AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT

Dos movimientos, un fluir

Según la Terapia Gestalt, hay dos movimientos esenciales en la interrelación del ser humano con el mundo que le rodea: el contacto y la retirada. El contacto es el movimiento que hacemos para interactuar con el ambiente a nuestro alrededor con el fin de cubrir las necesidades físicas, intelectuales, afectivas, de pertenencia o de realización que no podemos satisfacer por nosotros mismos. La retirada, por su parte, es el movimiento de vuelta a una situación de reposo en la que integrar la experiencia que nos ha aportado el contacto y esperar la aparición de nuevas necesidades o estímulos que nos movilicen hacia un nuevo contacto.

Ambos movimientos, contacto y retirada, deberían fluir de forma sana y saludable. Pero no siempre es así, ¿verdad?

A veces, no damos descanso al contacto. Puede que las necesidades que nos movilizaron se hayan transformado en compromisos u obligaciones que nos dejan enganchados a determinadas situaciones o relaciones. Puede que haya, también, una fuerte necesidad de evitar, a toda costa, la soledad –entendida como vacío– que se asocia a la idea de retirada. Así, de manera consciente o inconsciente, nos llevamos trabajo a casa (bien en forma de tareas concretas, bien como pensamientos recurrentes de revisión o planificación), encadenamos un sinfín de actividades en nuestra agenda (¡cuidado no vayamos a quedarnos sin nada que hacer!) o repetimos comportamientos o patrones de relación de contextos que ya no se corresponden con la situación actual. Todo para no entrar en retirada.

Retirarse exige tomar una cierta distancia respecto al contacto. Es el momento de soltar, de liberarse. Una forma sencilla para tomar conciencia de la separación entre contacto y retirada es verbalizar, internamente, cada una de las acciones que vamos concluyendo (aunque sean tareas que se repiten diariamente) con el fin de prepararnos para atender las nuevas necesidades o impulsos emergentes que puedan surgir: por ahora, he terminado de (acción concreta), acepto la experiencia tal cual ha sido y quedo en disposición de apertura para vivir, en plenitud, lo que pueda venir a continuación. ¿Sirve? Para mí es, al menos, toda una declaración de intenciones.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que la retirada también tiene sus riesgos. Por ejemplo, puede convertirse en un refugio permanente para eludir, a toda costa, cualquier interacción con el mundo exterior. Así ocurre, por ejemplo, cuando no somos capaces de identificar nuestras necesidades más auténticas (lo que realmente queremos hacer) o cuando, reconocidas esas necesidades, nos dejamos vencer por el miedo. La retirada es, en estos casos, como estar parado delante de una puerta giratoria, sin saber en qué hueco entrar, o como deambular por una estación de ferrocarril dudando si subir o no a un determinado tren.

Para definir la frontera entre el contacto y la retirada hay que enfocarse, una vez más, en el presente, en el aquí y en el ahora. En este momento concreto de tu vida…

  • ¿Dónde te enganchas?
  • ¿Qué oportunidades estás dejando pasar?

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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

¿Qué es la felicidad?

Reconozco que, a veces, me quedo pillado con algunas palabras.

Es lo que me ha ocurrido en este cambio de año, de 2020 a 2021, con la palabra felicidad. De hecho, he buscado expresiones alternativas para no poner feliz año nuevo en las tarjetas y mensajes que tradicionalmente envío a familiares, amigos y contactos en Nochevieja. ¿Por qué? Bueno, yo tengo mi idea de felicidad, pero no sé si esa idea es compartida por todos aquellos a los que me dirijo. Y tenía la sensación –probablemente errónea– de que, después de un año tan complejo como el que hemos vivido, podía ser inapropiado desear felicidad a quien, inmerso en múltiples dificultades, solo entiende esta palabra en su concepción básica y limitada –pero comúnmente extendida– de celebración, júbilo o fiesta.

En su día, ya hablé en una entrada de este blog (La felicidad, ¿una quimera?) sobre el significado que tiene para mí la felicidad. Para no repetirme, hoy he querido abrir la mirada y buscar otras definiciones de personas con las que me he formado en disciplinas como la Terapia Gestalt, el Coaching, el Eneagrama Cuántico o el Yoga. A todos ellos les he pedido respuestas para dos preguntas:

  • ¿Qué es para ti la felicidad?
  • ¿Con qué símbolo o gesto la representarías?

Domingo de Mingo Buide, psicólogo clínico y psicoterapeuta (gestaltquatro.es), cree que la felicidad es difícil de expresar en palabras. En su opinión, la felicidad simplemente es estar en paz. Añade, además, que la felicidad consiste en no tener que buscarla. En cuanto a la representación gráfica, descarta escoger ninguna al considerar que cualquier símbolo la degrada porque no hace honor a lo que es.

