AUTOPÍAS, METÁFORAS, REFLEXIONES

Disposición al equilibrio

Zen

Pese a sus evidentes beneficios, no siempre es fácil conectar con las técnicas de meditación y relajación que distintas corrientes y enfoques, a lo largo de la historia, han puesto a nuestro alcance. Lo fundamental para que cualquiera de estas técnicas arraigue en nosotros es crear un hábito que nos permita integrarlas poco a poco –día a día– en nuestra vida cotidiana. Pero no es nada fácil crear este hábito: con frecuencia, nos distraemos, nos salimos de la práctica… e incluso acabamos más frustrados e inquietos de lo que estábamos antes de iniciar el ejercicio de meditación o relajación que hayamos elegido.

También puede ocurrir que, estando ya iniciados en este tipo de prácticas, nos veamos afectados o golpeados por situaciones sobrevenidas que, de pronto, parecen llevarnos de nuevo a la casilla de salida, como si nunca antes hubiéramos tratado de meditar o relajarnos con las técnicas que considerábamos integradas. Algo nos deja noqueados y, de repente, se desvanece –o, al menos, así lo sentimos– lo aprendido.

Parece, pues, que el equilibrio al que aspiramos es precario, y se rompe a la mínima.

En un alarde de poca originalidad, ilustro estas líneas con la fotografía de unas piedras apiladas, un símbolo de la filosofía Zen que transmite la idea de equilibrio y armonía. Y, mirando esta imagen, me pregunto: ¿no estaremos poniendo nuestra atención en el resultado final de nuestros intentos de meditación y relajación en vez de fijarnos en el proceso de construcción de ese equilibrio? Apilar piedras, al fin y al cabo, es un arte: hay que escoger las piedras adecuadas y disponerlas en el orden apropiado (respetando las leyes de la física).

¿Hacemos eso en nuestra vida?

Hoy te invito a detenerte en cada una de las piedras que configuran tu existencia: la piedra de tu identidad, la piedra de tus relaciones afectivas, la piedra de tu trabajo o de tus proyectos profesionales, la piedra de tus momentos de ocio, la piedra de tus valores… ¿Cómo son esas piedras? Tal vez sea bueno, antes de jugar a los equilibrios, conocer las características de cada una de estas piedras, identificando su forma y tamaño, reconociendo sus aristas e imperfecciones, apreciando la rugosidad o suavidad de sus cantos… y, en su momento, buscando las formas de encajar unas con otras.

Observar cada piedra por separado es ya en sí mismo un ejercicio de meditación y relajación que, sin prisa pero sin pausa, nos llevará al deseado equilibrio.


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AUTOPÍAS, REFLEXIONES

Volver a ti

En los relatos sobre viajes iniciáticos o de autodescubrimiento suele haber un personaje que trata de disuadir al héroe con frases del tipo No intentes conocerte a ti mismo, no te traerá nada bueno. El objetivo de este personaje no es otro que persuadir al héroe, aún en proyecto, para que se mantenga en su zona de confort, en los límites actuales en los que se desarrolla su existencia, y preservar, a la vez, el statu quo de la comunidad, cuyos principios y valores podrían quedar cuestionados si el héroe completa su viaje.

La advertencia sobre los riesgos del autoconocimiento no está solo en los relatos de ficción, sino también en esto que llamamos realidad. A nuestro alrededor –más lejos o más cerca, según los casos– hay determinados contextos sociales muy reticentes a cualquier proceso de cambio, bien por un instinto de protección mal entendido o bien por un burdo interés por mantener relaciones de control o dependencia. Por otro lado, muchas veces somos nosotros mismos los que autocensuramos caminos de exploración y reconocimiento por el dolor y el sufrimiento que supone, en ocasiones, confrontar nuestros intereses, contradicciones o anhelos.

