AUTOPÍAS, CONCEPTOS, REFLEXIONES

De la distopía a la autopía

En los últimos años, con la popularización de las plataformas digitales audiovisuales, se han estrenado series o películas que han hecho de la distopía un género en sí mismo. Así, son muchas las producciones que nos presentan un futuro hostil y desagradable en el que se diluyen o pervierten –por exceso o por defecto– los estándares sociales, éticos, políticos, económicos, científicos o tecnológicos con los que nos desenvolvemos, en mayor o menor medida, en las sociedades contemporáneas. El diccionario, en concreto, define la distopía como la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

Se dice que la realidad siempre supera a la ficción, y eso parece estar ocurriendo con el coronavirus: la rápida propagación del COVID-19 por todo el mundo, así como el crecimiento exponencial en el número de afectados, han convertido en meras anécdotas algunas de esas distopías de ficción y nos han traído, de golpe, un presente que no imaginábamos. La realidad que vivimos nos muestra un sistema sanitario trabajando al límite de sus esfuerzos, enfermos aislados en hospitales o en sus propios domicilios y medidas de protección de la salud colectiva que restringen, por el bien de todos, nuestros movimientos individuales y que, a su vez, tienen repercusiones psicológicas, sociales, laborales o económicas.

En el lado opuesto de la distopía está la utopía, es decir, la representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano. Se entiende por utopía, también, cualquier plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización. Efectivamente, no parece factible, a día de hoy, que podamos construir un futuro libre de enfermedades, pandemias, guerras, terrorismo o catástrofes naturales. No obstante, sí podemos trabajar –lo estamos haciendo, como se ve en todos los gestos voluntarios y espontáneos que han surgido durante esta crisis– para sentar las bases de una sociedad más fortalecida, dotada de los recursos y protocolos necesarios para responder (asumiendo que todo sistema tiene imperfecciones) a las eventualidades que puedan surgir.

La construcción de ese futuro favorecedor y colectivo que imaginamos no será posible sin la implicación individual de cada uno de nosotros. Y, para que esa implicación sea auténtica, debemos transitar previamente por nuestra autopía en busca de ese espacio propio ideal, pero alcanzable, en el que ser uno mismo; ese espacio personal en el que residen los valores, las creencias y las habilidades personales y sociales que, de forma más consciente o inconsciente –“Lo esencial es invisible para los ojos”, repitió El Principito para acordarse– nos acompañan tanto en nuestra vida cotidiana como en situaciones tan excepcionales como las que estamos viviendo actualmente. Ese es el reto: encontrar nuestra genuina forma de ser para, desde ahí, manifestar nuestra forma de estar en el mundo.


COACHING PROFESIONAL SOLIDARIO: Os recuerdo que durante la vigencia del estado de alarma decretado por el Gobierno de España ofreceré servicios individuales de coaching gratuitos por videollamada o videoconferencia. Las sesiones se realizarán en horario de mañana o tarde (a convenir) y tendrán una duración de 45 minutos, con un máximo de tres sesiones por persona. La solicitud de cita se realizará a través del correo electrónico info@autopiascoaching.com o del formulario de contacto de mi página web indicando nombre y apellidos, edad, profesión, teléfono, preferencia de horario (mañana o tarde) y preguntas o inquietudes que te llevan a solicitar la sesión. Las sesiones se adjudicarán por orden de solicitud, teniendo en cuenta que, por razones de agenda, solo podré realizar un máximo de cuatro sesiones diarias. ¡Ánimo y fuerza!


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AUTOPÍAS, CONCEPTOS

Viaje al interior de la pirámide

Buena parte de las entradas publicadas en este blog se refieren –directa o indirectamente, consciente o inconscientemente– a la importancia de contactar con nuestras propias necesidades. Cada necesidad pone de manifiesto una carencia (una figura que requiere ser completada) y orienta al individuo –mediante un impulso o movimiento– hacia su satisfacción. De esta manera, las necesidades son la base de nuestro sustento y evolución. Algunas pueden satisfacerse fácilmente: si tenemos sed, basta con ir a la cocina a beber un vaso de agua. La satisfacción de otras necesidades, en cambio, resulta más compleja. En estos casos, las necesidades acaban convirtiéndose en deseos o anhelos que, si no se enfocan adecuadamente, hunden al individuo en una sensación de insatisfacción permanente.

El psicólogo Abraham Harold Maslow (1908-1970) es el autor de una de las clasificaciones más conocidas de las necesidades humanas. Su enfoque, conocido como la pirámide de Maslow, defiende una concepción jerarquizada de las necesidades, desde las exigencias biológicas básicas hasta la autorrealización, en la que es necesario satisfacer las necesidades de nivel inferior para poder acceder a las necesidades, de mayor valor, de los niveles superiores. El trabajo de Maslow no es solo una enumeración de las necesidades humanas, sino también una reflexión sobre la línea de desarrollo del ser humano.

Maslow sitúa, en la base de la pirámide, las necesidades primarias o biológicas (alimento, bebida, vestido, vivienda). Sobre ellas se encuentran las necesidades de seguridad (la necesidad de sentirnos seguros en el entorno que nos rodea y ante el futuro que nos espera), que obtenemos mediante sistemas y vínculos de protección y cuidado. A continuación se sitúan las necesidades de pertenencia, grupo en el que se incluyen el afecto, la amistad o el amor. El siguiente nivel lo ocupan las necesidades de autoestima (el prestigio, el reconocimiento y la capacidad de valerse por uno mismo). Finalmente, ya en la cúspide de la pirámide, se hallan las necesidades de autorrealización o trascendencia (el desarrollo pleno de las capacidades propias de cada individuo).