Para David Cru, director del Instituto Europeo de Coaching (IEC), felicidad es sentirte bien y en paz contigo mismo, en relación a cómo estás llevando tu vida, en todos los niveles (trabajo, relaciones…). La felicidad sería, por tanto, una sensación de sentido en tu vida, vivir de acuerdo con tus valores más importantes, una buena dosis de placer y paz interior. Cru completa esta definición con dos ejemplos que ilustran su idea de felicidad: por un lado, levantarte con ganas cada día por las mañanas y acostarte en paz y con la conciencia tranquila cada noche, y por otro lado, seguir teniendo sueños y perseguirlos y disfrutar a la vez de tu presente. El símbolo de la felicidad sería una sonrisa interior y una actitud positiva y optimista cada día.

Carmen de Molina, psicóloga y coach, fundadora de Equipo Hermes y formadora en el IEC, define la felicidad como el estado interior de paz, armonía y coherencia que se genera al aceptar la vida e involucrarse en las circunstancias que nos ocurren y nos envuelven con la actitud de aprender, comprender y crecer internamente. Como símbolo, propone dos imágenes: las manos cruzadas sobre el pecho y la flor del girasol, siempre enfocándose hacia la luz.

Almudena Galán, coach experta en Eneagrama Cuántico (www.almudenagalancoach.com) considera que la felicidad es un estado de aceptación y gratitud con lo que estás viviendo en el momento. Este estado se caracteriza por sentirte lo más en paz posible, lo más tranquilo posible, con lo que estés viviendo en cada instante sin querer cambiarlo y aceptando las emociones que te genera todo lo que está sucediendo sin tratar tampoco de que se vayan o de cambiarlas. Representaciones gráficas de la felicidad, entendida como autenticidad, serían la sonrisa de un niño o cualquier otra actitud sincera que no esté contaminada por el “debería” o “no debería”.

Carlos Daza, profesor de Hatha Yoga, Yoga Nidra y Meditación, afirma que la felicidad es estar contento, ni más ni menos. Recuerda que, de hecho, el estado de felicidad se denomina, en yoga, estado de Santosha, que podría traducirse como estado de contento. Este estado –advierte– depende de tu desarrollo y equilibrio mental, que a su vez implica también equilibrio emocional, sentimental, psíquico o psicológico. Desde su punto de vista, la felicidad es el estado que te proporciona la ausencia de deseos, el no estar deseando algo que no tienes… cuando en realidad tienes todo lo que puedes tener. Las claves para vivir este estado de no deseo serían la vivencia del presente y estar satisfecho y contento con lo que tienes en ese instante. El gesto de la felicidad sería la sonrisa no solo de los labios, sino de todo el rostro, con los ojos iluminados.

Son, como ves, distintos enfoques… con algunas coincidencias.

Basándote en estas definiciones, y en tu propia experiencia de vida, tal vez tú tengas respuestas distintas. ¿Probamos? Recuerda las preguntas:

  • ¿Qué es para ti la felicidad?
  • ¿Con qué símbolo o gesto la representarías?

¡Feliz semana!


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING

En busca de un propósito

Faltan poco más de 3 días para que acabe 2020 y quien más, quien menos, se está planteando ya sus propósitos para 2021. Los deseos que más se escuchan estos días son, sin duda, que el nuevo año sea mejor que el que dejamos atrás y que la pandemia que nos afecta sea solo un recuerdo del pasado. Ambos son pensamientos loables, por supuesto, pero, como ocurre habitualmente con los grandes anhelos propios de estas fechas –la salud, la paz–, parecen más peticiones que propósitos. No tendremos suficiente motivación para afrontar el 2021 si no buscamos intenciones más concretas… que dependan de nosotros mismos.

Algunas veces, los propósitos surgen de forma espontánea o, al menos, sin que tengamos que hacer un gran esfuerzo para encontrarlos. Otras veces, en cambio, nos sentimos paralizados, confusos, desorientados… y no sabemos muy bien hacia dónde encaminar nuestros pasos (sobre todo después de un año como el que hemos vivido). Si estás en esta situación, no te preocupes: hoy, aprovechando estas fechas de transición y búsqueda, quiero compartir contigo una estrategia para ayudarte a encontrar tus propósitos para el nuevo año. ¿Comenzamos?