Atendiendo a estas advertencias, presiones o exigencias, aparcamos nuestro autodescubrimiento y lo sustituimos por un permanente esfuerzo de camuflaje con los disfraces y las caretas que más se ajustan a la imagen que los demás esperan de nosotros o a la imagen que nos exigimos nosotros mismos. Con el tiempo, disfraces y caretas se convierten en armaduras y máscaras rígidas que, más que ayudar a su propósito inicial de mejorar nuestro encaje en el mundo, acaban por sumergirnos en un profundo mar de limitaciones. Aun así, no concebimos nuestra vida sin disfraz y, antes que vernos desnudos, preferimos ocupar nuestro tiempo en confeccionar parches y remiendos.

De esta manera, el viaje de la vida se convierte en una huida hacia adelante que nos aleja, cada vez más, de lo que realmente somos. A la carrera, como el hámster en la rueda, es muy difícil parar, y la imposibilidad de detenernos nos empuja a correr todavía más. Con más rutinas, con más compromisos, con más distracciones. Parar, eso queremos, pero frenar en seco nos causaría, efectivamente, mucho dolor. ¿Cómo actuar entonces?

Hoy te propongo entrenar la observación y la reflexión con los pequeños detalles que envuelven tu vida. Escoge, al final de la jornada, algún gesto que hayas realizado durante el día y analízalo. ¿De qué te ha servido? ¿Qué te ha aportado? ¿Qué necesidad has cubierto? ¿Qué has evitado al hacer este gesto y no otro? La rueda seguirá girando pero, poco a poco, irás dejando espacio para el autoconocimiento y el autodescubrimiento… e irás volviendo hacia ti.


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AUTOPÍAS, METÁFORAS, REFLEXIONES

De tejado a tejado

Todo proceso de construcción de una casa –o de cualquier otro proyecto– se inicia con la elaboración de unos planos que servirán como guía para que el resultado final sea tal y como lo esperamos. El diseño de estos planos será, probablemente, la etapa sujeta a un mayor número de revisiones en las que iremos modificando, añadiendo o quitando elementos en función de nuestras necesidades, de nuestros deseos… y de nuestro presupuesto.

Una vez completados los planos, hay que levantar el proyecto. Y, para ello, hay que trabajar detenidamente en sentar los cimientos que sostendrán toda la estructura. La excavación de los cimientos suele ser, en general, uno de los momentos más incómodos de toda obra: las máquinas perforadoras provocan ruidos y vibraciones en el terreno, y el vallado del perímetro donde se realiza la obra no permite ver los avances que se están produciendo… hasta que, por fin, aparecen los primeros pilares.

Después, el proceso de construcción parece avanzar más rápidamente. Una vez instalados todos los pilares, las vigas y los forjados, se levantan los tabiques y, sucesivamente, se van introduciendo las conducciones de los servicios necesarios (electricidad, saneamiento…) hasta que, finalmente, se colocan los revestimientos para dar al conjunto una imagen –presuntamente– similar a la de las infografías y las fotografías que acompañaban los primeros planos.

Y, en medio de todo este proceso, se da forma también al tejado. Las opciones son variadas: cubierta plana, aterrazada, a un agua, a dos aguas, a cuatro aguas, a la holandesa, a la mansarda… Sea cual sea la opción elegida, tiene que ser impermeable, resistente al viento y capaz de soportar eventuales cargas, por ejemplo el peso de una nevada. Algunos tejados son de fácil acceso y se aprovechan como terrazas o tendederos. Otros –la gran mayoría– no lo son.

¿Y a cuento de qué viene todo esto? ¿Qué tiene esto que ver con los temas de los que hablo habitualmente en el blog?

En todo proceso de crecimiento personal, damos mucha importancia a la necesidad de revisar y reforzar los cimientos –los valores– sobre los que construimos nuestra vida. Sin embargo, muchas veces descuidamos el tejado que nos cubre y, por muy firmes que sean esos valores sobre los que asentamos nuestra identidad personal, corremos el riesgo de quedarnos a la intemperie.

