AUTOPÍAS, CONCEPTOS, HERRAMIENTAS DE COACHING, PNL

Un círculo de potencial

¿Te imaginas poder acceder, de forma fácil y rápida, a las sensaciones de seguridad, confianza, fortaleza, tranquilidad o bienestar que necesitas para afrontar los desafíos que se te van presentando a lo largo de tu vida? Quien más, quien menos, todos hemos dejado pasar oportunidades o nos hemos dejado atrapar en círculos viciosos por no haber sabido movilizar esas sensaciones, dejando prevalecer el miedo o las limitaciones y deméritos que creemos tener. Pero hay una buena noticia: es posible entrenar un estado de plenitud de recursos en el que encontrar, al instante, esas sensaciones con las que habitualmente nos cuesta conectar.

El estado de plenitud de recursos es, según la Programación Neurolingüística (PNL), el estado emocional en el que integramos las experiencias en las que nos hemos sentido llenos, felices o, al menos, satisfechos con nosotros mismos con vistas a su recuperación posterior en momentos en los que nos sentimos faltos de motivación o energía para hacer frente a determinados retos o circunstancias.

Pero… ¿qué es la PNL?

La Programación Neurolingüística, de la que ya he hablado alguna vez en este blog, es una técnica creada por John Grinder y Richard Bandler en los años setenta del siglo pasado a partir de la observación y el estudio de patrones de comportamiento de personas que obtenían destacados resultados en sus respectivos ámbitos de actuación. Desde ahí, la PNL ha dado lugar a todo un conjunto de modelos, habilidades y técnicas para pensar y actuar de forma efectiva en el mundo (definición de Joseph O’Connor y John Seymour).

Entre esas técnicas está el círculo de la excelencia, que es la puerta de entrada a ese estado de plenitud de recursos. ¿Cómo se crea ese círculo? Te lo explico en 5 pasos:

1) Busca un lugar tranquilo, sin distracciones, en el que recordar un momento de tu vida en el que te hayas sentido pleno y satisfecho. Respira profundamente. Ahora, concéntrate en ese recuerdo y tráelo al presente, aquí y ahora, para recuperar, actualizar e integrar esa experiencia. No te fijes solo en el logro o la situación en sí, sino también –y especialmente– en todos los detalles que acompañan al recuerdo. ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué sientes? Déjate impregnar por todos esos detalles.

2) Una vez evocado el recuerdo e identificado sus detalles, imagina que tienes ante ti un círculo dibujado en el suelo. Recréate en la visualización de ese círculo, definiendo todas sus características (tamaño, color, textura, temperatura, etc.). ¿Lo tienes?

3) Vuelve a esa experiencia de excelencia que has evocado antes. Profundiza en ella afianzando al máximo sus detalles. A continuación, piensa en un código o clave con el que recuperar esa sensación cuando la necesites. Este código –que funciona como anclaje o vínculo– puede ser una palabra, una imagen mental o un gesto corporal (por ejemplo, dibujarte con el dedo un pequeño círculo detrás de la oreja). En cuanto tengas el código, da un paso al frente y adéntrate en tu círculo de experiencia. Aunque se puede hacer en modo visualización, movilizar la fisiología para entrar en el círculo ayuda a imprimir sensaciones en la llamada sabiduría corporal. Dentro del círculo, expande y amplifica tu experiencia.

4) ¿Y ahora? Cambia de tercio y sigue con tus actividades cotidianas: siempre hay cosas por hacer.

5) Cuando vuelvas a hacer una pausa en tus quehaceres, o dispongas de tiempo libre, activa tu círculo con la clave o el código que elegiste. ¿Recuperas las sensaciones que pretendías obtener? Para verificarlo, puedes probar a traer al presente alguna situación futura en la que puedas necesitar ese estado de plenitud de recursos. ¿Cómo cambia esa situación futura si tienes tu estado de excelencia plenamente disponible?