Coge papel y bolígrafo para anotar 12 cosas que te gustaría ser, hacer o tener en 2021. Para inspirarte, puedes pensar en las cosas que te gusta hacer (ya sea de forma habitual o esporádica), en aquello que es importante para ti, en los ambientes en los que te gusta estar o desenvolverte, en las personas con las que te interesa relacionarte o en las habilidades que sabes que tienes o que los demás reconocen en ti. No te preocupes si se te ocurre algo fantasioso o estrambótico: estas 12 cosas son solo un punto de partida para encontrar tu propósito. ¿Ya has cogido suficientes ideas? Es el momento de anotarlas …

… Pero no de cualquier forma, sino con una estructura concreta: escribe frases breves y claras, y comienza cada una de ellas, hasta completar las 12, con una de las siguientes fórmulas:

  • En 2021 quiero ser…
  • En 2021 quiero tener…
  • En 2021 quiero hacer…

¿No has llegado a las 12 frases? ¿Tienes frases de más? No importa. Elegimos el 12 por el valor simbólico que tiene este número (los 12 meses del año, las 12 campanadas…). No obstante, puedes hacer este ejercicio siempre que tengas anotados entre 9 y 15 deseos.

Una vez que tengas escritas las frases, tienes que seleccionar la que tenga más valor para ti. Quizá ya te hayas dado cuenta, al escribirlas, de cuál de esas intenciones es más importante. Si no, no te preocupes: hay una fórmula para encontrarla. Veamos cuál:

  • Lee en voz alta la primera y la segunda frase de tu listado. ¿Cuál te suena mejor? ¿Cuál de las dos es más importante para ti? Subraya o recuadra la que te resulte más valiosa y tacha la otra.
  • Lee en voz alta la tercera frase del listado y la frase que hayas escogido en la criba anterior. ¿Cuál prefieres? Si te gusta más la frase escogida previamente, tacha la tercera frase. Si, por el contrario, te resuena más la tercera frase, recuádrala y tacha la frase que seleccionaste en el paso anterior.
  • Lee en voz alta la cuarta frase del listado y la frase ganadora en la selección anterior. Escoge una de ellas …
  • … Y así hasta llegar a la última frase del listado.

Completado el proceso, tendrás un único deseo o intención que usar como propósito para el nuevo año. Quizá no sea realista, quizá sea demasiado ambicioso, quizá sea muy abstracto… Por eso, queda un último movimiento por hacer: hay que perfilarlo. ¿Cómo? De momento, planteándote dos preguntas:

  • ¿Qué me va a aportar ese propósito? (Buscar un significado, un sentido o un beneficio a ese propósito en cuestión).
  • ¿Qué primer paso puedo dar para moverme en esa dirección? (Buscar acciones concretas que te permitan materializar ese propósito).

Puede que tu propósito sea, en sí mismo, un objetivo por el que luchar. O puede que, más que un objetivo, tengas solo una idea de hacia dónde moverte para salir de la parálisis y el desconcierto y encontrar, más adelante, un camino que de verdad te llene. En ambos casos, tener un propósito (de acción o movimiento) te ayudará a vivir con más coherencia, entusiasmo, fortaleza, efectividad y satisfacción.

Sea cual sea tu propósito, ¡feliz 2021!


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS

El análisis de la parálisis

Probablemente habrás escuchado alguna vez la expresión parálisis por análisis, un concepto que se suele emplear para aludir a esas situaciones de bloqueo que se producen por la acumulación y reiteración de pensamientos sobre un determinado asunto, proyecto o decisión a adoptar. En estos casos, el exceso de información –infoxicación– y la reflexión obsesiva sobre el tema en cuestión llevan al cerebro a un colapso que impide cualquier movimiento o acción lastrando así nuestra confianza y nuestra motivación.

La parálisis por análisis es más frecuente en aquellas personas que, como yo, funcionamos en un plano mental e intelectual a la hora de entender e interactuar con el mundo que nos rodea. No obstante, es un fenómeno que le puede pasar a cualquiera, incluso a personas más emocionales o viscerales: basta con dar rienda suelta al perfeccionismo y la autoexigencia.

¿Te identificas con esto de lo que estoy hablando?

Se dice que la parálisis por análisis es una forma activa de procrastinación: nos entretenemos en dar vueltas y vueltas a las cosas retrasando indefinidamente la elección, decisión o puesta en marcha del proyecto que queremos emprender. En un primer momento, puede parecer que estamos activos buscando información adicional o complementaria al excedente de información que ya tenemos, y en eso justificaremos nuestro retraso a la hora de actuar. Sin embargo, pronto nos descubriremos atrapados en el círculo de insatisfacción y frustración del miedo al fracaso.

Aquí van unos consejos para afrontar (y evitar) la parálisis por análisis:

1) Contacta con tus valores propios, esos que te definen como persona y orientan tu camino. Recuerda cuál es el para qué de la decisión o proyecto sobre el que tienes que actuar.

2) Reduce el volumen de información que, de forma consciente o inconsciente, hayas ido recopilando: quédate con lo relevante y elimina (o aparta, de momento) lo accesorio. Practica lo que se denomina la ignorancia selectiva: omite todos los detalles que entorpezcan o disfracen las variables principales de la ecuación.