Hoy, por tanto, te invito a inspeccionar tu propio tejado:

  • Tu tejado… ¿está bien impermeabilizado, para que puedas conducir correctamente –por canalones y bajantes– la fina lluvia de esas pequeñas cosas que te molestan cada día y los chubascos y aguaceros que, en forma de crítica o enfado, descargan a veces sobre ti?
  • Tu tejado… ¿está bien anclado a la estructura, para afrontar con garantías el vendaval de cualquier situación sobrevenida que, en un momento dado, pueda intentar dejarte al descubierto?
  • Tu tejado… ¿está bien insonorizado, para protegerte de murmullos y distracciones que puedan alejarte de tu idea de ser y estar en el mundo, del hogar que formas con tu propia existencia?
  • Tu tejado… ¿tiene la consistencia suficiente para resistir el peso de las nevadas de preocupaciones –en forma de pequeños copos o de grandes bloques de hielo– que dejamos caer en tiempos de borrasca? ¿Puede aguantar las piedras que alguien –tal vez tú mismo– pueda arrojar contra él?

Por un día, contraviniendo el dicho, permítete empezar por el tejado.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

En busca de un propósito

Faltan poco más de 3 días para que acabe 2020 y quien más, quien menos, se está planteando ya sus propósitos para 2021. Los deseos que más se escuchan estos días son, sin duda, que el nuevo año sea mejor que el que dejamos atrás y que la pandemia que nos afecta sea solo un recuerdo del pasado. Ambos son pensamientos loables, por supuesto, pero, como ocurre habitualmente con los grandes anhelos propios de estas fechas –la salud, la paz–, parecen más peticiones que propósitos. No tendremos suficiente motivación para afrontar el 2021 si no buscamos intenciones más concretas… que dependan de nosotros mismos.

Algunas veces, los propósitos surgen de forma espontánea o, al menos, sin que tengamos que hacer un gran esfuerzo para encontrarlos. Otras veces, en cambio, nos sentimos paralizados, confusos, desorientados… y no sabemos muy bien hacia dónde encaminar nuestros pasos (sobre todo después de un año como el que hemos vivido). Si estás en esta situación, no te preocupes: hoy, aprovechando estas fechas de transición y búsqueda, quiero compartir contigo una estrategia para ayudarte a encontrar tus propósitos para el nuevo año. ¿Comenzamos?

Coge papel y bolígrafo para anotar 12 cosas que te gustaría ser, hacer o tener en 2021. Para inspirarte, puedes pensar en las cosas que te gusta hacer (ya sea de forma habitual o esporádica), en aquello que es importante para ti, en los ambientes en los que te gusta estar o desenvolverte, en las personas con las que te interesa relacionarte o en las habilidades que sabes que tienes o que los demás reconocen en ti. No te preocupes si se te ocurre algo fantasioso o estrambótico: estas 12 cosas son solo un punto de partida para encontrar tu propósito. ¿Ya has cogido suficientes ideas? Es el momento de anotarlas …

… Pero no de cualquier forma, sino con una estructura concreta: escribe frases breves y claras, y comienza cada una de ellas, hasta completar las 12, con una de las siguientes fórmulas:

  • En 2021 quiero ser…
  • En 2021 quiero tener…
  • En 2021 quiero hacer…

¿No has llegado a las 12 frases? ¿Tienes frases de más? No importa. Elegimos el 12 por el valor simbólico que tiene este número (los 12 meses del año, las 12 campanadas…). No obstante, puedes hacer este ejercicio siempre que tengas anotados entre 9 y 15 deseos.