Este modelo es el que se ha tomado como referencia en la sociedad occidental contemporánea. No obstante, los conceptos de seguridad, pertenencia, autoestima y autorrealización se han ido resignificando en cada época de acuerdo a presiones sociales, grupales o familiares, a los intereses de la publicidad o a la evolución de las modas. El camino hacia la autorrealización pasa, según parece, por una serie concreta de exigencias. Los mensajes –pautas– externos acaban por confundir al individuo, que diluye sus necesidades de acuerdo a lo que, en teoría, se espera de él. Prevalecen, por tanto, las necesidades de otros (la familia, el grupo social de referencia, el sistema).

Propongo mirar más allá de los bloques externos que dan forma a la pirámide de Maslow. Imagina que su interior alberga distintas cámaras o dependencias, como ocurría en las pirámides del Antiguo Egipto. Piensa, incluso, en la posible existencia de compartimentos secretos. Es ahí, mirando al interior, donde podrás contactar con tus necesidades más auténticas, aquellas que son realmente tuyas. Dedícate tiempo para embarcarte en esta expedición al interior de la pirámide: mira qué se está moviendo dentro de ti, averigua qué te quiere decir tu sabio interior. Conocer tus necesidades te ayudará a establecer tu propia jerarquía: puede haber grandes necesidades que requieran, como paso previo, la satisfacción de otras necesidades más pequeñas. Contactar con las propias necesidades es ya, en sí mismo, una forma de autorrealización.


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AUTOPÍAS, REFLEXIONES

Crónica de 15 meses

Utopia3

Se define la utopía, el no lugar, como plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización. Con el paso del tiempo, se ha extendido el uso de utopía como sinónimo de perfección u objetivo inalcanzable. Quizá pueda ser así –a priori– si hablamos de sistemas sociales o políticos, pero no estoy de acuerdo en la traslación de ese escepticismo hacia lo individual. Todos tenemos un margen de actuación mucho más amplio de lo que creemos. Todos podemos vivir, si queremos y nos dejamos, experiencias transformadoras. Al final, todo cambio consiste en pasar de un lugar conocido a un no lugar desde el que, a la vez, construir un lugar propio. En este lugar, siempre en construcción, están mis autopías.

En mi caso, el no lugar se produjo al cerrar una etapa profesional de más de una década en el sector de los medios de comunicación. No fue fácil hacerlo. Por un lado, era una dedicación vocacional (desde niño quise trabajar en medios de comunicación, aunque los puestos, condiciones y responsabilidades encomendadas durante mi actividad profesional no fueron siempre los que había soñado). Por otro lado, dejaba allí gente muy valiosa con la que había trabajado durante años. Pero había señales y estímulos –tal vez energías– que indicaban que era el momento de dar el salto y luchar por una nueva vocación que emergía con fuerza: acompañar y asistir procesos de cambio a través del Coaching.

Desde que eso ocurriera, hace ya 15 meses, he recorrido un camino con varios hitos. El primero de ellos, en enero de este año que ahora termina, con la creación del blog Autopías. Había intentado crear blogs con anterioridad, pero nunca con la constancia necesaria para mantenerlos vivos en el tiempo. Con Autopías llevo ya 48 lunes hablando de emociones, procesos cognitivos, mecanismos de defensa, comportamientos, habilidades sociales, estrategias… Algunas entradas son más teóricas, otras más vivenciales, pero todas tienen como objetivo estimularte, reconfortarte o, al menos, hacerte pensar, que no es poco. Aprovecho aquí para dar las gracias a todos los lectores que me alentáis a seguir escribiendo y que me hacéis partícipe de lo que os resuena al leer mis textos.

El siguiente hito en la construcción de mi propio lugar tuvo lugar en mayo con la apertura de los perfiles de Autopías en Facebook, Twitter e Instagram. Además de enlazar cada semana la entrada al blog, allí publico diariamente una fotofrase con la que intento, en medio de la fugacidad con la que se suceden las actualizaciones en redes sociales, despertar la conciencia y los sentidos de mis seguidores. Hasta el momento he publicado 197 de estas fotofrases. A ellas hay que sumar la treintena de fotografías que subí durante el mes de agosto, aprovechando las vacaciones, con el objetivo de incentivar la imaginación de mis espectadores. Gracias a todos los que mostráis interés con vuestros likes.

Y así llegamos al último hito de este recorrido: con lo aprendido en mi proceso de cambio, una vez reconocido con la Certificación Internacional de Experto en Coaching – Nivel Oro, me toca abrir (y abrirme) un nuevo camino. Desde hoy, lo que empezó siendo el blog Autopías se convierte en la web Autopías Coaching. Aquí, además de mis entradas, podrás encontrar información sobre mis procesos de Coaching. Todo ello con una imagen que mantiene la esencia inicial de Autopías y con la voluntad de seguir creciendo, al ritmo que lo voy haciendo yo, en los próximos meses. Gracias a todos, desde familiares y amigos hasta compañeros de formación, por animarme a vivir esta aventura. Sigamos caminando, sigamos construyendo autopías.


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