3) A continuación, escoge una opción que te parezca satisfaciente, es decir satisfactoria y suficiente (en inglés, satisficing). No se trata de buscar la solución perfecta, sino una solución práctica y razonable que nos permita salir del bloqueo y pasar de pantalla. Ya habrá tiempo más adelante para moldear esta solución y, en su caso, rectificarla.

4) Ponte en acción. ¿Cuál es el siguiente paso que vas a dar?

Como es lógico, pueden aparecer dificultades en el proceso aquí descrito, sobre todo en lo que se refiere a la identificación de los valores y de la esencia del proyecto o decisión que queremos tomar. En este caso, siempre tienes la opción de buscar personas de tu círculo de confianza que te puedan aconsejar o acudir a un coach profesional.

¿Parálisis o acción? No olvides que el mejor aprendizaje es el que incluye prueba y error.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING, PNL

Un círculo de potencial

¿Te imaginas poder acceder, de forma fácil y rápida, a las sensaciones de seguridad, confianza, fortaleza, tranquilidad o bienestar que necesitas para afrontar los desafíos que se te van presentando a lo largo de tu vida? Quien más, quien menos, todos hemos dejado pasar oportunidades o nos hemos dejado atrapar en círculos viciosos por no haber sabido movilizar esas sensaciones, dejando prevalecer el miedo o las limitaciones y deméritos que creemos tener. Pero hay una buena noticia: es posible entrenar un estado de plenitud de recursos en el que encontrar, al instante, esas sensaciones con las que habitualmente nos cuesta conectar.

El estado de plenitud de recursos es, según la Programación Neurolingüística (PNL), el estado emocional en el que integramos las experiencias en las que nos hemos sentido llenos, felices o, al menos, satisfechos con nosotros mismos con vistas a su recuperación posterior en momentos en los que nos sentimos faltos de motivación o energía para hacer frente a determinados retos o circunstancias.

Pero… ¿qué es la PNL?

La Programación Neurolingüística, de la que ya he hablado alguna vez en este blog, es una técnica creada por John Grinder y Richard Bandler en los años setenta del siglo pasado a partir de la observación y el estudio de patrones de comportamiento de personas que obtenían destacados resultados en sus respectivos ámbitos de actuación. Desde ahí, la PNL ha dado lugar a todo un conjunto de modelos, habilidades y técnicas para pensar y actuar de forma efectiva en el mundo (definición de Joseph O’Connor y John Seymour).

Entre esas técnicas está el círculo de la excelencia, que es la puerta de entrada a ese estado de plenitud de recursos. ¿Cómo se crea ese círculo? Te lo explico en 5 pasos:

1) Busca un lugar tranquilo, sin distracciones, en el que recordar un momento de tu vida en el que te hayas sentido pleno y satisfecho. Respira profundamente. Ahora, concéntrate en ese recuerdo y tráelo al presente, aquí y ahora, para recuperar, actualizar e integrar esa experiencia. No te fijes solo en el logro o la situación en sí, sino también –y especialmente– en todos los detalles que acompañan al recuerdo. ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué sientes? Déjate impregnar por todos esos detalles.

2) Una vez evocado el recuerdo e identificado sus detalles, imagina que tienes ante ti un círculo dibujado en el suelo. Recréate en la visualización de ese círculo, definiendo todas sus características (tamaño, color, textura, temperatura, etc.). ¿Lo tienes?

3) Vuelve a esa experiencia de excelencia que has evocado antes. Profundiza en ella afianzando al máximo sus detalles. A continuación, piensa en un código o clave con el que recuperar esa sensación cuando la necesites. Este código –que funciona como anclaje o vínculo– puede ser una palabra, una imagen mental o un gesto corporal (por ejemplo, dibujarte con el dedo un pequeño círculo detrás de la oreja). En cuanto tengas el código, da un paso al frente y adéntrate en tu círculo de experiencia. Aunque se puede hacer en modo visualización, movilizar la fisiología para entrar en el círculo ayuda a imprimir sensaciones en la llamada sabiduría corporal. Dentro del círculo, expande y amplifica tu experiencia.

4) ¿Y ahora? Cambia de tercio y sigue con tus actividades cotidianas: siempre hay cosas por hacer.

5) Cuando vuelvas a hacer una pausa en tus quehaceres, o dispongas de tiempo libre, activa tu círculo con la clave o el código que elegiste. ¿Recuperas las sensaciones que pretendías obtener? Para verificarlo, puedes probar a traer al presente alguna situación futura en la que puedas necesitar ese estado de plenitud de recursos. ¿Cómo cambia esa situación futura si tienes tu estado de excelencia plenamente disponible?