Una vez que tengas escritas las frases, tienes que seleccionar la que tenga más valor para ti. Quizá ya te hayas dado cuenta, al escribirlas, de cuál de esas intenciones es más importante. Si no, no te preocupes: hay una fórmula para encontrarla. Veamos cuál:

  • Lee en voz alta la primera y la segunda frase de tu listado. ¿Cuál te suena mejor? ¿Cuál de las dos es más importante para ti? Subraya o recuadra la que te resulte más valiosa y tacha la otra.
  • Lee en voz alta la tercera frase del listado y la frase que hayas escogido en la criba anterior. ¿Cuál prefieres? Si te gusta más la frase escogida previamente, tacha la tercera frase. Si, por el contrario, te resuena más la tercera frase, recuádrala y tacha la frase que seleccionaste en el paso anterior.
  • Lee en voz alta la cuarta frase del listado y la frase ganadora en la selección anterior. Escoge una de ellas …
  • … Y así hasta llegar a la última frase del listado.

Completado el proceso, tendrás un único deseo o intención que usar como propósito para el nuevo año. Quizá no sea realista, quizá sea demasiado ambicioso, quizá sea muy abstracto… Por eso, queda un último movimiento por hacer: hay que perfilarlo. ¿Cómo? De momento, planteándote dos preguntas:

  • ¿Qué me va a aportar ese propósito? (Buscar un significado, un sentido o un beneficio a ese propósito en cuestión).
  • ¿Qué primer paso puedo dar para moverme en esa dirección? (Buscar acciones concretas que te permitan materializar ese propósito).

Puede que tu propósito sea, en sí mismo, un objetivo por el que luchar. O puede que, más que un objetivo, tengas solo una idea de hacia dónde moverte para salir de la parálisis y el desconcierto y encontrar, más adelante, un camino que de verdad te llene. En ambos casos, tener un propósito (de acción o movimiento) te ayudará a vivir con más coherencia, entusiasmo, fortaleza, efectividad y satisfacción.

Sea cual sea tu propósito, ¡feliz 2021!


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT, METÁFORAS

El vértice de la parábola

Todos los procesos de cambio personal –especialmente aquellos que implican un cierto nivel de profundidad– incluyen un momento de duda en el que, asustados por lo que pueda venir después (una vez que el cambio se materialice), nos planteamos volver a la situación anterior… aun sabiendo que ya no nos aporta nada o no nos satisface.

¿Has estado alguna vez ahí?

Para mí, ese momento de duda es como el vértice de una parábola matemática, el lugar donde las ramas de la figura cambian de dirección.

Pensemos, por un momento, en una parábola con forma de U, que abre sus ramas hacia arriba. El primer tramo de la parábola, decreciente en su camino hacia el vértice, puede equipararse al descenso a las profundidades de uno mismo (una bajada a los infiernos, si se prefiere) que va implícita en cada proceso de cambio personal. Una vez que se llega al vértice, comienza un segundo tramo creciente, igual de pronunciado que el anterior, que a priori nos parece infranqueable por la dificultad que conlleva la ascensión.

Igual ocurre, pero al revés, con la parábola con forma de U invertida, cuyas ramas se abren hacia abajo. El primer tramo, creciente, es una dura escalada que requiere ir soltando equipaje para subir más alto y alcanzar mejores perspectivas. El segundo tramo, decreciente desde el vértice, sugiere la amenaza de caída, la posibilidad de despeñarse, la osadía de un salto.

El vértice de los procesos de cambio es, por tanto, el punto –impasse– en el que elegimos entre volver atrás, regresando a una zona de confort ya nada confortable, o dar un paso hacia delante para adentrarnos en un terreno desconocido, tal vez inhóspito al principio, pero necesario para nuestro crecimiento personal. El impasse es la puerta a lo que la Terapia Gestalt denomina el vacío fértil, la oportunidad de acceder al sinfín de recursos (emociones, capacidades, competencias, comportamientos…) que dan forma a nuestro potencial.

Estos días, precisamente, se cumplen cinco años desde que iniciara mi formación en Teoría y Técnicas Gestálticas. Aunque ya conocía este enfoque desde tiempo atrás, la experiencia –íntegramente vivencial, como no puede ser de otra manera– fue el impulso que necesitaba para llegar a mi impasse y saltar al vacío fértil, un vacío que se fue construyendo con la renuncia a mi anterior trabajo y el aprendizaje de nuevas competencias y herramientas profesionales y que sigo cultivando hoy día, no sin dificultades (la vida está hecha de luces y sombras), en este proyecto llamado Autopías.

