pequeño que sea, que hayas dado en el camino. Solo así verás todo lo que has avanzado ya.

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