Ojalá hayas alcanzado esa plenitud de recursos. Desde ahora, cuando la necesites, solo tendrás que activarla y, gracias a este trabajo de integración y vinculación que has realizado, encontrarás con mayor facilidad las sensaciones que buscas.

¿Ha funcionado?

Es probable que el círculo no alcance su máxima eficacia a la primera. Las sensaciones obtenidas pueden ser débiles y será necesario reforzarlas repitiendo de nuevo los pasos que he descrito (bien en solitario o, en situaciones de estancamiento, buscando acompañamiento profesional). Y, aunque funcione, conviene cultivar este círculo de excelencia como si fuera una planta que necesita cuidados no solo para crecer, sino también para mantenerse viva. Entrenar y actualizar: esas son las claves para llegar a la plenitud de recursos que se esconde en tu potencial.


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, GESTALT

Esto es Gestalt, amigos

En algunas entradas de este blog he hecho alguna mención a la Terapia Gestalt, una corriente englobada en la llamada Psicología Humanista que propone una visión global del individuo en todas sus dimensiones sensoriales, emocionales, afectivas, intelectuales, sociales e incluso espirituales. Este enfoque fue impulsado por Fritz Perls en los años cuarenta del siglo pasado y tuvo su primera expresión teórica en el libro Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana, publicado en 1951. Entre sus influencias se encuentran el Psicoanálisis, la filosofía oriental, la Fenomenología, el Existencialismo o la Psicología de la Forma, de la que tomó el nombre de gestalt. No obstante, a pesar de esta multiplicidad de influencias, el enfoque gestáltico ha sabido demostrar que el todo es más que la suma de sus partes.

La Terapia Gestalt considera que el individuo no vive aislado, sino que establece una constante interrelación con el ambiente que le rodea para satisfacer sus necesidades. Estas necesidades se van alternando en base a un principio de autorregulación: el organismo sabe lo que necesita para mantener su equilibrio. Así, en cada momento, se crea una gestalt o configuración en la que la necesidad más apremiante se convierte en figura destacada sobre un fondo de necesidades al que volverá una vez que haya sido satisfecha. La relación con el ambiente se da a través de un permanente ciclo de contacto y retirada: el organismo identifica la necesidad emergente, se moviliza, acude al ambiente para satisfacerla y, finalmente, vuelve a un estado de reposo para esperar la aparición de una nueva necesidad.

No obstante, no siempre es posible completar este ciclo. En el camino pueden aparecer una serie de fenómenos, llamados mecanismos de defensa o interrupciones, que impiden que el organismo tome conciencia de sus necesidades, active su energía para satisfacerlas y salga al ambiente para tomar de él lo que necesita. Estos mecanismos se dan en distintas formas: como normas o valores que hemos integrado, sin cuestionarlos, en nuestro sistema de creencias (introyección), como etiquetas que colocamos sobre los demás, sin darnos cuenta de que también dicen mucho de nosotros (proyección), como energía que volcamos contra nosotros mismos para evitar enfrentarnos con el ambiente (retroflexión), o como confusión con el medio que nos rodea, donde, convertidos en seres indiferenciados del resto, nuestra personalidad se desdibuja (confluencia).

Uno de los conceptos básicos de la Terapia Gestalt es el darse cuenta. El enfoque gestáltico anima a tomar conciencia tanto de las necesidades que se van sucediendo en el organismo como de los mecanismos que impiden su satisfacción. Enfrentando las interrupciones, el individuo puede cerrar las gestalts que quedaron inconclusas y restaurar el correcto funcionamiento del sistema de autorregulación. No importa tanto averiguar el porqué: la búsqueda de causas solo conduce a una sucesión interminable de explicaciones, racionalizaciones y justificaciones. Lo que en realidad importa es cómo interrumpimos el ciclo y para qué lo hacemos. Detrás de cada comportamiento no ajustado debidamente a una necesidad concreta suele haber siempre una evitación.

Y el darse cuenta solo puede ocurrir en el momento presente, en el aquí y el ahora. El pasado ya se fue y el futuro aún no ha llegado: solo es posible vivir lo que ocurre o, en todo caso, actualizar recuerdos o anticipar escenas temidas convirtiéndolos en vivencias del presente. Efectivamente, la Gestalt es un enfoque vivencial: descubrimos atravesando nuevas experiencias. Solo en la experimentación podemos definir nuestras necesidades olvidadas, percatarnos de la forma en que nos manipulamos o interferimos sobre el ambiente en contra de nuestro propio equilibrio y, finalmente, integrar en nuestra personalidad total aquellas partes de nosotros que, en algún momento, dejamos enajenadas. Por ejemplo, nuestras contradicciones, un concepto al que la Gestalt se refiere como polaridades.