Hay quien dice que los procesos de cambio personal nos llevan a la mejor versión de nosotros mismos. Yo no sé si estoy en mi mejor versión, pero me siento en mi versión más auténtica.

¿Cómo te sientes tú? ¿A qué distancia está el vértice de la parábola?


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AUTOPÍAS, COACHING

Aplicaciones del coaching personal

Cuando, en este contexto de popularización –y a veces, indefinición– del coaching, me preguntan en qué consiste mi trabajo como coach, suelo responder que mi misión es acompañar a personas, empresas, organizaciones y colectivos interesados en impulsar procesos de planificación de objetivos, toma de decisiones, mejora de habilidades de comunicación interna y externa, gestión de tiempo o cualquier otro proceso de cambio y transformación que crean necesitar. Pero… ¿de qué objetivos, decisiones, habilidades o procesos estamos hablando? En este artículo me gustaría hacer un repaso de algunas de las situaciones o circunstancias que se pueden trabajar, específicamente, desde el coaching personal.

Veamos, por ejemplo, algunas de las situaciones problemáticas –y a la vez desafiantes– que nos podemos encontrar en el ámbito laboral: falta de entendimiento con nuestro jefe, relaciones tóxicas o envenenadas con nuestros compañeros de trabajo, protocolos o procedimientos que consideramos absurdos o ineficaces, ausencia de directrices precisas sobre lo que se espera de nosotros… Puede que, de tanto repetir las mismas tareas, hayamos perdido la confianza en el resto de competencias profesionales de las que disponemos para optar a nuevas oportunidades de empleo dentro o fuera de la empresa. Incluso podemos sentir la necesidad de reinventarnos profesionalmente y no saber cómo hacerlo. ¿Qué hacer con todo esto? Podemos adoptar una posición victimista o, por el contrario, tratar de ser proactivos en la búsqueda de cambios que nos permitan construir una nueva realidad en la que estar, al menos, algo más cómodos y confiados.

En el ámbito de la educación también hay situaciones que pueden ser abordadas desde el coaching. Pienso, por ejemplo, en los problemas que suelen encontrar los estudiantes en la planificación y organización del tiempo de preparación y estudio que van a dedicar a cada asignatura o en la selección de las materias o titulaciones con las que complementar su formación académica. Pienso, a la vez, en las dificultades que afrontan universitarios y doctorandos en la preparación de sus trabajos finales de grado o máster o de sus tesis doctorales: si bien cuentan con una dirección que les da soporte en cuanto a contenidos, tal vez necesiten asistencia para la coordinación de los esfuerzos de documentación, redacción e investigación que requieren este tipo de trabajos, así como para su lectura o presentación pública. Esto vale también para profesores estancados en la preparación de sus clases o en la publicación de artículos académicos con los que reforzar su posición.

Repasemos, además, las aplicaciones del coaching en el ámbito del ocio, el tiempo libre y las relaciones. ¿Quién no ha encontrado resistencias al tratar de implantar en su vida nuevos hábitos y rutinas con los que alcanzar loables propósitos saludables o relacionales? Tal vez tengamos dificultades para encontrar propuestas de ocio que no sean una huída o evasión de la realidad, sino una auténtica forma de autorrealización y conexión con nosotros mismos que nos permita, a la vez, explorar nuevos talentos y habilidades hasta ahora ocultos o ignorados. O puede que queramos explorar alternativas con las que mejorar la comunicación y el entendimiento –fomentando el autocontrol, poniendo los límites que sean necesarios– con nuestra pareja, familia, amigos o, en general, grupos de personas con los que interactuamos habitualmente.