Ojalá hayas alcanzado esa plenitud de recursos. Desde ahora, cuando la necesites, solo tendrás que activarla y, gracias a este trabajo de integración y vinculación que has realizado, encontrarás con mayor facilidad las sensaciones que buscas.

¿Ha funcionado?

Es probable que el círculo no alcance su máxima eficacia a la primera. Las sensaciones obtenidas pueden ser débiles y será necesario reforzarlas repitiendo de nuevo los pasos que he descrito (bien en solitario o, en situaciones de estancamiento, buscando acompañamiento profesional). Y, aunque funcione, conviene cultivar este círculo de excelencia como si fuera una planta que necesita cuidados no solo para crecer, sino también para mantenerse viva. Entrenar y actualizar: esas son las claves para llegar a la plenitud de recursos que se esconde en tu potencial.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en FacebookTwitter e Instagram.

Estándar
AUTOPÍAS, CONCEPTOS

Tejiendo confianza

En la anterior entrada del blog hablaba sobre la importancia de la autoconfianza o confianza en uno mismo, un concepto que definía como la seguridad, fuerza y convicción que sentimos, en nuestros recursos propios e inherentes, para lograr determinados objetivos y para superar los obstáculos que nos vamos encontrando a lo largo de nuestra vida. Efectivamente, la autoconfianza es uno de los pilares del crecimiento y del desarrollo personal. No obstante, no podemos olvidar que, como seres sociales, vivimos en relación, de modo que es también necesario –en todos los ámbitos de la vida– confiar en los demás y, a la vez, ser merecedores de la confianza de otros.

La confianza en los demás es fundamental para construir y mantener relaciones positivas que contribuyan a nuestro bienestar y a nuestra seguridad emocional. En general, la confianza suele surgir, de forma natural o automática, a partir de la afinidad o conexión que sentimos con otras personas a partir de intereses, valores o puntos de vista comunes. Pese a la naturalidad con la que se produce, se requiere un alineamiento previo entre las expectativas que hemos depositado en la otra persona y la percepción que tenemos de ella. A la vez, es necesario invertir en persistencia, continuidad y permanencia para consolidar el vínculo que refuerza la confianza (ya sea la entrega en la relación de pareja, el apoyo y el compañerismo en las relaciones laborales o la lealtad en las relaciones amistosas). Este esfuerzo debe ser mutuo en todas las partes implicadas en la relación.

La sinceridad es la mejor aliada para dar confianza a los demás o recibir la confianza de otros. No obstante, hay otros elementos sobre los que trabajar para demostrar que somos personas en las que se puede confiar. En este sentido, conviene recordar que la opinión que suscitamos en otros se forma a través de lo que hacemos, de lo que decimos, de la forma en que hablamos y nos comportamos y de la imagen que transmitimos. Por ello, es importante actuar con coherencia y congruencia en todos los ámbitos de la vida. No podremos ganarnos la confianza de los demás si no actuamos con honestidad, integridad y transparencia.

Se dice que la confianza es difícil de ganar, pero fácil de perder. Cuando perdemos la confianza en alguien (o alguien la pierde en nosotros) volvemos a la casilla de salida… y, muchas veces, sin apenas ganas de comenzar la partida de nuevo. Es decir, nos volvemos desconfiados y evitamos implicarnos en nuevas relaciones o proyectos ante la posibilidad (habla el miedo) a una nueva traición o desengaño. En estos casos conviene reivindicar nuestra autoconfianza (la confianza en nuestros propios recursos) y, desde allí, actuar con asertividad y empatía reflexionando sobre lo ocurrido, aceptando nuestras propias imperfecciones (y por extensión, las de los otros) y sanando las heridas que hayamos recibido o causado en la discrepancia o ruptura. Si confías en ti mismo, podrás confiar en los demás.


¿Quieres iniciar un proceso de coaching? Infórmate aquí.
¿Buscas más autopías? Sígueme en Facebook, Twitter e Instagram.

Estándar