Para mí, que me he sumergido durante varios años en este enfoque, la Gestalt es mucho más que una terapia: es una filosofía de vida, compatible con otras disciplinas (entre ellas, el Coaching), que, además de conciencia y presencia, implica también responsabilidad (entendida como libertad de ser) y que, desde ahí, conduce al individuo hacia su autoapoyo. El autoconcepto, la imagen que tenemos de nosotros mismos, no dice, en realidad, nada de lo que somos, no es más que una construcción artificial sujeta a modas y expectativas. Lo verdaderamente importante es todo el potencial que podemos desplegar tanto en el conocimiento de nosotros mismos como en la relación que queremos mantener con el mundo. En definitiva, se trata de aceptarnos tal cual somos. ¿Te apuntas?


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AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING, RECOPILACIONES

Una caja de herramientas

La Asociación Española de Coaching (ASESCO), de la que formo parte, define el coaching profesional como un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial mediante un gran conjunto de herramientas que ayudan a cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde se desea estar. Este conjunto de herramientas permite al cliente, acompañado por su coach, plantearse objetivos y metas vitales, obtener una fotografía más concreta de la realidad en la que vive, imaginar y valorar nuevas opciones y posibilidades a implementar y desarrollar planes de acción que le permitan alcanzar su máximo potencial en un ámbito determinado (personal, relacional, laboral…).

Dentro de esas herramientas tienen gran protagonismo las llamadas preguntas poderosas (no hay que olvidar que el coaching se define también como el arte de hacer preguntas). Las preguntas poderosas son aquellas que permiten al cliente ampliar su nivel de conciencia sobre el mundo exterior e interior para superar los límites que, ante una situación dada, le imponen sus propios pensamientos, emociones o vivencias. Si eres lector habitual, habrás observado que este blog está lleno de preguntas. ¡Rara es la entrada que no incluye alguna! Poderosas o no, espero que estas preguntas te hayan ayudado a reparar en aspectos de tu vida en los que no te habías fijado hasta ahora e incluso a empezar a valorar desde otra perspectiva determinadas situaciones o circunstancias.

Además de preguntas, la caja de herramientas del coaching incluye visualizaciones, metáforas, asociaciones… y también herramientas específicas ya mencionadas en el blog que ahora, en verano, con más tiempo libre a nuestra disposición, podemos revisar. Así pues, te invito a releer la entrada Parar para seguir girando, que incluye una completa descripción de La rueda de la vida, una de las herramientas más utilizadas tanto en coaching como en otras disciplinas orientadas al crecimiento personal. Esta herramienta nos permite tener una visión gráfica (en forma de rueda de bicicleta, con sus correspondientes radios) de los aspectos más importantes de nuestra vida y del grado de satisfacción o equilibrio que damos a cada uno de ellos. ¿Tienes un rato libre? Coge papel y lápiz… ¡y a por ello!

El coaching dispone también de herramientas concretas para la gestión del tiempo y de prioridades: en El tiempo que se escapa encontrarás consejos para elaborar un registro del tiempo que ocupan tus actividades cotidianas (trabajo, estudio, descanso, tiempo libre) e imaginar otra posible distribución de horarios centrando la atención en tus deseos y necesidades, y en De lo urgente y lo importante hallarás pistas para organizar el trabajo y priorizar tareas siguiendo la llamada matriz de Covey o matriz de Eisenhower. ¿Es realmente tan urgente o tan importante todo lo que tienes que hacer cada día? En vacaciones, distanciados de la rutina, podemos valorar más objetivamente tanto el uso que hacemos del tiempo durante el curso como nuestra escala de prioridades.

También hay, por citar otro ejemplo mencionado en este blog, herramientas que facilitan la toma de decisiones, como el modelo de la encrucijada del que hablaba en la entrada Un cruce, distintos caminos. Este modelo nos atrapa en una rotonda con seis salidas posibles, todas ellas con nombres pintorescos: el camino que hace señas, el camino de los sueños, el camino que parece más sensato, el camino no recorrido, el camino ya recorrido, el camino de vuelta… Quizá estos días de descanso sean un buen momento para sacar el mapa, ver adónde te lleva cada uno de esos caminos y seleccionar las herramientas que necesitarás para llegar, con éxito, a la dirección escogida.


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AUTOPÍAS, HERRAMIENTAS DE COACHING

Preguntas de fin de curso

Entramos en la última semana de junio: el curso académico ha llegado a su fin. ¿Qué hay de las metas que nos propusimos el pasado mes de septiembre? ¿Cómo van los objetivos que definimos en diciembre o enero coincidiendo con el cambio de año? Es el momento de hacer balance de nuestros propósitos vitales. Los escolares, de hecho, ya han recibido sus calificaciones. Te propongo, a continuación, una serie de preguntas que puedes utilizar como guía para elaborar tu propio boletín de notas.