Estos son solo algunos ejemplos de situaciones que se pueden afrontar con el coaching, pero hay muchas más: hay tantas circunstancias como personas. El coaching, en cualquier caso, es una invitación a un proceso de autoconocimiento que, mediante preguntas y herramientas, promueve –en un clima de confianza y colaboración mutua– la apertura de nuevas perspectivas y la creación de escenarios de cambio en los que cada persona, en función de sus posibilidades, pueda identificar sus necesidades, encontrar sus propias respuestas y desarrollar al máximo su potencial. ¿Necesitas coaching?


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AUTOPÍAS, COACHING, HERRAMIENTAS DE COACHING

Tres de tres

En este blog he escrito muchas veces sobre la necesidad de planificar objetivos y diseñar acciones que nos permitan cambiar una situación que no nos satisface, nos resulta incómoda o nos mantiene estancados por otra en la que, desplegando nuestro potencial, podamos sentirnos conectados y realizados. Este tránsito entre la situación actual y la situación deseada no se produce de la noche a la mañana, sino que requiere de un proceso. El coaching es, precisamente, ese proceso de entrenamiento personalizado y confidencial, mediante un gran conjunto de herramientas, que ayudan a cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde se desea estar (definición de la Asociación Española de Coaching, ASESCO). Pero, ¿qué elementos entran en juego en cada proceso de coaching?

El primer elemento para que se dé un proceso de coaching, y para que este pueda funcionar, es la motivación al cambio. Si no tienes ilusión y no estás convencido –aunque sea mínimamente– de tus posibilidades, ¿cómo vas a arriesgarte a afrontar nuevos retos? La motivación, por tanto, tiene que ser superior al miedo. ¡Ojo! Esto no quiere decir que, inicialmente, no sigamos teniendo temores: se trata de alzarnos contra el conformismo y el victimismo para explorar nuevas opciones. En este sentido, la motivación se alimenta de la autocreencia o capacidad de creer en uno mismo, una capacidad que se desarrolla confiando en lo que hacemos y dando valor a lo que somos (es decir, cultivando nuestra autoestima).

Un segundo elemento fundamental es la toma de conciencia. Hay que poner conciencia sobre lo que no está funcionando, realmente, en la situación actual; sobre lo que queremos conseguir al alcanzar la situación deseada; y, especialmente, sobre las opciones y alternativas que están a nuestro alcance para pasar de una situación a otra. Se trata de descubrir nuevas perspectivas, abrirse a nuevas posibilidades. Pero… ¡cuidado! Esto no va de que alguien –el coach– te diga lo que tienes que hacer, sino de averiguarlo por ti mismo a través de una serie de herramientas –generalmente, preguntas– que te ayudarán a emprender acciones alineadas con tus capacidades, tus competencias y tus valores.

Así llegamos al tercer elemento clave en todo proceso de coaching: la responsabilidad. Me gusta mucho la definición de este concepto que surge de su división en respons-(h)abilidad: la responsabilidad como habilidad de responder, como capacidad de dar respuesta –libremente, desde lo que somos y lo que necesitamos en cada momento– a los desafíos que nos presenta la vida. Responsabilizarse implica convertirnos en protagonistas de nuestro proceso de cambio decidiendo, de forma activa, las estrategias y las acciones que vamos a poner en marcha para alcanzar nuestras metas. Y la única manifestación real de la responsabilidad es el compromiso.

Todos estamos dotados, de una manera u otra, de la capacidad de motivación, toma de conciencia y responsabilidad. No obstante, esta capacidad se diluye, a veces, en el diálogo con nosotros mismos: la motivación flaquea (la sombra del miedo es alargada), la toma de conciencia se topa contra un muro o se tapa con una venda (somos hábiles para escaparnos de aquello que no queremos ver o de aquello a lo que nos resistimos) y la responsabilidad se escabulle o se diluye (es más fácil colocarla fuera de nosotros mismos que asumirla con todas sus consecuencias). En estos casos, el coaching se presenta como el acompañamiento perfecto para poner rumbo al cambio. ¿Te vienes?


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AUTOPÍAS, RECOPILACIONES

Inspira(n)do

Se define la inspiración como el estímulo o la lucidez repentina que siente una persona y que favorece la creatividad, la búsqueda de soluciones a un problema o la concepción de ideas que permiten emprender un nuevo proyecto. Dicho de otro modo, es la chispa que pone en marcha cualquier proceso creativo. Este destello puede brotar espontáneamente, surgido de la nada, o bien puede aparecer como resultado de una serie de influencias que, conectadas, nos llevan a hacer interpretaciones personales, siempre genuinas, sobre la realidad en la que vivimos. En la entrada de hoy voy a repasar algunas de las influencias que me han servido de inspiración para escribir artículos en los que –¡ojalá!– hayas podido encontrar inspiración para ese proceso creativo que también es tu vida.

Mi principal influencia, sin duda, son los libros sobre crecimiento personal, psicología, educación o neurociencia con los que sigo complementando y ampliando mi formación en coaching. El mercado está lleno de títulos y, en ocasiones, los contenidos se repiten. Pero, a veces, encuentro aportaciones que considero novedosas o que me estimulan de forma especial. Es el caso de El elemento, de Ken Robinson, sobre el que versaba la entrada ¿Cuál es tu elemento?, o de Mindset. La actitud del éxito, de Carol Dweck, texto sobre el que hablaba en la entrada Mentalidades contrapuestas. Robinson nos invita a encontrar y a ampliar ese lugar donde podemos desarrollar al máximo todo nuestro potencial. Por su parte, Dweck nos anima a dejar de lado la mentalidad determinista con la que muchas veces afrontamos lo que nos pasa en la vida para actuar con una mentalidad abierta al aprendizaje y al cambio interior.

Otros títulos que me han servido de inspiración para dar discurso a este blog han sido Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida, de Marshall B. Rosenberg (véase la entrada Otra respuesta es posible), El extraño orden de las cosas, de Antonio Damasio (Dos caras de una misma moneda) y Fluir, una psicología de la felicidad, de Mihaly Csikszentmihalyi (Imponerse o fluir). Estas obras nos hablan, respectivamente, de un modelo de respuesta alternativo con el que poner límites y manifestar nuestro enfado, del placer y del dolor como sentimientos motores de la evolución humana y de la importancia de fluir, en todo lo que hacemos, como paso previo para alcanzar la felicidad.

En ocasiones, la inspiración llega en forma de crítica. Es lo que me ocurrió tras leer la obra La burbuja terapéutica. Como caí en las trampas del crecimiento personal y las terapias, de Josep Darnés. En la entrada Yo, coach respondo a los argumentos con los que Darnés cuestiona los conceptos sobre los que se fundamenta el coaching y las características de quienes ejercemos esta profesión y defiendo los principios de responsabilidad y honestidad que deben regir un proceso de coaching. Otras veces, son personajes de ficción literaria quienes, en el proceso de inspiración, toman una entrada, como sucedió en Reflexión: el efecto de reflejarse, en la que aparecían –juntos, pero no revueltos– Narciso, Blancanieves o Alicia.

No voy a discutir el axioma de que todo está en los libros, pero la inspiración surge de cualquier tipo de influencias. ¿De la música? Sí, la composición Variations on the Kanon by Pachelbel, de George Winston, me sirvió de inspiración para la entrada Diciembre, dedicada a las sensaciones que me evoca el último mes del año. ¿Del cine o la televisión? Sí, la película El show de Truman y la serie de televisión Friends fueron el punto de partida para las entradas Dentro o fuera de la burbuja, sobre el concepto de zona de confort, y Toma 2: reencuadre, sobre la capacidad que tenemos de reformular lo que pensamos de nuestra vida. ¿Del arte? También, como ocurrió en la entrada Impresión: flujo continuo, en la que reflexionaba sobre la necesidad de dotar de un contexto a lo que nos pasa…

Es tú turno: déjate permear por las cosas que te gustan, fíjate en cualquier cosa que llame tu atención… e inspírate para alcanzar tu autopía.


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