¿Recuerdas qué objetivos te habías propuesto? ¿Cuáles eran tus propósitos? En todos los textos sobre planificación de metas y objetivos se recomienda ponerlos por escrito para hacerlos concretos y tangibles. ¿Lo hiciste así? Te invito a buscar esa libreta (analógica o digital) o esa hoja de papel donde los anotaste. Si no los escribiste, intenta recordarlos. ¿Qué te movía allá por septiembre o diciembre? ¿Qué es lo que querías ser, hacer o tener? ¿Ya lo tienes? Rememora tus motivaciones. ¿Cuáles eran tus expectativas? ¿Cómo te sentías al pensar y al definir tus metas? ¿En qué circunstancias te encontrabas? ¿Qué plazos te diste para cumplir tus objetivos?

De vuelta al presente, céntrate ahora en la situación y el grado de cumplimiento de cada una de las metas que te hayas propuesto. Intenta ser justo contigo mismo, controla tu autoexigencia. ¿Qué logros, por pequeños que sean, has conseguido? ¿Has cumplido los plazos? ¿Qué dificultades has encontrado? Quizá en algún momento hayas flaqueado y te hayas alejado de tus objetivos, quizá hayas cometido errores, quizá creas haber dejado pasar oportunidades… ¿Qué has aprendido en el proceso? ¿De qué has tomado conciencia? ¿Qué has descubierto de ti mismo? ¿Se han producido cambios en tu relación con el mundo? ¿Y en tu autoconcepto?

Llegados a este punto, es el momento de enfrentar las expectativas que tenías con lo que realmente has conseguido. ¿Estás satisfecho? ¿Tienes algo que agradecer? ¿Qué es lo mejor que te ha pasado al intentar alcanzar cada uno de los objetivos que te habías propuesto? ¿Has superado tus límites? ¿Qué asignaturas pendientes te quedan? Si has cumplido tus metas, ¿cómo vas a celebrarlo? Si no lo has hecho aún, ¿qué pasos vas a dar para conseguirlo? ¿Con qué opciones cuentas? ¿Puedes permitirte redefinir las metas y los plazos previstos? ¿Pasaría algo si lo hicieras?

Si las metas estaban bien definidas (es decir, si te has planteado objetivos específicos, medibles, realistas, retadores, ecológicos, limitados en el tiempo y orientados a resultados), las preguntas formuladas anteriormente pueden ser variables objetivas con las que determinar una calificación. No obstante, la nota final no importa demasiado: la vida es una evaluación continua en la que todo suma, incluso aquello que no parece salirnos bien. Lo importante es asumir nuestras fortalezas, aceptar y trabajar nuestras debilidades y seguir luchando por aquello que queremos y necesitamos. O intentar descubrirlo, que no es poco. ¡Feliz verano!


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AUTOPÍAS, METÁFORAS, REFLEXIONES

Volverse océano

En la vida nos encontramos momentos en los que, según el lenguaje de los videojuegos, toca pasar de pantalla. A veces, esos momentos llegan de forma inesperada y no queda otra opción que adaptarse, a la mayor rapidez posible, a las características del siguiente nivel del juego. Otras veces, sin embargo, somos nosotros mismos quienes retrasamos la llegada de esos momentos: preferimos seguir viviendo en los parámetros que conocemos, dentro de las rutinas habituales, pese al desgaste que nos produce la repetición sistemática de obligaciones, responsabilidades, compromisos, comportamientos, hábitos o tareas que ya no nos satisfacen. En estas situaciones, nuestra vida entra en modo bucle… y nos sentimos estancados.

Días atrás, mientras daba vueltas en la cabeza al concepto pasar de pantalla, me encontré con esta historia del escritor libanés Khalil Gibran (1883-1931): Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo: mira para atrás, para ver su recorrido, para ver las cumbres y las montañas, para ver el largo y sinuoso camino que abrió entre selvas y poblados; y ve frente a sí un océano tan extenso que entrar en él solo puede ser desaparecer para siempre. Pero no hay otra manera: el río no puede volver, nadie puede volver, volver atrás es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar en el océano. Al entrar, el miedo desaparecerá, porque en ese momento sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino de volverse océano.

En esta metáfora, el río representa lo que hemos vivido. El océano, por su parte, simboliza todo el potencial que aún no hemos desplegado. El río se siente seguro en su cauce, protegido por sus márgenes, de la misma manera que nosotros nos sentimos seguros en nuestra zona de confort, donde intentamos vivir sin riesgos. Sin embargo, como nos ocurre a nosotros, el río olvida que su cauce no tuvo siempre las características actuales: las fuentes de las que brotó, junto a las aportaciones del deshielo de las cumbres, esculpieron los primeros kilómetros de su recorrido; las condiciones meteorológicas alternaron crecidas y sequías que condicionaron su curso. Los accidentes geográficos que atraviesa a su paso son los avatares que, con mayor o menor conciencia, hemos ido sorteando e incorporando a nuestra existencia. El cauce del río nunca fue tan idílico como, en nuestra aparente comodidad actual, queremos creer ahora.

Pasar de pantalla en esos momentos en los que necesitamos un cambio no implica poner un punto y aparte en nuestro relato vital, sino un punto y seguido. Como hace el río según se acerca a su desembocadura, toca ensanchar nuestro espacio para formar un delta con el que ir desplazando los límites que nos encorsetan. De esta manera, el cauce que hemos dibujado se irá abriendo hacia un horizonte infinito lleno de posibilidades en el que desarrollar talentos o capacidades dormidos, aún sin descubrir, o anestesiados voluntariamente por nosotros mismos. Cuanta mayor sea la apertura, más facilidad tendremos para fundirnos en el océano, ese lugar en el que pululan todos los recursos que necesitamos para desplegar, de forma fluida y armónica, todas las características de nuestro ser. Recuerda: No se trata de desaparecer en él, sino de volverse océano. ¿Nos arriesgamos?


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS, LECTURAS

Imponerse o fluir

Es difícil ponerse retos. A veces, el entusiasmo o el interés por conseguir algo nos hace autoengañarnos y pensar que somos más fuertes de lo que realmente somos. Olvidamos nuestras rutinas y nos convencemos de que podemos dedicar todo nuestro tiempo libre a lograr aquello que anhelamos sin tener en cuenta el desgaste que nos supone –y arrastramos– de nuestras tareas cotidianas. Por ejemplo, si ese reto está relacionado con ampliar nuestros estudios a la vez que trabajamos, no podemos obviar que nuestra capacidad de concentración variará a lo largo del día y, por tanto, el tiempo no nos cundirá como habíamos previsto. Si el reto persigue mejorar nuestra forma física, quizá el horario que tenemos disponible no sea el adecuado. Los retos demasiado complicados conducen al agotamiento.

Otras veces, por el contrario, nos ponemos retos demasiado fáciles o sencillos. Es decir, planificamos metas que sabemos que podemos alcanzar o cumplir con creces porque no nos van a suponer apenas esfuerzo. ¡Apenas nos vamos a enterar de que los estamos haciendo! Estos retos están bien para introducir cambios sutiles y experimentar sus efectos en nuestras rutinas cotidianas. No obstante, son retos que tienden a caer, demasiado pronto, en abandono: el hecho de que no tengamos que esforzarnos hace decaer nuestra motivación (siempre conviene introducir un plus de exigencia controlada en todo reto a emprender). Y la falta de motivación conduce al desinterés.

Si queremos evitar el agotamiento o el desinterés, conviene afrontar los retos desde un estado de flujo. Este concepto, acuñado por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, se define como un estado subjetivo que las personas experimentan cuando están completamente involucradas en algo hasta el extremo de olvidarse del tiempo, la fatiga y de todo lo demás, excepto la actividad en sí misma. En este estado de fluidez, los individuos enfocan su energía, implicándose totalmente con la tarea que están desempeñando, y alcanzan un alto nivel de satisfacción. Se produce, por tanto, una sensación de completa absorción en lo que estamos llevando a cabo (perdemos la noción del tiempo, entramos en un estado de conciencia casi automático).

Para llegar a este estado de flujo se requieren una serie de condiciones previas. En primer lugar, debemos centrarnos en una actividad de nuestra elección que estimule nuestra motivación o curiosidad. Además, esta actividad debe incluir objetivos específicos y realizables (los llamados “objetivos inteligentes” ya definidos en entradas anteriores) acordes con nuestras capacidades y habilidades. Por otro lado, conviene identificar los momentos del día en los que será más fácil mantener la atención en dicha actividad, sin distracciones: busca un entorno adecuado para ello. Finalmente, se aconseja centrarse más en el proceso, disfrutando de la actividad que estamos realizando, que en los resultados que podamos obtener.

Según Csikszentmihalyi, el estado de flujo –en definitiva, dejarse fluir– es la clave de la felicidad. ¿Cómo te sentiste con tus retos anteriores? ¿Alcanzaste este estado de flujo? Recuerda cuál era tu grado de motivación. ¿Prevalecía el disfrute o la obligación? Revisa si se daban las circunstancias adecuadas (en cuanto a espacio de trabajo y nivel de concentración) para alcanzar el máximo nivel de fluidez. ¿Qué puedes cambiar para la próxima vez? Verifica si tus objetivos eran inteligentes y si se adecuaban a tus conocimientos y aptitudes. ¿Crees que tus objetivos estaban bien formulados? ¿Tal vez necesites objetivos más concretos? Si quieres descubrirlo, solo déjate fluir.


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